Lado B
Haití en las sombras
Si la crisis política y el asesinato del presidente Moise han pasado a ser parte del paisaje para muchos haitianos es porque a diario enfrentan problemas mucho más urgentes e ineludibles. El acceso a la energía es uno de ellos. El país caribeño es el único de la región que carece de acceso universal a la energía. Y, paradójicamente, es el que tiene los precios más altos por este servicio
Por Connectas . @
26 de octubre, 2021
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Investigación por Jeanne-Elsa Chéry*

La unidad de maternidad Isaïe Jeanty, comúnmente conocida como Hospital Chancerelles, es el único hospital público especializado en atención ginecológica en Puerto Príncipe, la capital de Haití. Aunque se encuentra en Cité Soleil, una de las comunas más peligrosas de la ciudad, acuden a este hospital muchas mujeres, la mayoría de las cuales no pueden pagar la atención privada. Sin embargo, un suministro de electricidad cada vez más intermitente está provocando que las mujeres dejen de ir. Ya no se trata solo del riesgo de llegar, sino también de tener una intervención con poca luz.

Haití es el único de la región que carece de acceso universal a la energía, pese a tener los precios más altos por este servicio

“Cuando hay un corte de energía, usamos nuestro teléfono celular como fuente de luz para finalizar las intervenciones en condiciones que no son óptimas. Lo que está en juego es que las operaciones pueden terminar bien o en el otro caso, pueden terminar con secuelas”, dijo a Alter Presse y CONNECTAS el Dr. Stéphane Michel, obstetra del hospital Chancerelles.

Haití es el único país de América con tasas de acceso a la electricidad inferiores al 90 por ciento. Según un informe del Fondo Monetario Internacional de 2020, más del 70% de la electricidad consumida en Haití es producida por generadores diésel a pequeña escala. Según cifras del Banco Mundial en 2019, solo el 45% de los haitianos tiene acceso a la electricidad, una de las tasas más bajas del mundo.

Si bien la electricidad es generalmente un dolor de cabeza para los países insulares, la situación de Haití comparada con la del país vecino, República Dominicana y otras islas del Caribe, muestra que es un problema que se debe a razones internas. Mientras que Haití tiene solo entre 250 y 400 MW para abastecer de energía a 11 millones de habitantes, según datos del Banco Mundial en 2018, República Dominicana tiene una capacidad instalada de 3,000 MW para una población similar. Jamaica, por ejemplo, tiene 700 megavatios para una población de 4 millones. Según la Autoridad Nacional de Regulación del Sector Energético, ANARSE, de los 9 millones de personas sin acceso a la electricidad en el Caribe, 7 millones están en Haití.

Acceso a la electricidad

Como señaló Evenson Calixte, director general de ANARSE, en una entrevista con el diario haitiano Le Nouvelliste el pasado mes de octubre, la situación es aún más grave. “Cuando sumo toda la potencia en términos de capacidad de producción para abastecer a todo el territorio, hay 370 MW de potencia instalada distribuida entre operadores independientes y la EDH”, declaró, precisando que en realidad de ese total solo 130 MW están disponibles para todo el país.

Algunas zonas residenciales y comercios de altos ingresos pueden recurrir a un sistema autónomo. En cada gran hotel, por ejemplo, “hay un sistema energético autónomo, que les cuesta más caro que (el de) Electricité d’Haïti (el operador público de electricidad, conocido como EDH”, explica Jean Marcel Pinard, exdirector de esta entidad. Pero, como explica el Dr. Michel, los hospitales públicos en Haití no son lo suficientemente rentables como para tener su propia fuente de energía, como es el caso de algunos establecimientos y hogares de altos ingresos.

En otros casos, la gente está recurriendo a métodos menos ortodoxos para acceder a la electricidad. Como las hermanas Daphney y Daphna Souffrant, que tienen una pequeña tienda de comestibles en casa, en el distrito comercial de Delmas. Son consumidores “enchufables”, una especie de arreglo con otro vecino que les permite conectarse a la red a través de su medidor individual. Según Daphna, esto es algo común en el vecindario; los residentes rara vez tienen un medidor individual. Su madre le contó que los trámites para obtener medidores en el barrio se empezaron a gestionar desde 1978, pero el proceso es tan difícil que la gente prefiere recurrir a conexiones informales. Y eso los pocos afortunados que tienen esa posibilidad. La mayoría de las familias haitianas están obligadas a vivir sin el servicio de energía, con pequeños generadores a gasolina que les alumbrar de noche, luz de velas o simplemente a oscuras.

Así como la oscuridad se vive en las casas, locales y hospitales, también se sufre en las calles. Los botes de basura prendidos, haciendo las veces de faroles comunales y la ausencia de semáforos son frecuentes en la capital haitiana. Incluso así, la situación en las ciudades es mucho mejor que en las provincias, con una tasa de acceso a la electricidad del 50% en comparación con el 13 al 15% en zonas rurales.

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El problema es, en primera medida, la insuficiencia de producción energética y de capacidad instalada. La producción de energía en Haití depende principalmente de las 19 centrales termoeléctricas del país, que funcionan con la combustión de combustibles fósiles. Este tipo de energía representa alrededor del 85 por ciento de la capacidad instalada, según el reporte Haïti Priorise de 2017. La segunda fuente de energía es la energía hidroeléctrica, con seis centrales eléctricas distribuidas en diferentes áreas.

Sin embargo, el sistema no está interconectado a nivel nacional. Las centrales más importantes son Péligre (hidroeléctrica), Carrefour y Varreux 1 y 2, con una producción combinada de 50 MW, pero que actualmente solo producen el 20% de su capacidad, es decir, 12 MW.

Pero, además, el sistema es altamente ineficaz y no promueve la competencia necesaria para mejorar la inversión. EDH ha tenido el monopolio de la producción, transmisión y distribución de energía desde su creación en 1971. Pero debido a su incapacidad para satisfacer la demanda de toda la población, debe depender de productores privados, quienes le venden energía a un precio fijo y representan el 50% de la producción energética del país, 100 MW. Esto consolida el suministro de energía en unas pocas cabezas con gran poder político.

Haití es el único de la región que carece de acceso universal a la energía, pese a tener los precios más altos por este servicio

Muchas entidades privadas en Haití tienen su propia fuente de energía, pero algunos hospitales públicos no se pueden dar ese lujo y en ocasiones se ven obligados a realizar operaciones bajo la luz de un celular. / Foto: Michel Théodore

Tres productores privados han abastecido a EDH durante años, lo que ha provocado una situación de dependencia de esta entidad y por ende un aumento de poder de estas compañías : Societe Generale de Énergie (Sogener), una empresa familiar que suministró energía eléctrica a EDH desde 2005, pero a la que se le ordenó devolver más de 233 millones de dólares al Estado haitiano y retirarse del suministro de corriente eléctrica desde 2019. Sogener operaba la central Varreux, ubicada en la capital.

El segundo proveedor privado es E-Power SA, empresa nacional fundada en 2004 que suministra energía desde 2006 de la planta de Drouillard, Cité Soleil, en virtud de un contrato de compra de electricidad a 15 años adjudicado tras una convocatoria de ofertas internacionales supervisada por el BID y el Banco Mundial; y Haytrac, la más antigua, fundada en 1950 en Les Cayes, en el sur del país, pero que actualmente también opera en otras tres regiones del país, incluida Puerto Príncipe.

El problema energético en Haití es un círculo vicioso que comienza y termina en EDH, una entidad que, según fuentes internas, dejó de ser rentable desde 1988. Ya en el 2013 sus deudas superaron los 60 millones de dólares y consume más de 200 millones de dólares anuales en subsidios, lo que representa el 2% del PIB nacional de Haití.

El sistema no ha podido seguirle el ritmo a la creciente demanda, como muestra el ejemplo de la planta Peligre: “En el momento de su instalación, su capacidad superaba con creces la demanda que había en Puerto Príncipe. Entonces teníamos alrededor de 300, 400 mil personas viviendo en la región metropolitana de Puerto Príncipe. Ahora la población se ha multiplicado por diez en unos cincuenta años. El avance de EDH no se ha visto reforzado con el aumento de esta población”, explicó Jean Marcel Pinard para este informe.

En un intento por superar sus problemas financieros, en el 2020 la entidad anunció que retiraría los medidores de los deudores morosos. Además, el EDH ha estado aplicando la tarifa más alta de la región durante décadas. Según datos recogidos por Osinergmin en Perú y el Centro Mexicano de Relaciones Internacionales, la tarifa eléctrica de Haití en 2019 fue de 28 centavos de dólar/kWh, muy por encima de la tarifa de la vecina República Dominicana, que fue de 8.80/kWh, y superior a la de todos los países de Iberoamérica.

A su vez, los altos precios por un servicio deficiente han alimentado una cultura de robo de servicio durante décadas, uno de los mayores problemas en el sistema energético de Haití. Según Pinard, el robo de energía en Haití podría representar el 40 por ciento de la oferta, mientras que en otros países no supera el 3 por ciento. Según un informe de Limestone Analytics, EDH está perdiendo el 70 por ciento de la energía debido a cortes técnicos, conexiones ilegales y clientes que no pagan.

Willy Charlotin es uno de esos clientes que no pagan. Y no porque no quiera, sino porque las tarifas son tan elevadas que sus ingresos como trabajador informal no le alcanzan. Vive con su familia en Baillergeau, un barrio en donde funcionan muchas ONG y oficinas. A pesar de los constantes apagones, Charlotin debe pagar una factura de mil gourdes al mes, unos 10 dólares. Ya lleva 4 meses de atraso en el pago. Charlotin tiene que pagar una factura de 1.000 gourdes al mes, o unos 10 dólares, a pesar de vivir al día, sin salario ni ingresos estables. Acumula trabajos ocasionales y negocios minoristas que le reportan unos 5.000 gourdes al mes. “El Estado no controla nada, es por su irresponsabilidad que tenemos que pagar un monto fijo por una corriente inestable”, se queja Charlotin.

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*Esta investigación fue realizada para AlterPresse y CONNECTAS con el apoyo del International Center for Journalists (ICFJ) en el marco de la Iniciativa para el Periodismo de Investigación de las Américas.

**Foto de portada: La Grand-rue de los Cayos, en el sur de Haití, sumida en la oscuridad. / Foto: Zacharie Chery | Connectas

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