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Inteligencias múltiples y escuelas racionalistas: a propósito de los juegos olímpicos
Tiempos hubo en que la razón despreciaba el cuerpo y de esos tiempos sigue abrevando la escuela mexicana en pleno siglo XXI, sustentada en la definición aristotélica del hombre como animal racional y en la idea de que “el alma” o el espíritu humano es algo meramente intelectual.
Por Lado B @ladobemx
14 de agosto, 2012
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Martín López Calva*

@M_Lopezcalva

“Tiempos hubo en el que el alma despreciaba el cuerpo”

Friedrich Nietzsche

Tiempos hubo en que la razón despreciaba el cuerpo y de esos tiempos sigue abrevando la escuela mexicana en pleno siglo XXI, sustentada en la definición aristotélica del hombre como animal racional y en la idea de que “el alma” o el espíritu humano es algo meramente intelectual.

Paradójicamente en una época que rinde culto al cuerpo, la escuela sigue siendo un lugar donde se cultiva la mente y se sigue despreciando al cuerpo, relegándolo a un lugar muy secundario.

Esta reflexión viene a cuento en estos tiempos en que acabamos de presenciar los juegos olímpicos de Londres 2012 y de ser testigos de las grandes hazañas que logran muchos jóvenes que han dedicado años de su vida, con disciplina, esfuerzo y entrenamiento a cultivar su cuerpo y a hacer que su cuerpo sea tan inteligente como para saltar más alto, correr o nadar más rápido, tirar con el arco de manera más precisa, coordinar armónicamente cada músculo en la gimnasia o los clavados.

Cuerpos atléticos, cuerpos privilegiados no por un don divino que los hizo nacer mejores  –esta teoría de la superioridad de ciertos genes o de ciertas razas sobre otras se derrumba cada vez más claramente cada cuatro años- sino por el trabajo constante, sistemático y planificado. Deportistas que hacen de su cuerpo un proyecto de superación personal y de aporte a la sociedad a la que pertenecen. Jóvenes que llegan literalmente a “pensar con el cuerpo”.

Sin embargo, en esta exhibición del talento deportivo los mexicanos volvimos a ser testigos de un pobre desempeño de nuestros atletas frente a los de otras nacionalidades. Un comentarista justificaba la no obtención de medalla de una clavadista mexicana diciendo que “solamente fue superada por las mejores del mundo”. Pero ante esta afirmación autocomplaciente uno se pregunta: ¿Y por qué esta joven mexicana no demostró ser una de las mejores del mundo y superó a las demás?

La obtención de siete medallas y especialmente la de oro en futbol varonil demuestran que como dice el grito popular: “sí se puede”, es realmente posible ganarle a los países que históricamente han dominado los diferentes deportes. No se trata pues de una cuestión de inferioridad genética o imposibilidad física.

Sin pretender responsabilizar de todos los males del país al sistema educativo pero asumiendo que esta columna que hoy regresa al espacio virtual de Lado B  tiene como temática central la reflexión sobre la educación, podemos ver el ángulo educativo de este  “jugamos como nunca y perdimos como siempre” que parece perseguirnos como destino fatal.

Retomemos la idea con que iniciamos estas líneas para analizar la parte de responsabilidad que tienen el sistema educativo en el mal desempeño deportivo a nivel internacional. Como en muchos otros campos –científico, artístico, tecnológico, empresarial- este desempeño insuficiente o aún deficiente tiene parte de sus raíces en el mal estructural que aqueja a nuestro sistema educativo nacional, en este caso, en un problema de sustento conceptual.

En efecto, como decíamos ya, nuestra escuela sigue sustentada en la formación del intelecto –aunque en este rubro tampoco tenga muy buenos resultados- y no se ha reformado desde sus cimientos antropológicos y psicológicos para formar integralmente a los niños y jóvenes que pasan por las aulas a pesar de los discursos.

El psicólogo estadounidense Howard Gardner, académico de la Universidad de Harvard desarrolló hace tiempo la “teoría de las inteligencias múltiples”. Esta teoría revoluciona a la educación al sostener que es falso que exista solamente una inteligencia que puede ser medida con pruebas estandarizadas –el célebre IQ- y debe ser desarrollada en la escuela y la universidad.

Para Gardner “inteligencia es la capacidad de resolver problemas y elaborar productos que sean valiosos en una o más culturas”.

De tal manera que el ser humano no tiene una sola dimensión en la que resuelve problemas y genera productos valiosos y por lo tanto no tiene una sola inteligencia. La educación tradicional, por un sesgo de nuestra cultura occidental ha definido como inteligencia solamente lo que tiene que ver con la lógica, las matemáticas y el lenguaje y se ha enfocado a desarrollar solamente estas dos inteligencias a las que Gardner llama precisamente: lógico-matemática y lingüística.

Sin embargo, en la teoría original se plantean siete inteligencias que ahora se han ampliado a nueve. Como es natural, no todos los seres humanos desarrollamos en la misma proporción las distintas inteligencias y hay personas inteligentes en distintos campos. El problema de la concepción tradicional de la escuela es que quienes no desarrollan adecuadamente la inteligencia lógico-matemática y la lingüística son considerados no inteligentes y condenados al fracaso escolar aunque sean muy inteligentes en otros rubros.

Dentro de estas inteligencias se encuentra la inteligencia corporal-kinestésica o cinestésica que tiene que ver con la capacidad de resolver problemas y crear productos valiosos a través del uso del cuerpo. Es la inteligencia propia de quienes se dedican a la danza, a la actividad física, a la ejecución de instrumentos o al deporte.

“La inteligencia física-cinestésica es la habilidad para usar el propio cuerpo para expresar ideas y sentimientos, y sus particularidades de coordinación, equilibrio, destreza, fuerza, flexibilidad y velocidad, así como propioceptivas y táctiles”.

Esta inteligencia, tan valiosa como la lógico-matemática, la lingüística o todas las demás inteligencias es sin embargo relegada por nuestro sistema educativo que sigue despreciando el cuerpo, reduciéndolo a las clases de educación física a las que se considera actividades “de relleno” en el currículo y se sacrifica cada vez que la escuela tiene demanda de actividades extracurriculares, juntas de profesores o suspensiones.

¿Cómo podemos extrañarnos entonces de que México tenga normalmente un pobre desempeño en los juegos olímpicos y en mundiales de los distintos deportes si en la escuela se sigue haciendo a un lado la inteligencia corporal-cinestésica y pensando que el niño inteligente es solamente el que domina las Matemáticas y el Español?

Indudablemente hay razones de corrupción, mala política deportiva, falta de un plan nacional en este rubro, etc. Pero también es cierto que mientras no se incluya la inteligencia corporal en los planes de estudio de manera equilibrada y suficientemente valorada y mientras no se trabaje fuertemente en la profesionalización de los docentes de Educación física, seguiremos siendo el país del “ya merito” en materia deportiva.

 

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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