[dropcap]“[/dropcap]Aprender a desaprender es dejar de hacer lo mismo de la misma manera. Es decir, encontrar o descubrir que sí existen otros caminos que permiten llegar al mismo lugar, dejando las limitaciones que comúnmente tenemos, por otras que no hemos experimentado”.
La semana pasada tuve la oportunidad, en el contexto de una breve cápsula de reflexión al inicio de una reunión de trabajo académico, de conocer el video “La bicicleta al revés” que los invito a ver con atención:
Como pueden apreciar, se trata de un ejemplo muy simple y hasta trivial, que pone en evidencia la fuerza con la que se nos impone lo que aprendimos de una cierta manera impidiéndonos experimentar y aprender nuevas cosas o emprender maneras innovadoras de hacer –y por extensión diría, también de pensar- que impliquen salir del modo en que siempre lo hacemos, de trabajar “como siempre nos ha funcionado”, de pensar y actuar en la forma en que nos dijeron nuestros padres o maestros que deberíamos pensar y actuar.
En efecto, un simple cambio en un artefacto como la bicicleta que desafía a andar bajo una lógica distinta nos hace fácilmente perder el equilibrio, nos hace sentir frustrado e inseguros por no poder hacer lo que ya dominamos y nos plantea la necesidad de romper con nuestros esquemas previos y volver a entrenar, una y otra vez por largo tiempo, hasta llegar a un nuevo dominio de las cosas.
El pensador francés Edgar Morin habla de que “poseemos las ideas que nos poseen”, es decir, que con mucha frecuencia aquéllas ideas que generamos y sobre las que deberíamos tener el control se vuelven contra nosotros y nos controlan, determinando la manera en que nos aproximamos a la realidad, la entendemos y nos comportamos en ella. Esta es la enorme fuerza que tienen las ideologías, los marcos mentales previos, el “imprinting cultural” que nos marca desde que nacemos y se refuerza en nuestra vida cotidiana en la familia, en la escuela y en la sociedad.
La bicicleta al revés plantea un aspecto pocas veces atendido en el proceso educativo tanto en la casa como en la escuela y la universidad: la necesidad de desaprender y la importancia que tiene que los niños y jóvenes además de aprender a conocer –que implica aprender a aprender-, aprender a hacer, aprender a ser y aprender a convivir como plantea la Comisión Delors en La Educación encierra un tesoro, aprendan a desaprender.
Este proceso de aprender a desaprender implica en primer lugar una apertura a lo nuevo, una actitud de curiosidad y flexibilidad para admitir que la realidad está en movimiento y que el mundo está continuamente desafiando nuestros modos de comprensión y actuación acostumbrados que pueden funcionar por un determinado tiempo y en unas circunstancias específicas pero dejar de ser eficaces en otro contexto y en una nueva situación temporal.
En segundo lugar, aprender a desaprender implica la capacidad de auto-cuestionamiento y autocorrección que son características indispensables de una persona con conciencia crítica. Para poder desaprender algo es necesario cuestionarnos continuamente nuestros conocimientos, aprendizajes y creencias y estar dispuestos a modificarlos, saliendo de nuestra zona de confort.
Otro elemento esencial en el aprender a desaprender está en la capacidad de enfrentar las inseguridades e incertidumbres que se generan cuando caemos en la cuenta, en el proceso de autocorrección, de que nuestros marcos previos, nuestros conocimientos y certezas, nuestras formas exitosas de hacer las cosas, resultan anacrónicas, ineficaces o aún indeseables en una nueva situación.
Además de lo anterior, para aprender a desaprender requerimos de una alta tolerancia a la frustración que nos causa ese aparente volver a partir de cero en la resolución de problemas que antes pensábamos que ya eran para nosotros muy fáciles de resolver y el inicio de un nuevo proceso en el que lo que sabíamos previamente no solamente no nos proporciona ayuda sino que resulta un obstáculo para el nuevo aprendizaje.
[pull_quote_right]Este es otro caso en el que parece necesario poner la bicicleta al revés y empezar a desaprender nuestros esquemas culturales respecto a las relaciones de género para poder llegar a transformar esta situación triste, indignante, a todas luces preocupante y condenable.[/pull_quote_right]
En los últimos años el país ha estado inmerso en una espiral de violencia, corrupción e impunidad que nos tiene sumergidos en un clima de temor e indignación constantes, crecientes y compartidos. La transición democrática del país que si bien es aún incipiente tiene ya algunos elementos de avance como la institucionalización del proceso electoral y la alternancia en el poder por los diversos partidos no ha producido una solución a estos problemas porque parece que independientemente del partido político que llegue al poder, el sistema y la cultura política de nuestro país, construidos durante ocho décadas e introyectados por la sociedad como una forma de vivir que se considera natural en la que “el que no transa, no avanza”, tienen mucho más fuerza que cualquier intento de cambio legislativo o de gestión del gobierno o de impartición de justicia.
Tal parece que habría que poner la bicicleta al revés y obligarnos como sociedad a desaprender las formas de entender la política y su ejercicio, enseñar a los futuros ciudadanos que hoy están en la escuela y la universidad a desaprender lo que han asimilado de manera consciente e inconsciente acerca del significado de la política y del funcionamiento de las instituciones para poder llegar realmente a una transformación de las estructuras institucionales y la cultura cívica hacia una política que implique una ética en su orientación y hacia una ética que encuentre políticas eficaces de instrumentación.
En estas semanas hemos vivido en Puebla un debate de alto impacto en la opinión pública por el creciente y cada vez más frecuente asesinato de mujeres jóvenes, en muchos de los casos por sus propias parejas sentimentales ante la situación de un embarazo, que parecen empezar a volverse un patrón de conducta y por su frecuencia se vuelven un asunto prioritario en el tema de la seguridad.
Muchas reacciones se orientan hacia el consejo –natural y comprensible pero insuficiente e injusto- que prescribe a las mujeres poner más atención en su cuidado personal, en sus formas de relacionarse, de vivir su vida cotidiana en la ciudad que presenta cada vez mayores riesgos para ellas. Un buen número de expresiones que deberían indignarnos como sociedad tienden incluso a culpabilizar a las víctimas de la violencia en su contra, a partir de visiones machistas aún prevalecientes en nuestra cultura que quitan la responsabilidad al hombre que ejerce la violencia y la trasladan a la mujer que supuestamente “provoca” con sus comportamientos que surja este ángulo violento en él.
Este es otro caso en el que parece necesario poner la bicicleta al revés y empezar a desaprender nuestros esquemas culturales respecto a las relaciones de género para poder llegar a transformar esta situación triste, indignante, a todas luces preocupante y condenable.
Que los niños y jóvenes aprendan a desaprender los esquemas tradicionales en los que se plantea la relación hombre-mujer como una relación de dominación-subordinación, que desaprendan los significados de esta cultura en la que le mujer debe obedecer y callar frente a las exigencias de los hombres para poder ser digna y respetable, que aprendan a desaprender también y tal vez sobre todo, los dictados de esta sociedad centrada en el mercado en el que la vida humana se vuelve una mercancía más, sujeta a la oferta y la demanda, objeto de un precio olvidando su auténtico valor y dignidad.
Poner la bicicleta al revés para desaprender lo que hoy nos tiene en una situación de creciente deshumanización, para reaprender nuevas formas de relacionarnos para generar y regenerar la vida y combatir la cultura de la muerte y el descarte, para reaprender nuevas formas de gestionar la convivencia social buscando el bien de todos y no la riqueza de unos cuántos. Es el momento de volver a ver la urgencia de lo importante, dejando de dar tanta importancia a lo urgente.
EL PEPO