Lado B
El espectáculo de los crímenes de poder
Por Nodo de Derechos Humanos @nodho
18 de octubre, 2021
Comparte

Hace algunos años Paris Hilton (heredera a la fortuna hotelera) fue expuesta en momentos presuntamente íntimos en una sex tape.  Poco después videos como ese empezaron a brotar por todas partes, escándalos que presuntamente dinamitaban las carreras de personajes públicos; sin embargo, pronto eso se volvió parte del espectáculo, un impulso más para las carreras de entretenedores en crisis. Hace muy poco, Nayib Bukele, presidente del El Salvador, en su cuenta oficial de Twitter se reconoció como “Dictador de El Salvador” y posteriormente optó por ponerse el título más grotesco imaginable para un gobernante de ese país “El Dictador más cool del mundo mundial”.

Miercoles.png

Más allá de la caricatura viviente que gobierna uno de los países que más ha sufrido crímenes de Estado, algo que revela es que el escándalo de la violencia Estatal y de las prácticas criminales de quienes ejercen el poder del Estado se ha convertido en un sanguinario espectáculo.

Parece ser que la palabra que alcanza a describir estos tiempos es desproporcionalidad. En Colombia con Iván Duque, en Chile con Sebastián Piñeira, en Ecuador con Guillermo Lasso, en toda América Latina, las agresiones de policías y militares en contra de la población, manifestantes, defensores de derechos humanos y pueblos indígenas se deja pasar, se normalizan prácticas que afianzan la configuración de Estados criminales y de Estados que sistemáticamente cometen crímenes de Estado.

Lo grave es que mientras por un lado se tienen escándalos como el de los Pandora Papers, que cada vez se convierten más en un espectáculo del burdo descaro con el que se cometen crímenes de cuello blanco, por otro lado se acepta y se establece que los crímenes de los poderosos y del poder reciben algo más que aceptación social. Se convierten en un tipo de moralidad capitalista que permite y necesita que esas dinámicas se exhiban, para eso las redes sociales terminan por cerrar el broche de oro. Los famosos roban de día y frente a todos y todas. Los policías matan frente a todos y todas y eso no amerita discusión, notas, tuits. Es decir, se impone la desproporcionalidad como parte de la política, el derecho y la “democracia”.

En México, el énfasis de “justicia” de la actual administración, y en particular del presidente López Obrador, se ha enfocado en el tema de la corrupción, juzgar a los gobiernos previos por cuestiones económicas más que por las masacres que cometieron, por Ayotzinapa, Tlatlaya, Acteal, Aguas Blancas, etcétera. Estamos en un contexto en el que toda la clase política y sus “followers” gritan con escándalo su indignación ante la grosera exhibición de Emilio Lozoya, un criminal de cuello blanco confeso, en un restaurante de lujo, y dejan en el silencio el aumento de la violencia paramilitar en Chiapas y Guerrero como si fuera una coyuntura sin importancia. Tal vez la sangre se ha depreciado en los mercados de valores.

También puedes leer: El discurso importa

Bajo un presunto Estado de derecho democrático se reprime, se encarcela y se mata a aquellos cuyos nombres se convierten en llagas que nunca cierran y en un dolor que se busca esconder en el olvido. En paralelo surgen cada vez más y más escándalos de evasión fiscal y corrupción (los pecados capitales de las “democracias capitalistas”) que “hacen estallar las redes sociales” en un impulso de indignación efímera que, a pesar de los esfuerzos de periodistas serios y honestos, no llegan a convertirse en caminos de justicia.

Al Capone, el brutal, célebre y paradigmático mafioso de Chicago, asesinó y ordenó asesinar, robó y ordenó robar, aterrorizó y ordenó aterrorizar, pero su encarcelamiento no llegó por sus crímenes más brutales sino por evasión fiscal, algo así como los “Eliot Ness Papers”. Podríamos pensar que es un ejemplo de muchos gobernantes actuales que comparten los mismos métodos y una impunidad similar, podríamos pensar que por algunos “papers” podrían ser enjuiciados; sin embargo, es muy probable que la ingeniería fiscal y la alquimia jurídica les permitan escapar y continuar su camino de celebridades de la impunidad.

La desproporcionalidad no sólo se materializa en el burdo contraste que se hace en el cual se pone el dinero por encima de las vidas, es decir, se condena más o incluso se puede llegar a procesar a un poderoso que ha cometido crímenes de cuello blanco y no a uno que ha acabado con vidas, incluso de los modos más atroces y masivos. La desproporción radica en que también se deja claro que a los poderosos cuando roban se les pide de vuelta un poquito de lo que tomaron, mientras que a una persona digna de abajo se le procesa y se aplica “todo el peso de la ley” por robar autopartes o incluso por no cometer crimen alguno, simplemente por defender su tierra, su vida, sus derechos. En estas perversas lógicas se mueven las maquinarias del Estado y del capital, que juntas se vuelven potencialmente peligrosas.

Lo menos que se puede hacer es comenzar a quitarle el disfraz a estos espectáculos y dejar de reproducir la exhibición como parte de una necesidad social de ser y afirmarse en esas plataformas que hacen colapsar el sentido de nuestro ser cuando colapsan. Tal vez es tiempo de pasar de la exhibición y la indignación efímera a la búsqueda de justicia.

*Foto de portada: August de Richelieu | Pexels

Comparte
Autor Lado B
Nodo de Derechos Humanos
En el Nodo de Derechos Humanos (NODHO) habemos personas de historias y contextos muy diversos que trabajamos juntos para establecer condiciones que permitan resistir los actos y estructuras que implican relaciones asimétricas y producen abusos de poder. En 2007, aproximadamente en el mes de mayo, el NODHO apareció. En más de una década de existencia o inexistencia, según como se le mire y quén le mire, sin presupuesto, sin oficina, sin organigrama y con muchas personas solidarias y sensibles, el NODHO, y sobre todos quienes con su trabajo le dieron forma, ha construido una forma particular y peculiar de enfrentar las injusticias. Hemos buscado una forma crítica de abordar la acción en cuestiones de derechos humanos, muchas veces efectiva, otras no, pero siempre comprometida y auténtica. No tenemos misión y visión, tenemos preguntas para caminar.
Suscripcion