
La transmisión del virus SARS-CoV-2, responsable de la COVID-19, se produce sobre todo a través de las gotitas o aerosoles emitidos cuando una persona infectada habla, estornuda o tose.
La capacidad de estas partículas para mantenerse en suspensión en el aire y dispersarse en el entorno depende principalmente del tamaño y las características del flujo de aire generado por la exhalación más o menos violenta de aire.
Los resultados de las simulaciones numéricas permiten entender mejor las características del flujo de aire al toser o estornudar y determinar la capacidad de los aerosoles infecciosos para quedarse suspendidos o dispersarse, lo que facilita el contagio de la covid-19 y otras enfermedades.
En este contexto, investigadoras e investigadores de la Universidad de Rovira i Virgili (URV) y otros centros han empleado simulaciones numéricas para estudiar con un nivel de detalle sin precedentes el proceso de dispersión de aerosoles generado por un episodio de tos o de estornudos.
Para conseguir un nivel de detalle tan alto se han requerido sistemas de computación de altas prestaciones, con mucha potencia de cálculo y multitud de procesadores de un superordenador trabajando al mismo tiempo.
Los resultados, publicados en dos artículos en la revista Physics of Fluids, permiten entender mejor las características del flujo producido por la respiración y determinar la capacidad de los aerosoles infecciosos para dispersarse en el entorno y mantenerse suspendidos, lo que facilita el contagio de la covid-19 y otras enfermedades de transmisión aérea.
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Los datos muestran que la capacidad de ascender debido a la flotación del soplo de aire producido por la exhalación permite arrastrar las partículas de menos de 32 micras por encima de la altura de emisión, lo que genera una nube con una alta capacidad para mantenerse en suspensión y ser dispersada a distancias significativas por las corrientes de aire ambientales.
Por su parte, las partículas más grandes tienen un alcance muy limitado que no se ve alterado por el efecto de la evaporación durante la trayectoria hacia el suelo. Asumiendo valores de carga viral habituales en una enfermedad infecciosa, los datos han permitido obtener un mapa de la concentración de partículas víricas en torno a la persona infectada después de que haya tosido.
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*Foto de portada: James Gathany – CDC Public Health Image library
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