Bésame Mucho
Nos está tocando vivir una época tan extraña como una serie distópica, donde abrazar, besar y tocar son fuente de alivio y al mismo tiempo: una amenaza
Por María Teresa Juárez @
19 de febrero, 2021
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La necesidad de contacto físico es inherente a la condición humana. Cuando nacemos, gusto y olfato nos comunican con el mundo exterior. Nuestra boca nos conecta con la sabiduría del mundo a través del primer alimento: la leche materna. Nos nutrimos con el contacto corporal: texturas, formas, temperatura, afectos, erotismo… el contacto físico ha formado parte de nuestra evolución como especie. 

Bésame Mucho

En marzo cumpliremos un año desde que nos confinamos por primera vez, desde entonces la “Sana Distancia” se ha transformado en nuestro cotidiano. De un día para otro… soplar las velitas de nuestro pastel, abrazarnos, saludar de beso, asistir a conciertos o simplemente departir con amistades y familia en una reunión social, ha sido limitado por razones de salud púbica. Es una medida de prevención necesaria y eso está muy bien, sin embargo, la falta de contacto físico está dejando huella en personas de todas las edades y condiciones. 

Durante estos meses se han publicado un sinnúmero de informes globales sobre los efectos de la COVID en nuestra salud mental. Ante la falta de cercanía, en varios países, personal de salud ha diseñado formas novedosas para que las personas tengan contacto físico: afuera de un hospital público del Estado de México, dos pequeñas esperan a su madre luego de su larga jornada laboral como enfermera. Le reciben envueltas en plástico, con un ramo de flores.

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En un asilo de Madrid, un hombre abraza a su madre —confinada desde la primera ola— también hay una cortina de grueso plástico con dos espacios para introducir los brazos y hacer de este encuentro, una experiencia más cercana. Ambos lloran, se abrazan, cierran los ojos con ternura… ¡por fin se han encontrado!

¿Y qué ha pasado con las miles de historias de personas que no pudieron ver más a sus seres queridos? Algunos han regresado convertidos en cenizas, sin posibilidad de una despedida. Esto sin mencionar la incuantificable pérdida de seres queridos sin rituales funerarios. En varios casos los servicios religiosos se llevan a cabo vía virtual, y quienes aún han tenido la fortuna de estar presentes, lo hacen con sana distancia. En una de las indicaciones de un velatorio se lee: “Aforo para menos de 20 personas, se prohíben muestras físicas de afecto, le pedimos tomar una mínima distancia de 1.5 metros. Por su comprensión, ¡gracias!”

La guerra silenciosa

Muchos han comparado este momento con una guerra, una silenciosa, rotunda y extenuante guerra en la que hemos perdido libertades, afectos y espacios. 

Se dice que, durante las guerras más cruentas, se dan los encuentros amorosos más intensos, y también, las separaciones más desoladoras. Al parecer, nos está tocando vivir una época tan extraña como una serie distópica, donde abrazar, besar y tocar son fuente de alivio y, al mismo tiempo: una amenaza. Y en esta paradoja seguimos flotando con nuestros anhelos, deseos y nostalgias de un mundo que no volverá a ser el mismo. 

Una de las canciones que marcó el siglo veinte fue: Bésame Mucho, su punto de inflexión lo encontró justo en los momentos más álgidos del siglo poco antes del comienzo de la Segunda Guerra Mundial. Fue en ese entonces cuando el tema sonó en las radios de América Latina y en las zonas de habla hispana más importantes de Estados Unidos. Su éxito fue tal, que pronto fue traducido al inglés y se transformó en un tema emblemático para los soldados que se alistaban a participar en la guerra y dejaban relaciones amorosas en una incierta pausa, algunas ocasiones… para no volver más.  

Una adolescente escribe sobre besar y amar

Hasta ese momento nadie habría imaginado que fue una joven mujer mexicana quien regalaría al mundo uno de los temas más apasionados de la historia. Originaria de Ciudad Guzmán, Jalisco, Consuelito Velázquez mostraría gran talento desde su más tierna infancia. A los cuatro años ya mostraba grandes dotes musicales y a los seis ingresa a una escuela de música. Es en la adolescencia cuando hace su primera presentación como concertista de piano en Bellas Artes.

Según Mariano Rivera Velázquez, hijo de la compositora, la letra de la canción fue escrita en el año 1932 —cuando aún tenía 16 años— pero, la concluiría hasta el año 1940, justo en los álgidos tiempos de la Segunda Guerra Mundial. 

Cuenta la historia que Consuelo Velázquez, se sentía particularmente conmovida ante las historias de separación de miles de parejas que debido a la guerra, tuvieron que decir adiós con un beso de despedida… quizá el último. 

Esta reflexión permitiría concluir su obra a Consuelo Velázquez. Y es a partir de este momento, que se detonaría uno de los fenómenos más interesantes de la escena musical internacional con este tema. 

Es en los años 40, con la interpretación del norteamericano Andy Russell, cuando el tema se da conocer internacionalmente. La aceptación fue tal que permaneció en los primeros lugares de la radio estadounidense, por más de 14 semanas. 

Este tema ha formado parte de la banda sonora de una veintena de películas; artistas como Paul McCartney, Elvis Presley, Cesária Évora, Pedro Infante, Nat King Cole y Avalon Jazz Band la han llevado a lugares insospechados. 

De Bésame Mucho se han grabado versiones en japonés, inglés, francés, alemán, chino, coreano y ruso. Y también se ha adaptado a géneros musicales como el hip-hop, mambo, salsa, rap, bachata, jazz y balada.

Siempre quedará en la historia la confesión que hiciera alguna vez Consuelo Velázquez, respecto a que ella compuso esta canción antes de ser besada por ver primera. 

Bésame Mucho es considerada una de las canciones más populares del siglo XX. Consuelo Velázquez muere a los 89 años en la Ciudad de México en enero del año 2005, dejando un de canciones más legendarias de todos los tiempos. Nos hereda un tesoro de anhelo y eternidad. 

La canción que aún está por escribirse

Ante esta imparable hambre de contacto físico, de besos, de esperanza y cercanía nos preguntamos: ¿Cuáles serán las canciones que darán esperanza y fuego a una época como ésta? ¿Inventaremos nuevas formas de cercanía física, emotiva? ¿nuevos rituales? ¿volveremos a soplar las velitas en el pastel de cumpleaños, volveremos a besarnos sin miedo al contagio?

¿Será cierto, como dicen las voces expertas que cuando esto por fin termine vendrán los alocados años veinte del siglo veintiuno? 

Aún aguardamos a la poeta que escriba la canción más memorable, de una era en la que anhelamos el reencuentro con nuestras personas amadas. Una letra que aún está por escribirse… un poema dedicado esta pausa sin fin, nostalgia de las sonrisas sin cubrebocas, las caminatas al aire libre, los juegos en el patio de la escuela y los encuentros libres de plástico, alcohol gel y sana distancia. 

Bésame Mucho:

 

*Foto de portada: Gerd Altmann | Pixabay

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María Teresa Juárez