Lado B
Espacios híbridos de aprendizaje: ¿Educación formal a la carta?
Por Espacio Ibero @
23 de septiembre, 2021
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Mtra. Cintia Fernández Vázquez

El relativismo ha sido uno de los rasgos principales del siglo XXI, tal vez es por ello que en el regreso a clases presenciales se ha aceptado fácilmente la idea de los espacios híbridos de aprendizaje, pues dada la urgencia de volver a las aulas en el contexto pandémico, suena pertinente con relación a las circunstancias.

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Atendiendo a la definición del término, híbrido significa la unión de elementos de naturaleza distinta. En el caso de las escuelas y universidades, se busca la integración de procesos de aprendizaje en escenarios diversos: en los edificios, entornos virtuales, la casa o cualquier otro espacio en el que el estudio de ciertos contenidos o desarrollo de habilidades pueda tener lugar.

Para la implementación de esta modalidad, han existido desde antes de la pandemia metodologías de enseñanza mixtas que ahora pueden retomarse, como el aula invertida, el modelo HyFlex y también tecnologías que pueden facilitarla, como la transmisión en streaming de clases magistrales, los sistemas de administración de contenido (LMS, por sus siglas en inglés, como Google Classroom, Moodle, entre otros) y el acceso a dispositivos móviles con conexión a Internet.

Salta a la vista, independientemente del contexto, metodología o tecnología disponible, que otro elemento que ha caracterizado este regreso a clases en modalidad híbrida es la idea de que es voluntario para los estudiantes. De tal manera que la modalidad busca integrar a los procesos educativos a aquellos que, por considerarlo riesgoso para su salud o por conveniencia, deciden no asistir al aula.

Este último elemento, abre una posibilidad que no se había visto antes en la educación formal a nivel sistema: ofrecer al estudiante (o a sus padres) la posibilidad de elegir dar continuidad a los procesos de aprendizaje en diversas modalidades: en línea, presencial o mixta.

En el caso de las escuelas particulares, esta posibilidad es mucho más evidente que en la escuela pública y no es claro si el impacto de estas condiciones será positivo para el logro de los propósitos educativos de las instituciones. Pues más allá de la disposición de recursos materiales para implementar un modelo híbrido, están las personas que están afrontando una diversidad de situaciones difíciles de prever.

El nivel de complejidad aumenta si agregamos la variable de los protocolos sanitarios necesarios, su diseño, gestión e implementación, así como la posibilidad de los contagios y todo lo que ello implica: seguimiento, manejo de la información, administración de los riesgos, posible suspensión de actividades, etcétera.

Sin negar el beneficio que puede significar para el estudiante la posibilidad de elegir, me parece que las instituciones no están suficientemente preparadas para sostener de manera óptima este beneficio por un tiempo prolongado sin pagar costos muy altos en todos los sentidos: materiales, humanos y técnicos.

Históricamente las instituciones educativas se sustentan en estándares; la formación docente, los programas de estudio y la estructura administrativa en su conjunto están diseñados para funcionar con normas rigurosas y extrema burocracia. La flexibilidad no está en su naturaleza y aunque es deseable que se integre, la realidad es que difícilmente sucederá pronto y sin pasar antes por ciertas crisis que hay que estar preparados para resolver en comunidad.

Una de estas crisis que ya puede visualizarse después de este primer mes de haber regresado a las aulas, es la capacidad de los docentes de adaptar sus prácticas considerando necesidades individuales y no grupales. Hay algunos que lo han logrado sin mayor dificultad, particularmente aquellos que tienen a su alcance tecnologías de vanguardia y talento para utilizarlas, pero otros están pasándola realmente mal en su esfuerzo por lograrlo, y otros más han marginado a los individuos que no han logrado integrarse a la dinámica grupal presencial.

Por otra parte, algunos estudiantes (y sus padres y madres) han mostrado tener expectativas de las nuevas circunstancias muy diversas y muchas veces poco realistas, mostrando algunas veces falta de compromiso con los protocolos sanitarios y, también, exigencia a los docentes por ofrecerles escenarios de aprendizaje adaptados a cada necesidad, gusto o preferencia más allá de lo que sea mejor para el bien común, además de no considerar la capacidad real de los profesores para atender necesidades de distinta naturaleza dentro de los horarios de su jornada laboral.

Los que formamos parte de una comunidad educativa, en cualquier rol, tenemos la responsabilidad de buscar los espacios para analizar las prácticas de esta nueva etapa de la vida escolar pandémica y recuperar las que puedan permanecer para el beneficio de la formación integral de las nuevas generaciones , así como descartar las que puedan llegar a afectar en un futuro la convivencia sana y el bienestar al interior de las instituciones, teniendo en cuenta que la escuela es el lugar ideal para desarrollar cualidades humanas como la colaboración, la empatía y la capacidad de organizarnos como ciudadanos para lograr el bien común.

Estemos atentos a que las prácticas de aprendizaje en espacios híbridos no se conviertan en un elemento más para incrementar la visión de la conveniencia de la ganancia individual, mercantilización de las oportunidades académicas o educación a la carta. El costo social sería realmente alto si ese fuera el resultado de la experimentación con los espacios híbridos de aprendizaje al finalizar la pandemia.

*Foto de portada: Vanessa Garcia | Pexels

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