Siete años buscando a Marco Antonio Orgen, desaparecido en Huauchinango
Las hijas de Marco siguen la búsqueda de la mano de Uniendo Cristales, primer colectivo en Puebla de familias de personas desaparecidas, dedicado al acompañamiento psicosocial
Por Lado B @ladobemx
17 de noviembre, 2020
Comparte
Aranzazú Ayala / Ray Ricárdez 
@aranhera / @RayRicardez 

“A siete años de la desaparición de mi papá, con un expediente de 13 tomos, dos anexos y más de 13 mil hojas, no tenemos un solo elemento que nos lleve a la ubicación de su paradero”, dice Irma Orgen, quien busca a su padre Marco Antonio Orgen Maldonado desde 2013. Durante estos años, la familia de Marco Antonio ha participado en movilizaciones, mesas de trabajo, entrevistas a medios de comunicación y más acciones, sin encontrar una sola pista. 

Su desaparición, cuando tenía 57 años, fue una de las primeras en ser presentadas ante la justicia federal en la entidad. A raíz de lo ocurrido, Irma y su hermana Jocelyn fundaron Uniendo Cristales AC, que actualmente reúne a más de 15 familias de Huauchinango dedicadas a la búsqueda, pero también al acompañamiento psicosocial para personas que tienen un ser querido desaparecido.

Uniendo Cristales AC realizó este 17 de noviembre un acto virtual para conmemorar los siete años de la desaparición de Marco Antonio. Ahí Irma Orgen explicó, acompañada de activistas y expertos en el tema, cómo ha sido el proceso de búsqueda de su padre. 

La búsqueda de Marco Antonio

Foto: Marlene Martínez

“Llegamos puntuales, pero no estaba ahí (…) y nadie sabía dónde estaba; mi papá, Marco Antonio Orgen Maldonado, desapareció el 17 de noviembre del 2013, y desde entonces mi hermana Joselyn y yo, Irma, lo buscamos”, dice la actriz Regina Velarde, interpretando en un video los testimonios de las hijas de Marco Antonio.

Irma cuenta que, desde la desaparición de su padre, acudieron a la ahora Fiscalía General del Estado de Puebla para levantar la denuncia, esperando que se realizaran las investigaciones pertinentes para dar con su paradero. La policía ministerial del estado le pidió a la familia que hiciera cosas que no les correspondía, como entrevistas con personas que pudieran conocer el paradero de su padre.

También puedes leer: Familiares y sociedad civil lideran búsqueda de personas en Puebla

La Fiscalía intentó convencerlas de que los restos de su padre se habían encontrado en la presa de Tenango de las Flores, en Huauchinango, pero finalmente resultó que la osamenta no era la de Marco Antonio.

“Las acciones que se inician por parte de la policía ministerial son ineficientes, sin un protocolo de búsqueda, e investigación lenta; incluso indolentes”, dice Irma Orgen. Por ello, la familia decidió acudir a instancias federales para continuar con la investigación y para enero del 2014, lograron abrir una averiguación previa en la Unidad de Búsqueda de Desaparecidos, hoy Fiscalía Especializada en Investigación de los Delitos de Desaparición Forzada. 

Irma narra que también existieron dificultades en dicha unidad, como las rotaciones constantes de personal (agentes del ministerio público) y la carga excesiva de trabajo en cada ministerio público.  

También puedes leer: Familiares piden justicia para Nadia a tres años de su desaparición

En 2019 acudieron a prisiones, reclusorios y hospitales psiquiátricos en el estado Hidalgo con la finalidad de encontrar a su padre, pero no lo encontraron.

Al día de hoy, la familia tiene más de un año sin un policía de investigación asignado. Este año, cuenta que solamente han tenido una reunión virtual de una hora con la Fiscalía y el 10 de noviembre una presencial. En ninguna, asegura, se presentaron avances significativos en la investigación. 

Simulación y administración del dolor de las familias

Foto: Marco Antonio Orgen | Facebook

Ximena Antillón, investigadora del Programa de Derechos Humanos y Lucha Contra la Impunidad de Fundar, Centro de Análisis e Investigación, asegura que las acciones de búsqueda en este caso y en todos los demás que han acompañado son impulsados por familiares de las personas desaparecidas, no por las autoridades. 

En las fiscalías, cuenta Antillón, se han encontrado con procesos de simulación y con espacios destinados a administrar el dolor y las demandas de las víctimas (refiriéndose a la burocracia que le da a las y los familiares de las víctimas la falsa percepción de un avance que les permite sobrellevar su situación). Para la especialista, las familias, además de cargar con el dolor de la ausencia e incertidumbre, tienen que lidiar con los procesos de revictimización por parte de las instancias encargadas de brindar seguridad y justicia. 

Incluso, Antillón considera que existe un punto en que las instituciones ven a las y los familiares como “enemigos”, propiciando la apatía de los servidores públicos para atender la situación. Asegura que siempre enfocan la responsabilidad a las víctimas y nunca exigen a sus superiores.

Juan López Villanueva, abogado, notario y actuario especializado en derecho penal internacional y miembro del Grupo Autónomo de Trabajo de Coahuila para el cumplimiento de las recomendaciones de la ONU en materia de desaparición forzada de personas, aseguró en el evento que el contexto social en el que se da la desaparición de Marco Antonio está protagonizado por la existencia de bandas delictivas y la ausencia del gobierno local, estatal y federal en la región de la zona norte de Puebla. 

El abogado explica, además, que el actual Protocolo Homologado para la Búsqueda de Personas Desaparecidas y No Localizadas, mismo que pretende dar certeza jurídica y técnica a las familias, todavía no está implementado con acciones concretas. Todo lo que han logrado las familias en estos años ha sido gracias a sus labores de búsqueda, explica. 

También puedes leer: “Alguien va a regresar a casa, aunque no en las condiciones que quisiéramos”

“El Estado mexicano no tiene una fórmula para poder abordar científica, criminalística y  criminológicamente cada una de las desapariciones que acontecen [casi 80 mil, de acuerdo con él] en el país”, dice López Villanueva. Las familias no tienen la posibilidad de salir de esta situación si no es por su propio esfuerzo, considera. Ni la Fiscalía del Estado de Puebla, o incluso la Fiscalía General de la República, tienen la capacidad para investigar, asegura.

Él plantea acciones pertinentes para este caso: la revisión de las líneas de investigación con los familiares; la ubicación de bandas de secuestro que operaban en ese entonces en la región, la revisión de su dinámica criminológica, y también investigar las negligencias de las autoridades que atendieron el caos en su momento.

El acompañamiento entre pares

Mariel Anahí, integrante de Uniendo Cristales, explica que desde la organización, en conjunto con más colectivos, proponen un modelo de acompañamiento psicosocial en el cual las familias de personas desaparecidas están en el centro, visibilizando sus sufrimientos colectivos generados por hechos de violencia, bajo un proceso que tiene como objetivo comprender, prevenir, amortiguar, manejar y gestionar los daños e impactos emocionales. 

Este modelo busca que sean los propios familiares quienes se apoyen y acompañen mutuamente, pues conocen sus necesidades y todas las etapas de un proceso de búsqueda. No es lo mismo una persona que lleva un mes buscando que quienes tienen ya un proceso de cinco o siete años. 

El concepto también pone a las familias en el centro de las necesidades de búsqueda, es decir, que sean quienes lleven la agenda, el ritmo y las acciones de búsqueda.

“Nosotros, ni nadie, puede decirle a una persona que deje de buscar, esto es inconcebible; ellos van a seguir buscando”, sentencia Mariel.

 

*Foto de portada: Desaparecidos | YouTube

Comparte
Lado B
Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : [email protected]