Lado B
El año nuevo y el miedo a la incertidumbre
Por Lado B @ladobemx
14 de enero, 2014
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Martín López Calva

 @M_Lopezcalva

En primer lugar quiero desear a todos los lectores de esta columna que hoy reinicia un muy feliz año nuevo lleno de realizaciones profesionales, personales y familiares para todos.

A propósito precisamente de la fiesta del año nuevo y de las nuevas formas que parecen dominar hoy en nuestro mundo líquido –como lo llama el sociólogo Zygmunt Bauman– para enfrentar la incertidumbre que esta falta de solidez de la sociedad nos produce hago estas reflexiones que espero sean de utilidad para ustedes.

Dejando de lado la cursilería que invade las redes sociales –especialmente Facebook-, los medios de comunicación y muchas conversaciones personales en este tipo de festividades, resaltan por su incremento en número, frecuencia y aceptación algunos modos de enfrentar y desear que los demás asuman el futuro por venir. Tres son las formas que parecen predominar: el pesimismo ciego, el optimismo superficial y el voluntarismo en dos vertientes, la actitudinal y la “cósmica”.

Veamos algo de cada una de ellas.

1.-Pesimismo ciego:

Durante las fiestas de fin de año y en los mensajes relativos al nuevo año predominaron sobre todo entre quienes se asumen como parte de las “vanguardias críticas” e ilustradas de la sociedad pero también en el público en general los mensajes que influidos por las múltiples y mal comunicadas –y también en algunos rubros, mal hechas- reformas estructurales que logró sacar adelante el gobierno federal en su primer año, un pesimismo amargo y ciego a cualquier cosa positiva de nuestro país.

Mensajes con información –en su mayoría incorrecta, parcial o distorsionada y muy poca objetiva y bien fundamentada- sobre todo lo mal que está la sociedad en que vivimos, sobre la “venta del país”, la “traición a la patria”, los nuevos impuestos, la corrupción de nuestros políticos, etc. que derivaba en interpretaciones catastrofistas y en la total negación de cualquier avance que sin duda también ha vivido México en las últimas décadas y en una visión de impotencia que atiza el fuego de la desmoralización social en la que sin duda está sumergida gran parte de nuestra sociedad mexicana.

Ante la incertidumbre del futuro estos mensajes aportan la certeza de que todo está muy mal y que nada tiene remedio, hagamos lo que hagamos.

2.-Optimismo superficial:

También proliferaron en estas fechas los mensajes de quienes huyen de la incertidumbre refugiándose en un optimismo superficial en el que parece no haber muchas bases.

En estos mensajes el argumento parece ser que el año nuevo será mucho mejor que los anteriores simplemente porque es nuevo y porque como afirma el escritor mexicano Jorge Volpi en su artículo del pasado domingo en el diario Reforma: “Una extravagante lógica nos impulsa a creer que las naciones se hallan destinadas al progreso, que la línea de la Historia conduce de un pasado de barbarie a un porvenir civilizado…” y lo mismo pensamos de las vidas personales, que hay una especie de destino predeterminado que indica que siempre el futuro será mejor que el presente y el pasado, lo que se sintetiza en una frase muy usada en la vida cotidiana: “todo cambio es para bien”.

Los optimistas superficiales inundaron las redes sociales y los medios con mensajes sustentados en esta creencia de que el año 2014 será un año muy bueno porque es el año que está iniciando y porque un año que empieza no puede ser malo ni traer cosas peores que los años anteriores.

Sin embargo no existe ninguna garantía de que las personas o las naciones tengan necesariamente que caminar hacia el progreso como lo prometió la mentalidad moderna y tenemos múltiples ejemplos de que la historia no es un proceso de mejora lineal y sin retorno.

Ante la incertidumbre del futuro estos mensajes aportan la certeza de que todo estará bien, porque así debe ser.

3.-El voluntarismo actitudinal:

El mundo posmoderno es un mundo que además de caracterizarse por ser líquido como lo ha denominado Bauman, tiene un énfasis muy notable en el individualismo.

En este tiempo, el individuo-consumidor parece ser el centro de todo y con “el poder de su firma” se le hace creer que tiene la facultad incluso de diseñar, planificar y controlar de manera precisa y absoluta su vida toda.

Una manifestación de este individualismo está en la “filosofía” que podríamos llamar voluntarista actitudinal porque tiene como eje rector la idea de que en la vida no existe nada negativo o malo pues todo depende de la voluntad de cada persona y de la actitud con la que asuma el día a día.

Esta manera ingenua de ver la vida niega la fortísima influencia del sistema socio-económico y político y el sello que la cultura impone a los individuos y por supuesto niega también el papel del azar, de lo aleatorio o inesperado que como bien afirma el pensador francés Edgar Morin juega también un papel fundamental en el desarrollo del universo, de la vida, de los sujetos humanos y de las sociedades.

Durante estas fiestas tuvimos también la oportunidad de recibir y escuchar muchos mensajes de año nuevo que planteaban que el año próximo será mejor siempre y cuando nosotros tengamos una actitud positiva para recibirlo y para vivir el día a día. No habrá ningún episodio negativo si nuestra actitud es buena, puesto que las enfermedades, las malas rachas laborales o en las relaciones, las crisis sociales nos afectan porque tenemos una mala actitud ante la vida.

Ante la incertidumbre del futuro estos mensajes aportan la certeza de que el rumbo que tomen los acontecimientos depende cien por ciento de la actitud con la que nos estemos dispuestos a recibirlos.

4.-El voluntarismo “cósmico”:

La modernidad mató a Dios y puso a la razón en el lugar de Dios afirmó el gran literato y filósofo Albert Camus. Parafraseando esta idea podríamos afirmar que el mundo líquido mató a Dios y a la razón y puso al universo en su lugar.

Este voluntarismo “cósmico” tiene una paradójica mezcla de componentes que mezclan una aparente humildad “ecológica” con una enorme soberbia individualista.

Le llamo “cósmico” por la parte de humildad “ecológica” que lo sustenta. Esta humildad aparente consiste en la idea de que somos minúsculas partículas en el inabarcable e infinito universo en el que nos tocó vivir y que como tales no somos libres de decidir nuestro propio destino sino que es el “Universo” –sea lo que sea que esto signifique- el que tiene ya definido nuestro papel histórico y nuestro destino personal y colectivo.

Pero es voluntarismo porque se supone que el ser humano tiene la facultad de “decretar” lo que desee y que lo que cada individuo sea capaz de decretar con toda su convicción y consciencia va irremediablemente a hacer que el universo se oriente hacia su cumplimiento.

Esta actitud es aparentemente humilde porque asume que el ser humano no es el rey de la creación sino simple “polvo de estrellas” y sin embargo es profundamente soberbia pues asume que la voluntad individual que se manifiesta en estos decretos es la que define, sin que existan prácticamente restricciones del contexto, lo que va a suceder en el futuro.

Las redes sociales también nos llenaron de mensajes este fin de año invitándonos a realizar nuestros decretos –los propósitos son endebles y no se cumplen- para definir el futuro desde nuestra propia voluntad, poniendo al universo a nuestro favor.

Ante la incertidumbre del futuro estos mensajes aportan la certeza de que somos nosotros, a través de lo que decretamos, los que definimos el futuro.

Sin embargo “el futuro se llama incertidumbre” como afirma Morin y todas estas formas de huir de ella son puertas falsas que no ayudan a enfrentar esta falta de certezas del mundo líquido en que nos tocó vivir.

La educación de hoy debe preparar a las futuras generaciones no para buscar certezas sino para aprender a caminar en la incertidumbre porque como afirma Morin (p. 84): “Se tiene la impresión de que la acción simplifica debido a que en una alternativa se decide, se elige. Ahora bien, la acción es decisión, elección y también apuesta. En la noción de apuesta existe la conciencia de riesgo y de incertidumbre.”

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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