Lado B
El arte de Margolles: filtro de la violencia
La obra de Teresa Margolles en la Colección de Arte Contemporáneo del Museo Amparo demuestra que la violencia puede ser asimilada a través del arte
Por Gene Cruz @
09 de noviembre, 2021
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Cuando pensamos en una obra de arte, tal vez nos viene a la mente una pintura hecha con óleos, una escultura en mármol o una sinfonía clásica. Quizás, por ello resulte inusual concebir que materias primas de la producción artística también pueden ser el sudor, la sangre y los tejidos humanos.

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El 20 de octubre, desde una de las salas del Museo de Arte Carrillo Gil, Tatiana Cuevas, directora del recinto, sostuvo una conversación con la artista sinaloense Teresa Margolles para discutir sobre las piezas que forman parte de la Colección de Arte Contemporáneo del Museo Amparo. La charla se transmitió como parte del ciclo Diálogos con artistas, organizado por el Museo Amparo. 

La sesión giró en torno a tres producciones de Margolles: una mesa de la obra ¿De qué otra cosa podríamos hablar? (2009) —expuesta en el Carrillo Gil por la exhibición “Alegorías del mal gobierno” (abierta hasta el 22 de mayo del año próximo)–, Esta finca no será demolida (I al VIII) (2010) y PM 2010 (2012), visibles en las salas de arte contemporáneo del Amparo, bajo el título “El tiempo en las cosas”, una muestra permanente pero en constante cambio, pues la ampliación del acervo y la rotación de piezas permite esto.

La pérdida y el dolor a través de los años

Margolles estudió Ciencias de la Comunicación (UNAM) y Arte (Dirección de Fomento a la Cultura Regional del Estado de Sinaloa), y cuenta con un diplomado en Medicina Forense (Servicio Médico Forense).

Cofundó en 1990 el colectivo artístico Semefo (acrónimo que proviene de Servicio Médico Forense), junto a Arturo Ángulo Gallardo, Juan Luis García Zavaleta y Carlos López Orozco. Y desde su inicios su carrera se ha enfocado en la pérdida y el dolor, aunque el modo de expresarlos ha evolucionado con el tiempo. 

De 1990 a 2007 prestó servicios como voluntaria en morgues de la ciudad capitalina y en Guadalajara. Aunque de ahí provenían materiales empleados en sus obras, a partir de 2006 los extraería de las calles, en donde los cuerpos traumatizados se hallan arrumbados y aún más vulnerables.

Ya en solitario, cuando participó en la 53º edición de la Bienal de Venecia (2009), representando al Pabellón de México, curado por Cuauhtémoc Medina, Margolles presentó un grupo de siete piezas con el título “¿De qué otra cosa podríamos hablar?”, siendo cada una de ellas alusiva al alza de fallecimientos ocasionada por la guerra contra el narcotráfico en México, que fue declarada en 2006 y convirtió al cuerpo asesinado en un asunto de atención mediática y pública.

Así, desde una tela ensangrentada y enlodada sustituyendo el lábaro patrio, y burbujas hechas con el agua que anteriormente había lavado cadáveres, hasta una mesa de concreto combinada con sangre de ejecuciones perpetradas en México y agua de Venecia, en 2009, Margolles llevó al Palazzo Rota Ivancich el horror que sigue aferrado a las calles mexicanas.

Teresa Margolles

PM 2010 / Foto: museoamparo.com

La mesa a la fecha funge como legado de aquella muestra, estando cerca en el Carrillo Gil de obras de José Clemente Orozco, quien influyó al grupo Semefo y a Teresa Margolles, en particular. A más de una década de haber sido creada, las grietas que no puede esconder, son para la artista un símil de las cicatrices y heridas abiertas del país, que en la actualidad suma un aproximado de más de 90 mil personas desaparecidas y una cifra de homicidios superior a los 36 mil (únicamente para el año 2020).

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En PM 2010 (2012), Margolles utilizó las portadas del periódico amarillista PM para ilustrar la realidad visceral del espacio social que este retrató día a día, sin retocarla durante todo un año. Al repetir la dinámica en 2020 —la artista reconoció con Cuevas—, exclusivamente el diseño y el tamaño del formato de la publicación habían cambiado, porque los contenidos continuaban exteriorizando cuán atrapados estamos en la atrocidad contemporánea.

Por otra parte, la violencia en su arte, además de individuos torturados hasta desfallecer, refleja el sacrificio de sueños y proyectos de vida que han debido quedarse atrás con tal de sobrevivir. La serie de ocho fotografías Esta finca no será demolida captura propiedades que se han transformado en ruinas sociales que nos recuerdan el deterioro de las urbes, debido al control de la criminalidad, apunta Cuevas. De clubes a negocios o casas, los terrenos, en ocasiones vandalizados, enseñan lesiones del tejido social, mediante testimonios de la ausencia.

Sin esperanzas 

Al compartir sus experiencias en la charla, la artista contextualizó varias producciones de su autoría. Una de las más representativas fue La Esperanza, la cual consiste en un par de fotografías que registran, en años consecutivos (2014 y 2015), la pared de una tienda de abarrotes que llevaba ese mismo nombre en Ciudad Juárez. 

La pintura del sitio abandonado se estaba descascarando; en consecuencia, lentamente se desvanecían aquellas dos palabras de su pared. Ante esto, Margolles solicitó a un rotulista que las grabara para que, aun sin color, la esperanza persistiera en aquel desolado lugar. 

Sin embargo, lo más sintomático de la obra es que, en la segunda de las imágenes, se refleja cómo, con el propósito de embellecer el muro, bajo una iniciativa gubernamental se borraron definitivamente todas esas letras cubriéndolas con cal, lo cual no sólo deshizo el letrero original y el grabado del rotulista, sino que, simbólicamente, “mató” cualquier posible ilusión que allí pudiera sobrevivir.

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PM 2010 / Foto: museoamparo.com

La productora plantea en su trabajo el tema de la convivencia y la asimilación de la muerte, originada a causa de crímenes impunes, como homicidios, secuestros, feminicidios y colgamientos. Ejemplo claro de ello es La Sombra (2016), una instalación efímera con la estructura de una mesa monumental, que estaba ubicada en el Echo Park Lane de Los Ángeles, a modo de homenaje a las víctimas de los 975 asesinatos (probablemente ligados a pandillas) ahí ocurridos, entre el 1 de enero de 2015 y el 1 de julio de 2016. 

La pieza había sido construida para la Bienal de Arte Público de esa ciudad, fusionando   cemento y agua. El líquido había servido previamente para marcar los lugares en donde se hallaron los cuerpos de dichas víctimas, y sería reabsorbido para producir la mezcla. 

Como resultado, aquellos occisos ayudaron a Margolles a proveer un área sombreada que se desplazaba en distintos momentos del día, para brindar a la gente la oportunidad de reposar y guarecerse del ardiente sol californiano. En palabras de la artista, La Sombra era “ese momento cálido que (…) [estaba] dando la memoria de [los] muertos”, porque tener memoria del pasado nos protege.

Un proceso artístico particular

Para Teresa Margolles, su proceso artístico exige trabajo de campo, pues requiere entablar un contacto directo con los espacios y las personas, para llegar a conocer su dolor y sufrimiento: “me tengo que ensuciar los pies (…), las manos (…), tengo que estar ahí”, recalcó.

Con cámaras y computadora en mano, recorre espacios inhóspitos arrasados por la violencia, la cual se manifiesta en multiplicidad de formas: ya sea acechando cadáveres u hogares abandonados, o dejando su huella en el tizne del fuego. 

De manera precavida y sin estar desprovista del temor, Margolles paulatinamente se acerca a los lugares y se familiariza con ellos. Tras su extensa trayectoria de más de veinte años, explica que los sitios que documenta o con los que interactúa, se hallan en crecimiento continuo en más de un sentido: mientras sus dimensiones se agrandan, su historia y tragedias se alargan simultáneamente, alimentándose de un progresivo número de narrativas individuales.

Así, el amplio arco formal de Margolles es producto de la poetización con la que tamiza los eventos y tragedias que arman la historia reciente de México y sus habitantes. Con sumo cuidado absorbe fluidos, anécdotas y fragmentos de vidas destrozadas, para ahondar e insistir en un discurso que denuncia crueldad, pobreza y odio, por igual.

La violencia es filtrada en su trabajo, a fin de invitarnos a leerla y obligarnos a sentirla en carne viva. Después de escuchar, palpar e interiorizar piezas de Margolles, escasos marcos impactan la mirada, contados sonidos resuenan en la memoria y casi ningún mármol deja la piel así de helada.

 

*Foto de portada: Esta finca no será demolida (I al VIII) / Foto: museoamparo.com

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Gene Cruz
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