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Enviado el 24/11/2020 La controversia del CONACYT 🔥
Por Lado B @ladobemx
24 de noviembre, 2020
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   Buen día, querida #ComunidadLadoB 

En una entrevista de hace cuatro años, el periodista de ciencia español Antonio Calvo llegó a comentar sobre el estado de la especialidad en España: “…hay una tendencia a convertir todo el periodismo científico en información sobre descubrimientos, inventos… y escasea el periodismo sobre política científica… quizá porque no la hay.”

Años después, la pandemia trae por primera vez noticias de ciencia, economía y política entrelazadas en primera plana diariamente por varios meses consecutivos. Quizá llegó el momento de ver la ciencia como una institución con poder e influencia, algo que se nos había escapado.  

La controversia alrededor de las acusaciones de corrupción al interior de las pasadas administraciones del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología, en supuesto contubernio con diversos organismos privados, tienen sumida en una guerra de dichos a las partes involucradas, tanto por las controvertidas decisiones y política maniquea de la Dra. María Elena Álvarez-Buylla (quien al parecer no ha presentado correctamente las evidencias de sus dichos), como las inquietudes de todos los miembros de la estructura de investigación y desarrollo científico en el país sobre su futuro inmediato.

El retiro de apoyo financiero a investigadores de instituciones privadas ha sido tan solo uno de los últimos episodios en el melodrama de la ciencia y tecnología en México.

Sin embargo, y esto hay que precisar, si bien todo este sainete de formas autoritarias, falsas acusaciones y en general un manejo cuestionable de la comunicación institucional de la ciencia resulta inaceptable, lo cierto es que la dinámica impuesta por la pandemia, hace urgente y necesaria una revisión del sistema científico a nivel nacional y global, como se ha pedido por más de 40 años desde la filosofía de la ciencia, a la luz de la crítica hecha por Paul Feyerabend, quien sigue siendo visto como uno de los villanos favoritos señalado por la comunidad científica por su feroz crítica al establishment de la especialidad.

El pensamiento de Feyerabend parte de una perspectiva, si me lo permiten, ‘hacker’; hay que encontrar las fallas en un sistema e intervenir para mejorar el rendimiento del mismo. La ciencia como sistema ha recibido apoyo financiero y respeto social, esto a pesar de múltiples ejemplos de negligencia en sus procedimientos, opacidad en su funcionamiento y hostilidad hacia sus críticos. Sus instituciones más influyentes eluden cualquier evaluación o juicio por parte de cualquier otro elemento de la sociedad, cuentan con apoyo mediático y sin escrutinio en sus finanzas; la ciencia es “respetable” per se de acuerdo con la convención social.

El argumento es que esta “inmunidad” de la que goza es necesaria, dice la comunidad científica, para dar resultados, algo así como “no te metas, yo sé lo que hago”. Quienes se han atrevido a señalar sus errores han pagado muy duro el precio. Para Feyerabend esta actitud era propia de una ideología, como ocurre con la religión; las ideologías, como los cuentos de hadas, “aunque interesantes pueden tener reglas poco prácticas para la vida y establecer falsas creencias”. La ciencia puede ser una ideología. Las ideologías pueden convertirse en religiones o dictaduras. Y una lealtad a la Verdad (con mayúscula) de una ideología, en este caso de la ciencia, no es sino la defensa dogmática de tal ideología.

La ciencia sólo tendrá un progreso significativo cuando cambie sus propios paradigmas sobre el dominio de la verdad. Daniel S. Greenberg, escritor, editor, periodista de ciencia estadounidense (1931-2020), mencionaba que muchos profesionales del periodismo de ciencia ven su propio trabajo como un esfuerzo a favor de la causa de la investigación [científica], asumiendo no el papel de informadores, sino de divulgadores o difusores, es decir informando como voceros, desde adentro, una consideración que muchos investigadores esperan se haga así por siempre. Sin embargo “la ciencia, y el esfuerzo científico en general, es un grupo de interés político como cualquier otro, y se comporta como cualquier otro, y habrá que cubrirla a nivel periodístico como cualquier otro”.

Esto que menciono no es a favor de las formas impulsivas de la actual administración del CONACYT, sino para plantear realmente una crítica desde la sociedad a la ciencia y una autocrítica dentro del inamovible sistema de la ciencia y tecnología en el país.

¡Hasta la siguiente semana!
Saludos
Gerardo S.
@sifuentes

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