Knives Out: las reglas del crimen, a favor de Rian Johnson
Por Lado B @ladobemx
13 de febrero, 2020
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Foto tomada de YouTube

Héctor Jesús Cristino Lucas

Antes que nada, quiero jactarme cínicamente de aquellos que apostaron a que 1917 iba a ser la máxima ganadora en estos Academy Awards 2020. Que su plano secuencia esto, que su iluminación aquello. ¡Jaaa y más jaaa! Larga vida a Parasite de Bong Joon-ho, que muy merecida se lo tiene. Ahí madre.

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Pero volvamos a lo nuestro. 

Para muchos ñoños resentidos, Rian Johnson se ha vuelto “uno de los peores directores de la historia del cine” solo por haber dirigido la polémica e incomprendida The Last Jedi (2017). El gran estigma de odio y humillación que injustamente carga la franquicia Star Wars por haber dividido tanto a sus propios adeptos. Algo que desde el Jar Jar Binks de Lucas, no había ocurrido con semejante potencia.

No obstante, lo que pocos entienden es que esa dichosa película no era una entrega más del montón; una cinta por encargo como acostumbra J.J. Abrams… sino una versión personal del director. 

Porque una de las claves para entender el tan abucheado Episodio 8 -además de ignorar ese estúpido halo de fanboy lloriquetas que todos se cargan- es entender que cada una de sus películas no entran con exactitud en las propuestas convencionales del gran mercado hollywoodense, sino, más bien, en las tendencias intimistas de lo netamente inclasificable; de lo que podríamos llamar sin afán a lo académico, “cine de autor.” He ahí la razón por la que tuvo tanta libertad creativa pese a tratarse de la propia cadena Disney.    

Es decir, si Rian Johnson nos entrega de pronto una película de algún género determinado no significa realmente que vaya a seguir las reglas de este al pie de la letra como haría cualquier otro director. Al contrario, utilizará cada elemento para crear no solo un estilo propio, también un lenguaje capaz de desafiar a su propia audiencia sin tratarla precisamente como un idiota. 

Desde aquel alucinante corto que realizó durante su faceta como estudiante en 1996, Evil Demon Golf From Hell, tan surrealista como extravagante y que debimos tomar como una suerte de carta de presentación… esta ha sido una de sus máximas filosofías como cineasta: entregar un desafío argumental para quien mira. Salir de lo eternamente predecible. No dar siempre lo esperado. 

El ser complacientes, según Rain Johnson, es un grave error. 

La regla aplicada en The Last Jedi, que desafió a los fans, pero que lamentablemente casi nadie comprendió. No obstante, esto lo podemos encontrar de la misma forma en todas sus películas.

En la ciencia ficción, por ejemplo, no solo con un Star Wars maduro, entre escalas de grises, que cuestionó lo estipulado por el propio George Lucas y su concepción clásica sobre “el bien y el mal”; también, en el campo de los viajes en el tiempo, con su fascinante Looper (2012) que usó viejas premisas como las vistas en Terminator (1982) para entregar una suerte de distopía mezclada con thriller policial de lo más fresco y alucinante.

¡Con un Joseph Gordon-Levitt imparable y un mucho mejor Bruce Willis como salido de serie! Esto no es ninguna Back to the future (1985) ni mucho menos… esto es Rian Johnson en su máxima potencia. 

Y en el caso del género neo-noir o cine detectivesco, tanto con una portentosa opera prima como lo fue la estupenda Brick (2005), que era capaz de mezclar intriga juvenil muy propia del cine teen, mafia y suspenso de corte Dashiel Hammet; hasta lo que nos entrega recientemente con la aclamada Knives Out como un nuevo vistazo a aquellas cintas clásicas de misterio y crimen policial. Esta es la muestra definitiva de que no solo tratamos con un cineasta talentoso sino injustamente incomprendido. 

Porque lejos de entregarnos la clásica película detectivesca que intenta regodearse en la premisa de un asesinato que debe resolverse, lo que pretende, más bien, es reinventar todo este género y sus reglas a su propia manera. Lo que me parece desde el vamos, brillante por donde quiera verse. 

Pero ojo, que no es precisamente lo que parece. No estamos ante una obra pretenciosa que quiera dar cátedra académica al ya clasiquísimo cine neo-noir, sino homenajearlo con el único propósito de aportar un granito de arena lo suficientemente digno como para abrir otra vertiente. 

Es decir, lo que en un principio parecería un intento desesperado por arrastrar las historias de crimen más famosas de este género, como lo son las novelas de la mismísima Agatha Christie, pero a un terreno más contemporáneo, el cineasta solo nos mete en ese contexto, junto a todas sus reglas, para hacernos parte de este malévolo plan. Para hacernos creer, de hecho, que ya conocemos de qué va esta historia y no hace falta indagar más de la cuenta.  

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No solo nos engaña ofreciéndonos la misma premisa de un asesinato ocurrido en extrañas circunstancias; no solo con la idea de un montón de sospechosos dentro de un mismo escenario; o el típico arco del detective quisquilloso que intenta resolver el caso a través de sus métodos deductivos. Knives Out hace que las reglas de Christie se alteren; que choquen o se golpeen; cada vez más fuerte; de un lado a otro, para ofrecer nuevas dimensiones.

Porque a decir verdad, y salvo a escasas excepciones, como el espléndido thriller de El Cuerpo (2012) de Oriol Paulo o la loquísima Tusk (2014) de Kevin Smith -con un Jhonny Depp haciendo de detective francés- ya no se han visto cintas de este tipo que propongan algo diferente o cuanto menos interesante para intentar reinventar este género.  

Hace no mucho, de hecho, hasta tuvimos una nueva adaptación cinematográfica del libro de Agatha Christie Murder on the Orient Express dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh, que pese a contar con un elenco de infarto, incluyendo a Michelle Pfeiffer o Williem Dafoe… aceptémoslo, no era la gran cosa ni mucho menos. Faltaba gracia, espíritu, ¡fuerza a la trama!

O quién sabe, tal vez la fórmula estaba demasiado polvosa como para poder replicarse con éxito en nuestra época. 

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Sin embargo, con Knives Out esta misma fórmula da un giro inesperado: donde el asesinato no se mantiene como misterio pues es aclarado a la media hora del metraje y donde todo radica en el desconocimiento total o parcial de su trama. Donde las motivaciones de quién mueve estos hilos son mucho más elaboradas de lo que parecen o donde la ambientación clásica de aquellas novelas de época se conjuga de manera maravillosa con elementos propios de nuestro siglo. 

Mientras, les rinde un impactante tributo a aquellas obras similares tanto de carácter cinematográfico como literario, sin olvidarse de que se trata de una cinta de este tipo. Lo que termina volviéndola una película metadiegética consciente de lo que es, porque versa precisamente en aquello de lo que narra. “Sobre un escritor de novelas de misterio que misteriosamente muere en extrañas circunstancias.” Algo parecido a lo que fue Scream (1997) de Wes Craven para el cine de terror, por ejemplo. 

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Por momentos, muy cercano al suspenso y a la intriga de Alfred Hitchcock con cintas como Dial M for Murder (1954) pero combinada con el espíritu detectivesco más primitivo del que se tenga memoria: ya sea con un Sherlock Holmes de Arthur Conan Doyle a través de sus exquisitas tramas rebuscadas o con un evidente Murder on the Orient Express como su máxima inspiración. 

No por nada, el hilarante personaje de Benoit Blanc -magníficamente interpretado por Daniel Craig- es una suerte de referencia al mítico detective Hércules Poirot que vemos constantemente dentro del universo de Agatha Christie.

Y si a todo esto le añadimos las impactantes actuaciones, nos topamos con una película francamente completa. Desde el argumento -que no por nada le valió una nominación a Mejor Guión Original en los últimos Academy Awards- hasta la última maldita interpretación engendrada por su reparto. 

Empezando por la actriz cubana-española Ana de Armas, que la vengo siguiendo como loco enamorado desde cintas emergentes poco conocidas como Madrigal (2007) o El Callejón (2011), hasta superproducciones de la talla Blade Runner 2049 (2015) con Dennis Villeneuve. ¡Pero aquí está irreconocible! 

No solo alcanza un nuevo nivel de profesionalismo por dominar casi toda la película como un importante protagónico; también lleva en sus espaldas una arriesgada, pero ingeniosa carga de humor que curiosamente termina funcionando gracias a ella. 

Y ese es otro punto que vale la pena discutir. Knives Out, pese a tomar con fuerza todas esas novelas de misterio sobre crímenes escabrosos, no termina regodeándose plenamente en ellas para engendrar suspenso. Más bien, recurre a su encantador, pero variopinto grupo de personajes para saltar a otros géneros como a la sátira y al humor negro e intentar así conseguirlo.

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Ya sea con el de Ana de Armas, como la inocente enfermera Marta Cabrera a servicio de una excéntrica familia multimillonaria, cuyo encanto es jamás develar de dónde demonios es originaria, porque funge como un poderoso elemento satírico: ridiculizar a este grupo de personajes de origen norteamericano que creen que los latinos son iguales porque cada uno de ellos, como chiste recurrente, confunde su país de origen: ¿Ecuador, Honduras, Cuba? ¡Da igual! Pero he ahí la gracia. El personaje “menos trascendente” termina siendo el más importante de la trama. 

O incluso el de Jamie Lee Curtis -la Scream Queen por excelencia- como Lynda Drysdale o Toni Collete como Joni Thrombey, encargadas en develar el clásico arco sobre diferencias familiares cuyos impactantes secretos irán adquiriendo de pronto un nivel tan absurdo como francamente ridículo. Pero en el buen sentido de la palabra.  

Mientras vemos, por supuesto, la enorme lista de pecados a favor de esta extravagante historia de thriller policial que lejos de volverse una radiografía sobre la maldad humana, solo pretende ridiculizarla a su justa manera: desde engaños, infidelidades, xenofobia, racismo y el tan molesto pero recurrente abuso de confianza. Todo adornado con un humor tan propio como desquiciadamente intimista.  

Señores, Rian Johnson no debería disculparse por ofrecer una película tan injustamente incomprendida como lo fue The Last Jedi (2017). Más bien deberían ser los fanáticos llorones que creen saberlo todo los que se disculpen por despreciar a un director de semejante talla. Y es esta película de hecho, la prueba definitiva de su enorme genialidad. Una genialidad que si bien aún no se ha reconoce del todo, está ahí… innovando tras cada propuesta. 

Knives Out como película potente, se resumen en “locura desenfrenada”. Las reglas del crimen, a favor de Rian Johnson. 

Sinopsis:

“Benoit Blanc, un detective implacable, investiga la muerte de un anciano escritor de novelas policíacas en la mansión del difunto. Benoit tendrá que sortear las trampas y mentiras que la excéntrica familia y los sirvientes del novelista han urdido.”

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