David Aguilar, en defensa de la canción
"Cancionista es uno de los términos más recientes que he encontrado que engloban lo que yo creo que se acerca más a lo que hago, porque hago canción, sí, sin género musical en específico"
Por Josué Cantorán @josuedcv
26 de marzo, 2015
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Tomada de youtube.com

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Josué Cantorán

@josuedcv

El arte de conjuntar la poesía con la música proviene de una tradición tan antigua que sería imposible rastrearla. Cantar es una práctica tan longeva como la humanidad misma. El semiotista José Peñín lo escribiría así: “Una vieja tradición de poner la música al servicio del texto recorre la cultura occidental”. Los cantos gregorianos, las homilías cantadas, los romances medievales y los narcocorridos serían la prueba de que, a lo largo de la historia, la forma más popular de contar una historia ha sido siempre cantarla. Y, sin embargo, la canción como un género de creación artística sufre en los años recientes, al menos en México, una crisis: parece ser que ya no es cool.

Hay alguien que se aferra a demostrar lo contrario. Su nombre es David Aguilar.

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Aunque ya ha entrado la primavera en los calendarios, la noche sigue siendo fría en el pequeño jardín que alguien ha prestado para que David Aguilar dé un concierto íntimo entre árboles y pájaros. El músico, aún ante un foro vacío, toca algo para revisar la correcta ecualización de su equipo de sonido, apenas compuesto por tres canales: su voz, su guitarra, un efecto. Lo primero que dice –o canta– es como su declaración de principios.

“Ésta es la vida, la vida corta / No me avergüenzo de la poesía”.

Son las primeras líneas de la canción “Cosmomanía”, compuesta por él y que no cantará después, cuando ya haya gente frente a él, pero que sigue considerando entre su kit de canciones mejor logradas. Efectivamente, los recursos retóricos que suele utilizar, poco usuales entre los autores de canciones en México, como aliteraciones y paronomasias, hacen evidente que David no se avergüenza de la poesía.

Por ejemplo: las rimas internas en “Eco” forman estrofas como ésta: “Una mariposa posa / sobre tu cabello bello / porque tu tardanza danza / hace una atadura dura / mientras yo a Cupido pido / que entre mis compases pases”.

O “Una libélula bélica, cálida, de Dalí / que en luna se revela tan volátil”, una aliteración infinita del sonido líquido de la L que conforma el que, a casi diez años de haber sido compuesto, sigue siendo su tema más conocido, “La de la libélula”, al que David describe como “una oportunidad de diversión con profundidad mística”.

–Tenía una inquietud por la letra L –explica el poeta–. Yo venía comentando que la letra L me parecía una de las letras más dulces del abecedario y luego me di cuenta que dentro del mundo de la flora, de la botánica, de la biología, había muchos términos con la letra L e hice como un collage de palabras para formar significados un poco surrealistas.

Para David, la voz poética se forma a través de la lectura de poesía hasta que llega un momento en que el campo creativo está fértil y entonces ya no hay espacio más que para la introspección, la experimentación y el coraje para la escritura.

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–Sí soy de la idea –dice David Aguilar después de su prueba de audio y antes de iniciar su más reciente concierto en Puebla– de que me gusta ver la canción como algo que tiene principalmente dos elementos, que son música y letra. Me gusta contemplarlos en porcentajes iguales, 50 y 50 por ciento de importancia. No me gusta la idea de que en una canción predomine más la música que la letra, ni viceversa. Trato de que sea equilibrado, pero es subjetivo y estoy en esa búsqueda.

David Aguilar ha recibido un aplauso unánime por su búsqueda poética, pues quizá desde David Haro, quien escribía décimas y luego las hacía canciones, no se había conocido un compositor tan preocupado por la calidad en la escritura de sus textos. Sin embargo, la legitimidad de su trabajo como compositor de música le llegaría también cuando tres de los mejores músicos de jazz en México hicieran un disco con versiones jazzísticas de sus canciones, despojándolas de letra.

[pull_quote_right]Tenía una inquietud por la letra L. Yo venía comentando que la letra L me parecía una de las letras más dulces del abecedario y luego me di cuenta que dentro del mundo de la flora, de la botánica, de la biología, había muchos términos con la letra L e hice como un collage de palabras para formar significados un poco surrealistas[/pull_quote_right]

En Eco, álbum publicado en 2010, el contrabajista Aarón Cruz, el pianista Mark Aanderud y el baterista Hernán Hecht reversionan temas compuestos por el cantautor agregando extendidos solos y arreglos de jazz a las melodías que éste había creado para sus canciones. “Todas las composiciones son de David Aguilar”, dice la contraportada del disco que para el cantautor significó su entrada oficial a los exigentes mundos del jazz.

–Fue algo muy bien recibido por mis emociones –dice David al respecto de ese trabajo– porque que uno de los jazzistas más importantes del país saque un disco de canciones tuyas llevadas al jazz, a trío, es como si me legitimara como compositor, me respalda como músico y como compositor de música también. Lo tomo hasta como un favor porque en la actualidad hasta me contactan jazzistas gracias a ese disco.

Sería el caso de la vocalista Iraida Noriega, quien en su repertorio ha incluido dos temas del cantautor.

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Aunque en los últimos diez años ya había publicado al menos cinco discos, en mayo de 2014 David Aguilar lanzó un álbum al que considera su primera entrega formal. El David Aguilar, a diferencia de sus trabajos anteriores, sería distribuido en todas las plataformas electrónicas y en las tiendas de discos más conocidas del país. Pero hay otro elemento importante que diferencia a este álbum de sus antecesores: es el primero en que se utilizan arreglos diferentes en cada tema en lugar de la versión más clásica del cantautor que se basta de su guitarra y su voz.

Aquí, incluso su pièce de resistance, “La de la libélula”, está grabada en una versión casi electrónica de sonidos triphoperos, en contraste con la versión a guitarra acústica que grabó casi una década antes en Tornazul, su segunda entrega amateur publicada en 2005.

–Éste es el primer disco que tiene una producción más sofisticada, con más elementos –explica el músico–. Es un disco que contempla un formato en estilo de canciones vestidas con arreglos musicales, porque yo había grabado más a guitarra y voz lo anterior.

Y así como este disco, grabado gracias al financiamiento que los propios fans de David Aguilar proveyeron a través de un sistema de crowdfunding –o “micromecenazgo”, como lo llama él–, serán los próximos materiales del cantautor: grabados y arreglados de forma tal que cada tema tenga su propia personalidad.

Una de las razones detrás de esto es que David Aguilar ha iniciado una búsqueda para tomar distancia de un movimiento de cantaturores mexicanos, al que algunos llaman “trova”, con el que ya no se siente identificado del todo, y por la que ahora prefiere utilizar incluso neologismos que puedan definir con mayor precisión su trabajo, que consiste en escribir canciones de cualquier género.

–Cancionista –cuenta– es uno de los términos más recientes que he encontrado que engloban lo que yo creo que se acerca más a lo que hago, porque hago canción, sí, sin género musical en específico: tengo algunas cumbias, algún reggae, algún rap, canciones poperas, rock, folk mucho, folklore también, como bolero, música norteña, polkas, algo a lo mejor pegado al bossa nova (…), cancionista porque la palabra cantautor engloba un significado con una carga bastante específica, más apegado a la trova.

–¿Y sientes que ya no te queda tanto ese término?

–Siento que no, yo antes sí me consideraba un trovador, y en el fondo siento que lo soy en el sentido del trovador que viaja cantando sus canciones, pero recientemente, en los últimos años, al menos en México la palabra trova cobró un significado más hacia lo romántico y siento que me dejó de identificar un poco.

Al contrario de cierto circuito de cantautores que en lo general interpretan baladas y escriben sólo sobre el amor, David Aguilar busca que su carrera siga un rumbo parecido al de compositores como el uruguayo Jorge Drexler y el argentino Kevin Johansen, quienes, pese a escribir todas sus canciones e haber iniciado en un formato clásico del cantautor con guitarra y su voz, ahora tienen una estética que se aleja de la canción latinoamericana tradicional.

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Si hace diez o veinte años no sólo era aceptable, sino hasta cool entre los jóvenes, escuchar a Silvio Rodríguez y Joaquín Sabina, más recientemente ha ocurrido que la mayoría de los movimientos rockeros y las escenas musicales subterráneas han manifestado un desprecio explícito ante lo que muchos llaman, erróneamente, “trova”. El viejo arte de componer canciones e interpretarlas con nada más que una guitarra acústica pegada al cuerpo es visto por muchos como algo poco menos que anacrónico.

Los foros dedicados a presentar propuestas de ese tipo, que hasta hace algunos años pululaban en todo el país, ahora han desaparecido. En Puebla, por ejemplo, peñas como Teorema, que albergó a un gran movimiento de cantautores, ahora sólo viven en el recuerdo de los padres de una generación ahora más acostumbrada a que la música salga de las bocinas conectadas a la laptop de un dj.

Ese declive, considera David Aguilar, se debe en gran medida a la falta de renovación estética del movimiento de la trova mexicana.

Está muy viciada la composición de lo que se conoce como canción de autor –opina el cancionista–. La trova sufrió con una suerte injusta en el sentido de que los principales exponentes de ella en México extrajeron sólo el lado de la canción de amor, en lugar de conservar su carácter multitemático original (…) En México fue empezando a abordar casi como un cliché la canción triste, cortavenas, y eso es lo que no le gusta a mucha gente que está en el ambiente indie, que lo ven como algo ya vencido.

Por ello, David, nacido en 1982 en Culiacán, apuesta por un estilo de composición más abierto en su temática y su versatilidad de géneros, pero a la vez más cuidado en su estética, que pueda abrir una brecha en la canción de autor mexicana que la coloque de nuevo en un circuito internacional donde lo mismo caben autores como Caetano Veloso, Chico Buarque, Bob Dylan o Leonard Cohen, a quienes pocas veces se les juzga de aburridos.

Y en esa búsqueda no estaría solo, pues otros cantautores como Yahir Durán, Paulo Piña, Saúl Fimbres, Paulino Monroy, Natalia Lafourcade con su más reciente disco o el dúo Ampersan irían en caminos similares en la búsqueda de la composición tradicional y a la vez novedosa de canciones.

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David Aguilar no pertenece a alguna disquera y sus presentaciones siguen siendo gestionadas desde la mayor independencia. Sólo un trato que le dé completa libertad creativa lo convencería de firmar un convenio laboral con alguna compañía discográfica. Mientras tanto, el artista que se declara defensor de la canción como un género artístico podrá seguir tocando en foros y jardines, viajando con nada más que su guitarra y sus canciones.

–Yo creo, como dice Jaime López, que la canción es madre de todas las artes, porque antes que todo estaba el canto, bueno, primero el ritmo, pero Homero cantaba, en occidente me parece que la canción es primera. También, por ser tan antigua y tan grata y tan viable en efectividad de comunicación, se ha dado esta gama tan extensa que va de lo más popular a lo más elitista. La canción es un vehículo de información, así lo veo, como un método de comunicación, y me parece arte.

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Josué Cantorán