La Vocera, una reflexión del desarrollo y la organización desde los pueblos originarios
El camino de Marichuy en 2018, buscando la candidatura presidencial, puso el foco mediático en las comunidades indígenas y sus problemas, muchos de ellos relacionados con megaproyectos
Por Fernando Merino Noriega @FerMerinoN
17 de diciembre, 2020
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Los pueblos originarios de México se han enfrentado a la imposición de megaproyectos: desde desarrollos turísticos en Yucatán que desplazan a las y los mayas, hasta un gasoducto en Sonora que invadió comunidades yaqui para alimentar a termoeléctricas en Sinaloa; en ambos casos, y en otros más, las comunidades se han organizado para defender su libre determinación y el territorio. Estas son algunas luchas que se muestran en el documental La Vocera, de la directora Luciana Kaplan.

El largometraje muestra la travesía de María de Jesús Patricio, Marichuy, para juntar las firmas necesarias y obtener el registro como candidata independiente a la presidencia de México, en las elecciones de 2018. Aunque el tema central es su viaje, de forma constante se muestra la resistencia y organización de los pueblos originarios en contra del extractivismo fomentado por el Estado, y las formas en las que se han organizado para atender ese problema. 

El título que el Consejo  Indígena de Gobierno (CIG) le otorgó a Marichuy fue el de vocera más no el de candidata presidencial: “vamos a caminar al estilo de los pueblos indígenas, con apoyo de la gente”, dijo la vocera en el edificio del INE frente a las personas que la apoyaban. Su búsqueda era ser la voz de la nación, pues gobernaría de la mano de las personas indígenas y de todo México, explica ella misma en la pieza audiovisual.

Para juntar las firmas, Marichuy, una mujer nahua de Jalisco, tuvo que recorrer miles de kilómetros. En sus mítines las típicas promesas partidistas estuvieron ausentes, pues el trabajo de comunicación se dio desde la horizontalidad: escuchando a todas y todos; muestra de ello es el constante uso de “nosotros” en lugar del “yo”, y el hecho que la vocera no era la única que hablaba durante la gira sino también las mujeres de las comunidades que visitaban, quienes compartían los problemas que les afectan. 

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Pese a que Marichuy no obtuvo el registro, pues apenas reunió el 32.5 por ciento de las firmas necesarias, en gran parte por la falta de acceso a tecnología que permitiera a las y los voluntarios recabar las 866 mil rúbricas, el hecho de que por primera vez una mujer indígena buscara la presidencia puso el foco a un tema discutido por los pueblos originarios durante años: la idea de desarrollo que se vale de la destrucción de la naturaleza para construir megaproyectos, la cual ha sido repetida gobierno tras gobierno.

“Nos dimos cuenta y se hizo descaradamente visible que para aparecer en la boleta electoral se necesita garantizar que somos igual o peor que ellos [los partidos políticos]. Si acordamos algo debe ser con los políticos corruptos, con las empresas extractivas, con los banqueros, con los cárteles de la droga pero nunca jamás con el pueblo de México”, dijo  Marychuy después de que el INE no le otorgara el registro como candidata independiente a la presidencia de México.

El 2018 fue la primera vez que ciudadanos y ciudadanas pudieron aspirar a la presidencia de México por la vía independiente, derecho al que sólo pudieron acceder Margarita Zavala, ex panista; Jaime Rodríguez El Bronco, ex priista; y Armando Ríos, ex perredista; aunque de acuerdo con el INE un gran número de las firmas con las que obtuvieron el registro presentaban irregularidades.  

Luciana Kaplan, junto con Carolina Coppel y Paola Stefani, acompañó a la vocera durante toda esa travesía. La directora explica en entrevista para LADO B que el documental “es una ventana para asomarse a ver todas las realidades [de los pueblos originarios], en las que muchas personas, y sobre todo mujeres, están organizadas y luchando”, y considera que la  lucha es muy digna,  importante y  está invisibilizada.

La búsqueda por el registro a la candidatura culminó hace casi tres años, pero el documental sigue vigente pues “es una manera de entender el país en el que vivimos”, cuenta Luciana, ya que La Vocera funge como una radiografía de México que se “puede entender a través del despojo del que muchos no estamos enterados”, y que nos muestra que vivimos es un país en el que la discriminación y racismo están presentes aún.

Después de acompañar a Marichuy por su recorrido, y de poder conocer las realidades de diferentes pueblos originarios, Luciana Kaplan abunda que la lucha por la vida es la principal preocupación de las personas indígenas, pues defender el territorio ha provocado asesinatos y encarcelamientos de quienes se oponen a los megaproyectos.

Entrelazar historias 

Los ideales de los pueblos originarios se ven reflejados en historias que acompañan la narrativa de la búsqueda del registro, y por cambiar la forma de hacer política para apostar por una propuesta colectiva. Luciana narra que no sólo presenciaron la defensa del territorio durante el viaje, sino también la participación de las mujeres y la organización de los pueblos originarios: “había tantos temas que tuvimos que ir definiendo qué es lo que iba entrar”, cuenta. 

“Si el progreso es destruir [la naturaleza] para construir [megaproyectos] hay que empezar a cuestionar qué implica ese progreso porque [sólo se está beneficiando a las empresas]”, fueron consignas que Luciana y el equipo escucharon durante todo el viaje, razón por la cual, además de documentar la gira de la vocera, decidieron contar historia atravesadas por un hilo conductor: la imposición  y el olvido del Estado. 

Así, conocemos la historia de Fidencio Aldama, un preso político que se opuso a que un gasoducto ─que pretendía transportar combustible de Arizona a estados del pacífico mexicano─  se instalara en Loma de Bácum, territorio yaqui. Esta secuencia no se grabó durante la gira de Marichuy, explica la directora, pues en el viaje conocieron a muchas personas que apoyaban a la vocera y que habían experimentado las imposiciones de los megaproyectos pero por el ritmo acelerado de la gira no pudieron profundizar en los casos; tiempo después regresaron a grabar esos testimonios. 

La historia de Víctor Adolfo Molina Vázquez, un joven de 18 años que murió por un balazo que le propinaron en una confrontación en por el gasoducto, también es otra narrativa que acompaña el largometraje; ambas historias no son ajenas a Puebla, pues en la entidad también hay comunidades resistiendo a megaproyectos

El construir la narrativa de La Vocera fue complicado, cuenta Luciana. En primer lugar porque fueron más de dos años de filmación y, en segundo, porque hay un personaje principal y otros secundarios “pero las historias se fueron trenzando tras un largo proceso de edición”.

La política de los pueblos originarios, diferente a la tradicional 

Marichuy decía siempre: no es que estemos haciendo a un lado a los hombres pero ya han hablado suficiente y ahora vamos a hablar nosotras”, cuenta Luciana Kaplan en la charla. En la política indígena la mujer ha reclamado su lugar y lo ha conseguido hasta cierto punto ─aunque aún falta un largo camino─, y muestra de eso es que la primera persona que el CIG nombró como vocera fue a una mujer.

Las decisión de nombrar a Marichuy como vocera fue tomada a través de una asamblea que  escuchó a todas las comunidades que conforman el Congreso Nacional Indígena (CNI), lo cual no fue tan sencillo como suena, explica la directora de La Vocera, pues –contrario a lo que se piensa– los pueblos originarios son un mosaico cultural, aunque muchas veces se les ha asignado una identidad homogénea

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Con la llegada de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia el extractivismo del territorio indígena no cesó, pues el Tren Maya, uno de los proyectos insignia de este gobierno, amenaza a cinco estados (Campeche, Chiapas, Tabasco, Quintana Roo y Yucatán) con una gran presencia de pueblos originarios, por lo que algunas comunidades –como Xpujil, en Campeche o Ch´ol en Chiapas– han promovido amparos para evitar el avance de esta obra que pone en riesgo a la fauna y la flora de la región.  

Se piensa que con el nuevo gobierno las comunidades indígenas están felices porque hay una nueva visión, lo cual no es cierto: al contrario, la gente está más preocupada y aunque esto no se llega a ver en el documental, porque termina antes de que Morena suba al poder, al final se deja claro que [los pueblos originarios] continúan en lucha en contra de los megaproyectos”, explica Luciana. 

La directora considera que aunque estos problemas parezcan aislados y que sólo competen a las gente de los pueblos originarios, la verdad no es así pues las afectaciones al agua, a la tierra o a la atmósfera terminan afectando a toda la población, y las comunidades son las que han asumido todos los costos por evitar la instalación de megaproyectos. 

“Si destruimos el territorio no sólo va afectar a las comunidades indígenas y rurales. Si nos quedamos sin agua, sin tierra y recursos naturales eso va afectar a toda la población; nos estamos acabando el planeta”, cuestiona la directora. 

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Luciana Kaplan espera que La Vocera sea estrenada en salas de cine el próximo año, pero destaca que todo dependerá de cómo evolucione la pandemia de COVID-19. Algo que es un hecho es que volverán a recorrer el país, en donde todo el equipo del documental acompañó a Marichuy, para hacer funciones comunitarias y de cierta forma regresarle un poco de lo que toda la gente les brindó en el camino. El largometraje ha tenido buena recepción y Luciana espera que detone muchas reflexiones en quienes lo vean. 

 

Foto de portada: lavocerafilm.com

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Fernando Merino Noriega