Seguridad humana y su significado desde lo ambiental 
La seguridad ambiental en este caso es pues una condición necesaria para lograr la seguridad humana, para la paz y para la seguridad internacional
Por Lado B @ladobemx
27 de mayo, 2018
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Descargas del Atoyac.
Foto: Luis Colchado

Dra. María Eugenia Ibarrarán Viniegra y Mtro. José Luis García Aguilar

En el México de estos tiempos, las preocupaciones sobre la inseguridad imperante generada por altos niveles de violencia son algo cotidiano. Muchas veces la percepción de inseguridad es mayor si, quien debe garantizarla, el Estado, falla en esa misión primigenia. Esto quiere decir que el Estado debe ser lo suficientemente fuerte, aunque limitado por un marco constitucional que evite que se vuelva autoritario, para enfrentar las amenazas tanto internas como externas al mismo Estado y a sus ciudadanos.

A nivel internacional, el fin de la Guerra Fría y los cambios que conllevó la transformación de poder internacional generó también un cambio en las nociones de lo que significaba la “seguridad”, sobre todo cuando éstas giraban en torno a las amenazas militares. Así, por ejemplo, Jessica Tuchman Matthews, en 1989 señalaba que bajo el nuevo entorno internacional, las preocupaciones económicas, la degradación ambiental y los asuntos demográficos eran preocupaciones serias para la seguridad nacional e internacional. Lo anterior es muy válido para entonces y para hoy. Así, muchos otros estudiosos han contribuido a la génesis del concepto “seguridad humana”, que proviene de los años posteriores al fin de la Guerra Fría y surge de la preocupación por los acontecimientos que estaban sucediendo en diferentes países a partir de los años 90: Somalia, Rwanda, Haití, la ex-Yugoslavia, entre otros, y cuya característica principal fue que en todos los casos no solo se observó una crisis humanitaria que tenía que ver con hambrunas, violaciones masivas de derechos humanos y “limpieza étnica” sino también con un colapso del Estado, entidad que, supuestamente, debe velar por la seguridad de sus ciudadanos. Si el orden internacional anterior, el de la Guerra Fría, se caracterizó por la confrontación ideológica y las preocupaciones militares, el nuevo orden presentaba la necesidad de la redefinición del concepto de seguridad más allá de las preocupaciones anteriores. Lo anterior es indicativo de la necesidad de un cambio de enfoque y aquí es fundamental subrayar que, en los tiempos actuales, toda política de seguridad debe contener principios de seguridad humana en sus diferentes variantes como lo establece la ONU desde 1993: “La seguridad humana enfatiza la seguridad de las personas. Toma en consideración el desarrollo humano, la alimentación, el empleo y el medio ambiente”.

Para 2012, el concepto evolucionó «al derecho de las personas a vivir con libertad y dignidad, sin pobreza ni desesperación. Todos los individuos, en particular los más vulnerables, tienen derecho a vivir sin miedos ni carencias, con igualdad de oportunidades para gozar de todos sus derechos y desarrollar plenamente su potencial humano”. La autora inglesa Mary Kaldor lo expresa de esta manera: “la seguridad humana es acerca de los individuos y de la comunidad en la que viven… es acerca de la interrelación entre la liberación de miedo y la liberación de la necesidad y acerca de evitar la inseguridad física y material e implica garantizar el estado de derecho”.

Está claro que el cambio de objeto referente de la seguridad-  de ser Estado-céntrica a estar centrada en el ser humano-, significa un cambio conceptual importante. Pero, ¿qué temas de la agenda internacional global se abordarían? En 1991 el autor Barry Buzan nos da la clave al dividir el campo de la seguridad en cinco “sectores”: militar, político, económico, social y ambiental. Nos enfocaremos en este último.

La seguridad ambiental se puede definir como la protección de las personas de los efectos de los eventos naturales de corto y largo plazo, de los riesgos creados por otros seres humanos y del deterioro ambiental. Bajo este contexto, los retos a la seguridad ambiental son, en principio, la degradación ambiental misma, como la destrucción de la capa de ozono, la destrucción de bosques, la erosión, la desertificación y la contaminación. Todos estos tienen efectos sobre la seguridad, algunos a nivel local, otros a nivel regional.

Sin embargo, hay un factor que tiende a potencializar los efectos de la degradación ambiental a nivel global: el cambio climático. Este, por su escala, tiende a afectar las condiciones de vida, y muchas veces de sobrevivencia misma, de un amplio sector de la población mundial. Hoy por hoy, la población de Estados Insulares Pequeños, de países con amplias zonas inundables como Bangladesh y Holanda, así como de zonas costeras en prácticamente todo el mundo, incluyendo México, están en riesgo. Los efectos del cambio climático pueden afectar la producción, el acceso a alimentos, el empleo, las condiciones de pobreza, la migración, así como el cumplimiento de los derechos a agua, salud, alimentación y a un ambiente sano. Es crucial este cambio de paradigma, de la seguridad nacional a la seguridad humana, y a atender cada uno de sus componentes. La seguridad ambiental en este caso es pues una condición necesaria para lograr la seguridad humana, para la paz y para la seguridad internacional.

Este tema de seguridad ambiental no debemos sentirlo tan ajeno. La Cuenca del Balsas, donde se localiza a su vez el Río Atoyac, está conformada por parte de los estados de Tlaxcala y Puebla, y de Morelos, Oaxaca, Estado de México, Michoacán, Jalisco y Guerrero. Es una fuente importante de agua para más de 7 millones de habitantes. Está altamente contaminada y la población aledaña ya está viendo los efectos de esta contaminación en su salud y en el deterioro del entorno. Los ecosistemas también están sufriendo, y esto cada vez pone más en entredicho la seguridad humana como la hemos definido. La recuperación que se ha propuesto de la vida en el Río Atoyac dentro de 13 años para conmemorar el Aniversario de la Fundación de la Ciudad de Puebla, será solo consecuencia de la restauración de esta Cuenca altamente poblada, y es por tanto un problema de seguridad ambiental, humana y también de seguridad nacional.

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La autora es profesora de la Universidad Iberoamericana Puebla.

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Lado B
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