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Ladrillo
¿Qué encierra un ladrillo? En él se cifran desde las publicitadas vuelta a lo auténtico “hecho a mano” al calor de la vida hogareña… y muchas formas de resistir
Por Klastos @
01 de julio, 2021
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Alba Rosas 

Hace tiempo que comencé a interesarme en los ladrillos hechos a mano —el ladrillo artesanal no refractario, como se le conoce en la industria de la construcción—. Me planteé la tradicional pregunta: ¿qué es un ladrillo? Del ordinario material de construcción al objeto estético o título de una exposición de arte contemporáneo, hasta el libro chileno de economía neoliberal y el otro nombre de la burbuja inmobiliaria de 2008. Total, el ladrillo resultó ser un verdadero estuche de monerías. Auténtico objeto de reflexión.

Pese a ser una monada, también tiene su mala fama. “All in all, you´re just another brick in the wall”, nos advirtió Pink Floyd desde los setenta. El ladrillo como metáfora del aislamiento mental producido por la educación formal; pensamiento “moldeado” y “cuadrado” —más bien de ortoedro—. Y es que la educación, particularmente en México, es indudablemente nociva.

Ya lo dijo el presidente Andrés Manuel, su “graciosa majestad”, citando a Brozo: son los integrantes de la clase media aspiracional, esos con títulos de licenciatura, maestría y doctorado, quienes precisamente por haber sido educados, son portadores de una “mentalidad egoísta”, “muy individualista” y “sin escrúpulos morales”. Los “muy difícil de convencer”, culpables de los memes graciosos que representaron al lado oriente de la Ciudad de México como la versión local de la Alemania soviética.

Sin darle la razón a nuestro presidente, pero sí para echar más leña al fuego, pensaba, así nomás especulando, que el poder de una clase media aspiracional sería de temer —y que conste que aquí no me refiero a Musk, Bezos o Gates, los “clasemedieros” que cambiaron al mundo, según Antonio Sandoval—.

Recordaba la cantidad de establecimientos comerciales, casas habitación y espacios artístico-culturales que justamente visita y habita esta clase mexicana “que quiere ser como los de arriba” y que, en su intento, ha puesto de moda el ladrillo visto. Ya sea un papel decorativo que imita el ladrillo o ladrillo rústico de verdad, paredes recién hechas, la recuperación o restauración real de viejos muros o la mera simulación de ese efecto. ¿Por qué? Esto sí parece una pretensión: la construcción tipo loft o estilo lower east side neoyorquino que dice contrastar un elemento tosco y rudimentario como el ladrillo con mobiliario moderno y decoración escandinava para lograr un “toque nórdico” tan en boga en la arquitectura y diseño contemporáneos.

Desde la cocina a los dormitorios, el baño y los locales industriales, las llamadas “paredes con carácter” se vanaglorian de integrar lo que ningún proyecto de Estado democrático pudo: lo industrial o moderno con lo tradicional o rústico. Dicen los arquitectos que el ladrillo visto aprovecha las imperfecciones y naturalidad de este material que hoy es tendencia, pero que en la Inglaterra del siglo XVIII, con su estatus de “plebeyo”, más bien exigía ocultarlo detrás del embustero estuco.

Sin embargo, estamos en México y en el siglo XXI. Este material “austero” y de apariencia ruda sigue siendo señal de pobreza: casas en obra negra con paredes de ladrillo sin recubrimiento y varillas salientes de los castillos que prometen la continuación y eventual fin de la obra. ¿Acaso no son para el Inegi indicadores de pobreza los materiales de construcción y la inexistencia de piso firme de una casa?

Casas que nunca harán uso de vidrio templado, azulejos, maderas finas, aluminio o acero. Sí, es la clase media y media alta la que desgasta paredes, restaura casonas antiguas y ahora está ávida de “austeridad”, “toques de autenticidad” y “modernidad sencilla”. En fin, de emplear ladrillos, aunque humildes, pero con carácter. No estoy libre de pecado y, pese a ello, arrojo la primera piedra porque como muestra el meme: ¡Se tenía que decir y se dijo!

A propósito de cosas dichas, parece ser que Louis Kahn en alguna ocasión mencionó que incluso un ladrillo quiere ser algo más. ¿Por qué querría un ladrillo ser algo más que el simple trozo de barro crudo o cocido que es? Un imperio de ladrillo fue, según Richard Sennett, el imperio romano, que tras conquistar nuevos territorios inmediatamente construía puentes, calles, acueductos, edificios, en fin, ciudades de ladrillo cocido.

Objeto de semejante importancia histórica, y, sin embargo, estoy segura de que quien me lee nunca se ha preguntado cómo, quién y dónde se hacen los ladrillos; tampoco se ha detenido a observar la labor del albañil que a base de una mezcla de cemento, agua, cal y arena, teje ladrillos levantando los muros de los espacios donde hacemos nuestra vida.

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Albañil armando una pared de ladrillos, 2017. Cortesía de Alba Rosas

A pesar de su estetización actual, el ladrillo resiste. Lo ha hecho desde siempre. Si se hubiera prestado más atención a su materialidad, hace tiempo que habríamos extraído de este trazo de barro una política de la resistencia. Las formas de resistencia de lo crudo y lo cocido. Las que van de la cocina a la construcción en general, del calor al amontonamiento y entretejido.

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Ladrillo crudo, 2021. Cortesía de Alba Rosas

El “calor de hogar” es literalmente el calor del ladrillo horneado. Esta es mi consigna: ¡Ser como un ladrillo, a veces crudo, a veces cocido! El ladrillo crudo vuelve a la tierra con facilidad —es ecológico— pero, sobre todo, sin pretensión de permanencia. Su forma de resistir no tiene que ver con la oposición al tiempo sino con su desintegración en él.

El ladrillo cocido, por su parte, conserva su resistencia a lo largo de las estaciones y se adapta a diversos climas. Incluso resiste al desplazamiento frente a nuevos materiales de construcción como el block de hormigón o de PET. Entonces, un ladrillo crudo no es menos resistente que uno cocido, sus formas de resistir son de diversa índole. Solo, un ladrillo crudo o cocido hace poco. Tejido o tramado con otros, puede llegar a levantar nuevos imperios. Ensamblaje de ladrillos, de arcilla, de tierra, de vida y muerte, de exclusión también. ¡Another brick in the wall!

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Ladrillo cocido, 2021. Cortesía de Alba Rosas

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Autor Lado B
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