Tarde, nuestro país también llega tarde a una democracia verdaderamente incluyente. Al parecer, aún nos quedan muchos años por venir de esta democracia de tribus, liderazgos morales y capacitismos enraizados en el ethos nacional.
Dolorosamente somos un país que parece tener en su gen identitario, la violencia y la fobia por lo que no es homogéneo. “Cántate una que se sepan todos…” grita cualquier beodo en cualquier foro cultural. Lo común es lo normal.
Apenas 58 años atrás, poco más de medio siglo, la represión social del gobierno del poblano Díaz Ordaz sitiaba a sangre y fuego la Plaza de las Tres Culturas. Hace veinte años, el gobierno del entonces gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, desplegaba toda la fuerza de la llamada Policía Federal en contra de los ejidatarios y campesinos de Atenco. Esto con el visto bueno del presidente Vicente Fox.
Hace 32, un tal Luis Donaldo pronunciaba el 6 de marzo de 1994 en la explanada del Monumento a la Revolución en la Ciudad de México, durante la conmemoración del aniversario del PRI, aquello de “Yo veo un México con hambre y sed de justicia”.
Pero ¿Qué demonios tiene que ver esto con un relato capacitista?
Los poquísimos que nos hemos asumido como cuidadores de personas en situación de diversidad funcional, hombres y las miles de cuidadoras valientes en México, a veces nos preguntamos ¿Qué será de nuestros hijos e hijas cuando ya no estemos? ¿Quién verá por ella o por él? ¿Tendrá familia? ¿En qué trabajará? ¿Estará bien sin mí?
Son las preguntas de miles de personas resumidas en una sola palabra que no aparece en la política pública, en la Constitución o siquiera en el dominio público: cuidador-cuidadora.
Sin embargo, tengo otras preguntas que me inquietan desde hace tiempo: ¿Vale la pena hablar de discapacidad y de derechos en un país que generalmente vive anudado en temas del poder político y de violencia sistémica? ¿Tiene algún caso hablar de derechos de las niñeces cuando el gobierno de Puebla exhibe banalidad y despilfarro de recursos en apoyo a sus candidatas, tapizando bardas con nombres que violan a todas luces la ley electoral?
¿Para qué o por qué hablar de ajustes razonables, si el grueso de los docentes viven sumergidos en procesos de descomposición social buscando más como “salvar el pellejo” de los requerimientos administrativos, negociar la plaza o esperando el próximo puente vacacional?
Apenas hace cien años, se promulgaba la Ley Calles y daba inicio la denominada Guerra Cristera. Hace 20 años la ONU aprobó el Tratado de la Convención sobre los Derechos de las Personas con Discapacidad y se les continúa tratando como seres de minusvalía.
Hablar de cuidadores suena vago, ocioso, inútil, extraño, un desperdicio. En las instituciones públicas y privadas los cuidadores solemos ser tratados como estorbos, sin trabajo, intrusos o simplemente se ven mejor afuera, allá lejitos, donde no perturben el orden sagrado de lo escolar.
La cuidadora, el cuidador se ha ganado empíricamente el puesto, el oficio, sin paga, sin descanso y sin reconocimiento de nada.
Uno se pregunta ¿Cuántas personas con discapacidad había en la Revolución y posterior a ella? ¿Cuántas personas eran ya cuidadores ese año? La importancia que hoy le dan los llamados gobiernos de la 4ª Transformación, traducida en la dádiva de $3,300.00 “para los camiones”, dádiva que la primera presidenta de México decidió continuar dando a los discapacitados, minusválidos, angelitos.
Uno se pregunta ¿Bajo qué criterio le das más a un grupo social el apoyo del bienestar sobre otro grupo vulnerable? ¿Conoce el gobierno a cuánto ascienden mensualmente los gastos netos de una madre y padre cuidador de una persona en situación de discapacidad? ¿Cuántos votos les representa al partido oficial el voto de las personas de la tercera edad y de los jóvenes que construyen el futuro respecto a la población de personas con discapacidad? ¿O es que para el gobierno las personas con discapacidad son mercancía desechable?
Como olvidar que el político gatopardista, aquel gobernador por el que nadie votó, Sergio Salomón Céspedes, desapareció el INDEP (Instituto de la Discapacidad del Estado de Puebla), sin estudio y evaluación de nada, en los últimos meses de su mandato.
¿Por qué la lucha por los derechos de las infancias en situación de discapacidad no es un tema importante de derechos para los defensores de derechos o luchadores sociales? ¿En qué parte de la historia sociopolítica las y los dirigentes de movimientos sociales perdieron la sensibilidad y la solidaridad de compartir los escenarios ganados de la lucha social con movimientos incipientes, como este de los derechos de las personas en situación de discapacidad?
En este México mágico, trágico, somos tan sofisticados, que celebramos a los muertos patrios un 15 de septiembre y a los muertos de casa, los domésticos, un noviembre. Al parecer no queda de otra que morirse para existir en esta patria mestiza que te mide por tu color de piel, clase o el nivel de normalidad que puedas demostrar.
¿Tenemos que morir o desaparecer para ser tomados en cuenta en este país?
Las preguntas están en el aire.
Por vía de mientras, te invito a escuchar y compartir La gota y la piedra, entrevistas.
EL PEPO