Lado B
“Cambiar de nombre las cosas”[1]. Dirección escolar y liderazgo
Por Lado B @ladobemx
03 de junio, 2014
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Martín López Calva

@M_Lopezcalva

En la profunda crisis social que hoy vivimos en el mundo y en el país la sociedad parece estar clamando por el surgimiento de líderes que promuevan la transformación en los distintos ámbitos. Al mismo tiempo, las instituciones educativas y los libros de superación personal y de emprendimiento destacan la importancia de un buen líder en la conducción de procesos empresariales, políticos y sociales de éxito.

El ámbito de la educación no es la excepción en esta situación de carencia de liderazgos auténticamente educativos y transformadores de una realidad escolar y universitaria que sigue mostrando resultados negativos. La puesta en marcha de la reforma educativa que ojalá realmente reforme el estado de las cosas en el sistema pone de relevancia el tema de la formación docente de alta calidad pero también la de la profesionalización de la tarea del director escolar como líder en la gestión institucional.

Sin duda es necesario promover las habilidades de liderazgo de los directores escolares para mejorar la situación educativa pero habría que estar muy atentos para poder distinguir qué es lo que se entiende por líder y qué tipo de liderazgo es el que realmente necesita nuestra educación.

Exploremos brevemente algunas nociones operantes de liderazgo:

1.-Liderazgo como moda: Ser líder es lo de hoy, es como ser naturista, ecologista, cantante juvenil o estrella del deporte.  Si no se es, se puede aparentar que se es, que de todos modos “nadie nota la diferencia”. Es por ello que hoy en día se pueden incluso fabricar líderes: no importa la falta total de personalidad o de carisma, no importa la carencia de ideas o proyectos, no importa la ausencia de vocación. Los medios lo pueden todo y una buena campaña televisiva puede hacer líder a quien no lo era en unos cuantos días, semanas o meses.

2.-Liderazgo como voluntad: “Diez reglas para ser líder”, “El que quiere puede”, “El líder más grande del mundo”… las tiendas están llenas de estos libros que ahora clasifican como “autoayuda”.  Desde esta perspectiva, el ser líder sólo depende de querer llegar a serlo, no hay obstáculos que lo impidan, no hay barreras, es cuestión de voluntad y decisión. El que quiere ser líder y sigue unos cuantos consejos prácticos puede llegar a la cima del “éxito”.

3.-El liderazgo como visión: El líder puede también ser visto como el “iluminado”, el que en medio de la oscuridad ve las cosas con la claridad que nadie puede verlas y debe por ello “conducir ciegos de la mano” (Octavio Paz, Piedra de Sol.) a los demás “pobres mortales”. Esta noción de líder como el visionario casi profeta, “el que sabe como hacerlo, es muy popular en nuestro medio social y en el educativo (revísese si no, la noción del maestro tradicional) pero también es muy riesgosa y hemos experimentado en carne propia sus consecuencias.

4.- El liderazgo como imposición: Esta es otra visión muy aceptada. El líder es “el que manda”, el que puede y debe imponer el orden, la disciplina, el estilo y el ritmo de trabajo. La visión del líder autoritario o vertical o autocrático es consecuencia de la cultura de la dependencia y la pasividad y de una noción de hombre como ser pasivo e inclinado a lo negativo y sin embargo sigue estando vigente en muchos ámbitos de nuestro sistema social, político y educativo.

5.-El liderazgo como cohesión y armonía: El líder liberal y bonachón, el que deja hacer a todos según los deseos o caprichos de cada uno, es una reacción lógica frente al líder autoritario pero una reacción desmesurada y poco educativa. Este tipo de líder está tan preocupado por hacerse querer, por mantener un buen ambiente y evitar los conflictos que se olvida de facilitar el trabajo, el orden, la disciplina, la calidad.

6.-El liderazgo como participación: El liderazgo democrático, entendido como promoción de la participación de todos y como tomar en cuenta la perspectiva de los demás es aún escaso en nuestra cultura. Este tipo de liderazgo es sin duda, mucho más positivo que los anteriores dado que se preocupa por una definición de la tarea pero tomando en cuenta a todos y tratando de involucrar a todos en su logro.

7.-El liderazgo como servicio: Este tipo de liderazgo, fundado en una perspectiva humanista, concibe el liderazgo como un servicio a los demás. A partir de la etimología de lo que es autoridad (hacer crecer), este enfoque señala que el líder no es el que guía, el que impone, el que deja hacer o el que tiene la visión sino el que es capaz de hacer crecer a los demás escuchando sus propuestas, incorporando sus ideas, pero más que guiando las iniciativas, dejándose guiar y apoyando estas iniciativas e ideas de su equipo.

Esta visión de líder como servidor y facilitador del crecimiento de los demás es desde mi punto de vista la visión más pertinente para los tiempos actuales de nuestra educación y la que debiera buscar todo directivo educativo que pretenda una genuina transformación de las estructuras de nuestra educación mexicana en estos tiempos de reforma.

Por ello sería pertinente explorar un poco la complejidad que implica un liderazgo de este tipo, complejidad que responde por cierto, a la propia complejidad de nuestro cambio de época y del proceso educativo en nuestra sociedad. profundo para responder a este cambio.

El tipo de líder que nuestra educación necesita en este cambio de época es un líder que responda al contexto educativo complejo, flexible, dinámico, de competencias múltiples, no solamente en lo intelectual sino en toda la extensión de lo humano. Este tipo de liderazgo rompe por supuesto con los pecados capitales  que señala Covey:

-Ser rico sin trabajar: es decir, obtener beneficios sin esforzarse ni trabajar para lograrlo.

-Placer sin conciencia: la actitud de buscar lo que sea más agradable, fácil de lograr, placentero sin el sentido de responsabilidad que esto implica.

-Conocimiento sin carácter: El buscar un desarrollo puramente intelectual sin integrarlo a un desarrollo paralelo del carácter para vivir lo que se aprende.

-Ciencia sin humanidad: la actitud de basar todo el desarrollo o la calidad en la tecnología o la técnica sin pensar en lo humano como criterio básico.

-Política sin principios: la actuación que busca solamente el reconocimiento del líder, la imagen y el poder sin tomar como base principio ético alguno.

Para que un líder sea realmente eficaz desde la perspectiva del servicio, para que sea confiable y se gane y genere la confianza, para que pueda sumir su responsabilidad y generar en común las condiciones estructurales para que se logren los objetivos comunes, tiene que ser un líder auténtico.

Un líder auténtico tiene necesariamente que empezar por el nivel afectivo, emotivo, experiencial. Un líder auténtico es alguien que es aceptado afectivamente por su grupo y que se preocupa por seguirlo siendo. Un líder auténtico promueve la vivencia de experiencias comunes que vayan generando una sensibilidad común en su equipo de trabajo.

Este tipo de líder es también un líder intelectual, alguien que es reconocido por su capacidad de análisis de la realidad y sus adecuadas comprensiones y conceptualizaciones de los diferentes retos, problemas y proyectos que enfrenta su equipo.

Un líder como el que se propone, es una conciencia critica para su propio equipo, es capaz de lanzar preguntas críticas, de promover que los demás duden, busquen verificar lo que proponen, no se contenten con lo que otros afirman, sean capaces de autocorregirse.

Un líder auténtico es capaz de ir promoviendo el descubrimiento y la vivencia de valores y significados comunes entre su equipo. Un líder auténtico es una persona significativa para su grupo, es una significado personificado para los que trabajan con él. Por eso contagia con su propia persona la búsqueda de los demás, sin necesidad de hablar mucho o de alardear o imponer.

Cambiar de nombre las cosas o hacer que los nombres signifiquen otra vez: hacer que la educación eduque, que la escuela sea un lugar donde realmente se aprende, que el docente realmente promueva el desarrollo humano de sus estudiantes, que el sistema educativo sea de verdad educativo, que el equipo de docentes sea realmente equipo, que las normas y reglamentos tengan espíritu y razonabilidad, que la participación de los alumnos y padres de familia  sea realmente participación, que los profesores vuelvan a ser apreciados, comprendidos, valorados socialmente, este es el reto del director escolar como líder de la reforma educativa que el país necesita.

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[1]Este artículo es una síntesis de un trabajo más extenso titulado: ”CAMBIAR DE NOMBRE LAS COSAS…” El director escolar como líder de la TRANS-formación educativa en el cambio de época. El título está tomado de un poema de Nicanor Parra.

 

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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