Ahora que el gobierno reduce el financiamiento a centros de investigación y desarticula las redes de enlace entre asociaciones civiles, universidades y empresas privadas, ¿qué futuro le espera a la investigación y desarrollo tecnológico nacional? ¿de dónde obtendrá sus recursos? Con recortes de personal y reducción de salarios, la comunidad científica habrá de ingeniárselas para subsistir con lo mínimo posible. Ahora bien, esto ya ocurría, existen muchos laboratorios y universidades que desde hace años trabajan con escasez de material y apoyo económico limitado, así que quizá para ellos no sea una novedad. Lo cierto es que ahora más que nunca se habrán de buscar alternativas para hacer, propiamente dicho, “investigación sustentable”. Buscar puntos en común entre instituciones de educación superior, educación tecnológica, empresas y sociedad civil será imprescindible, empezando por encontrar soluciones a problemas locales.
Esto me recordó una serie de observaciones que a principio de este año hizo el
doctor Miguel Ángel Méndez, investigador adscrito al SNI y divulgador en química y nanotecnología, en su cuenta de Twitter (@nanoprofe). En este hilo menciona que durante una visita a Cuba para impartir cursos en el Instituto de Ciencia y Tecnología de Materiales de la Universidad de La Habana, se percató de la investigación científica que hacían a partir de un recurso como el azúcar, tan abundante en aquel país.
El hilo es interesante porque además menciona la ciencia que se puede hacer incluso con el bagazo residual de la caña tras la fabricación de azúcar, que en nuestro país únicamente se utiliza como forraje. En cambio en México se suele hacer burla de los resultados de investigaciones sobre el nopal provenientes del Instituto Politécnico Nacional. ¿Por qué somos así? ¿Por qué la gente no sabe que existen otras líneas de investigación en el IPN? Si esa es la actitud de los mexicanos, ¿ocurre lo mismo con la comunidad científica nacional?
Me atrevo a decir que, en general, el hecho de que el público no tenga idea del tipo de ciencia que se hace incluso en sus propias ciudades es también una gran falla de comunicación institucional. Hasta antes de la pandemia la comunicación pública de la ciencia era como una fiesta que se celebraba así misma, sin percatarse que sus alcances eran más bien limitados. Y los abundantes memes sobre el tema del nopal y el IPN son un síntoma de ello. Sé que existen rivalidades a nivel profesional, diferencias culturales entre instituciones públicas y privadas, pero me parece que ha llegado el momento de romper con viejos paradigmas. ¿Qué impide a otras universidades del país estrechar lazos entre sí y sumar esfuerzos en líneas de investigación? ¿Qué estrategias serán necesarias para vincular a la sociedad con el desarrollo tecnológico? ¿Necesitamos memes con otro tipo de mensajes? Esta es una de las siguientes pruebas que debe afrontar la comunicación de la ciencia mexicana de inmediato.
Estas son algunas notas que me gustaría compartir con ustedes:
La cannabis sativa es una planta cuya prohibición tiene sus antecedentes en una ley racista de Estados Unidos que cumple poco más de un siglo. Alrededor de esta se ha generado un abanico de narrativas que van de la franca complacencia hasta la demonización.
La Elysia marginata es una criatura que es mitad gusano mitad planta, esto porque es capaz de “robar” cloroplastos de las algas de las que se alimenta. Ahora se sabe que pueden regenerar su cuerpo de forma sorprendente: Estas babosas marinas pueden arrancarse la cabeza y desarrollar un nuevo cuerpo.
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