Hace unos días decidí escribir una nota sobre un tema que atañe a la ciencia y la sociedad. Como nunca había tenido contacto con la facultad de cierta universidad, a la que pertenecía un investigador especializado en el tema, decidí acercarme por el medio convencional, esto es ponerme en contacto y presentarme con el departamento de difusión. Después de 24 horas, un encargado, muy amable, me pasó el correo del investigador/experto que deseaba entrevistar. Desde entonces han pasado casi tres semanas desde que le escribí y sigo sin respuesta.
Debo decir que insistí con otro correo, no fuera a ser que no hubiera recibido el correo anterior. Pero aquí sigo. No es la primera vez que me pasa. Ignoro a qué se deba, solo puedo especular, pero prefiero reservarlo. Aunque lo cierto es que las y los científicos nunca han tenido buena relación con la prensa, ya sea por soberbia o porque muchas veces los periodistas ponen fuera de contexto las palabras del científico. Hay quienes exigen se les envíen las preguntas por anticipado. Otros, el horror y el error, exigen se les envíe la nota o el artículo escrito antes de ser publicado, “para revisar”. Esto se les enseña a los divulgadores y periodistas en muchos talleres, lo cual es un grave error y lo siguen como si fuera una ley.
En el caso de científicos en el extranjero, anglosajones, asiáticos y sudamericanos en ciertas universidades, la mayoría de las veces responden a los pocos minutos de haberles escrito, pactan las entrevistas casi de inmediato y son en general amistosos. Claro, hay niveles, y muchos le dan preferencia a las cámaras de televisión que a la prensa escrita. Por supuesto, si es un medio que no consideran digno de ellos, los ignoran. Hay que hacer toda una labor de convencimiento, rogarles pues.
Estas son algunas noticias de la ciencia que me gustaría compartir con ustedes.