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Colectivos ciudadanos frente a la gentrificación urbanística
 
Por Lado B @ladobemx
21 de abril, 2014
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Rebeca Mateos Herraiz | Periodismo Humano

A Coruña. A finales de febrero de 2013, tras varios intentos, Aurelia Rey consiguió, gracias al apoyo vecinal y a la Plataforma Stop Desahucios de A Coruña, paralizar su desalojo en el número 9 de la calle Padre Feijóo situada en pleno centro de A Coruña.

El caso fue bastante mediático debido a sus características: Aurelia tenía 85 años y llevaba viviendo en este inmueble desde hacía 30 años. Por él pagaba 126 euros al mes -era una alquiler de los denominados de renta antigua- por lo que podía hacer frente al pago, no sin mucha dificultad, debido a sus ingresos de 370 euros al mes de una pensión no contributiva que la hace vivir por debajo del umbral de la pobreza. El motivo de que una sentencia judicial ordenara desahuciarla fue el retraso, que no el impago, de dos meses de alquiler: uno en 1999 y otro en 2011.

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Desde la Xunta una de las soluciones que se le ofreció fue trasladarla a una residencia, y otra, a uno de los dos pisos de protección oficial que se le ofrecieron a las afueras de A Coruña. Ofertas que ella rechazó.

En mayo del año pasado la Xunta le ofrece una vivienda de alquiler asequible a sus ingresos en Eirís, una población a una hora de su antigua vivienda en el centro de la ciudad, que ella acaba por aceptar.

La Plataforma de estudiantes de arquitectura y arquitectos Ergosfera, que desarrolla trabajos de investigación y acción urbanística desde A Coruña, denunció por aquel entonces en un artículo firmado por Iago Carro, que en términos urbanísticos, y aunque comienza a fraguarse mucho antes del intento de desalojo de Aurelia, el contexto en el que se desarrolló el desahucio tenía un punto de inflexión en la creación de una nueva centralidad comercial a nivel metropolitano en el barrio donde vivía Aurelia. Según Carro a partir de 2006, la presión sobre la zona se disparará de forma “natural”, produciendo una revalorización inmobiliaria del ámbito que culminará con el anuncio -meses antes de que se diera el intento de desahucio de Aurelia- de la compra de la mayoría de los bajos comerciales de la calle Compostela por Inditex: “con el objetivo de continuar el proceso de transformación del barrio en infraestructura comercial de gran escala, ahora ya como aventura capitalista comandada por un conglomerado empresarial cuyo máximo accionista es el supuesto tercer ciudadano más rico del mundo (y vecino de la ciudad)”.

Continúe leyendo este reportaje en Periodismo Humano.

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