Lado B
Alta traición
Así como el poeta declara su “traición” a la Patria, quiero en estas líneas declarar mi “alta traición” al magisterio. Porque como Pacheco no ama su patria, nuestra patria porque su fulgor abstracto le resulta inasible, yo no puedo, no quiero amar y defender al magisterio, esa abstracción idealizada por unos y satanizada por otros en estos días de reforma y contrarreforma educativa.
Por Lado B @ladobemx
28 de agosto, 2013
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 “No amo mi patria.
Su fulgor abstracto
es inasible.
Pero (aunque suene mal)
daría la vida
por diez lugares suyos,
cierta gente,
puertos, bosques de pinos,
fortalezas,
una ciudad deshecha,
gris, monstruosa,
varias figuras de su historia,
montañas
-y tres o cuatro ríos”.

José Emilio Pacheco. Alta traición.

Martín López Calva*

Así como el poeta declara su “traición” a la Patria, quiero en estas líneas declarar mi “alta traición” al magisterio. Porque como Pacheco no ama su patria, nuestra patria porque su fulgor abstracto le resulta inasible, yo no puedo, no quiero amar y defender al magisterio, esa abstracción idealizada por unos y satanizada por otros en estos días de reforma y contrarreforma educativa.

Porque el magisterio es un constructo histórico cargado de múltiples significados desde el apostolado de las misiones culturales de Vasconcelos hasta el activismo político del CNTE que se manifiesta “en defensa de la educación” para que nada cambie, pasando por el corporativismo de un SNTE creado para controlar a los maestros y hacerlos parte del sistema y por las representaciones sociales asociadas a idealizaciones que equiparaban al maestro, al médico y al sacerdote en el liderazgo social de las comunidades pequeñas en un tiempo que ya prácticamente se ha ido.

No amo al magisterio, ni lo apoyo ni lo defiendo porque su fulgor abstracto me resulta inasible, su mezcla de símbolos me parece confusa y hasta contradictoria, su pureza de intenciones se me hace cuestionable, su identidad monolítica y eterna me resalta por artificial e imposible en un país diverso y plural como el que hoy vivimos.

En estos tiempos de cambio de paradigma en el que como dicen los expertos todo vuelve a cero y por ello se genera tanta resistencia, se siente tanto temor, se vive con tanta incertidumbre, resulta indispensable trascender el debate abstracto y simplificador sobre el magisterio y asumir una postura compleja y empática acerca del presente y el futuro de los maestros y maestras concretos, de la forma en que la reforma educativa aún incompleta, aún incierta les va a afectar para bien o para mal.

Mantener la discusión en el nivel abstracto “del magisterio” es hablar de entelequias y fantasmas como el neoliberalismo, la globalización, la profesionalización, “los derechos de nuestro pueblo” –como decía un mensaje reciente de un movimiento “en defensa de la educación”- , la calidad de la educación, la competitividad del sistema educativo, etc.

En ese nivel de abstracción el docente concreto se pierde, los estudiantes y sus necesidades de aprendizaje de calidad se olvidan, las realidades cotidianas del proceso educativo se dejan de lado y las discusiones se plantean en términos de discursos genéricos que encubren negociaciones de intereses de grupo o partido que se priorizan por encima de lo que realmente conviene para tener una mejor educación real.

Desde mi punto de vista, el estado de polarización que atoró la semana pasada el avance hacia la aprobación de las leyes reglamentarias que pondrán las bases para iniciar a penas la verdadera reforma educativa se debe a esta discusión abstracta en la que la parte gubernamental y el poder legislativo plantean la creación del INEE, el establecimiento del sistema profesional de carrera docente y la evaluación en abstracto como LAS soluciones para generar en automático un sistema educativo de calidad mientras que los representantes del ala disidente del “magisterio” –esa abstracción de fulgor inasible- están empeñados en que estas leyes son la encarnación de todos los males emanados de fantasmas abstractos como el neoliberalismo, la globalización, el salinismo, etc.

Tal parece que es más sencillo mantener el debate en ese nivel de abstracciones en lugar de entrar en la discusión acerca de los elementos y efectos concretos que tendrán estas leyes y que generarían los cambios sistémicos que se deriven de ellas.

“Es difícil hablar de “el maestro” y de “su formación”, pues en realidad hay muchos maestros y son innumerables sus perfiles y sus experiencias de formación. Pero es inevitable generalizar, a sabiendas de que carecemos de suficientes evidencias para demostrar que la “imagen promedio” que presentamos es justa y acertada..” decía Latapí en la conferencia que impartió en Puebla en 2002 en el foro sobre la formación de los docentes en términos de calidad y equidad que organizó el Observatorio Ciudadano de la Educación.

Del mismo modo, es difícil hablar del maestro y su evaluación, pues hay muchos maestros distintos con experiencias y perfiles diferentes. Pero tanto en el tema de la formación como en el de la evaluación es necesario generalizar para construir los lineamientos institucionales que regirán la educación en todo el país.

Estos temas y otros de similar importancia están en juego en la reforma educativa que hay que construir. Sería muy necesario que se revise la legislación general desde la visión de los elementos concretos que va a transformar y la forma en que van a afectar estos nuevos elementos a los maestros concretos y no “al magisterio” como una abstracción que parece más bien representar los intereses de algunos sectores y líderes, no necesariamente preocupados por el mejoramiento de la educación.

No amo al magisterio. Su fulgor abstracto es inasible. Pero aunque suene mal, habría que dar la vida o seguir empeñando la vida por mejorar las condiciones de trabajo desde la contratación, la promoción y los estímulos de los docentes concretos que están en las aulas concretas –no en comisiones que los mantienen décadas sin contacto con los alumnos- tratando de formar de la mejor manera posible a los niños y jóvenes concretos que serán los ciudadanos que construirán el futuro de este país.

Es por ellos, por los docentes de carne y hueso, que habría que apoyar la creación de un sistema profesional de carrera docente que establezca las reglas claras y las condiciones equitativas y transparentes para que sean el esfuerzo, la capacidad y el compromiso los que determinen el desarrollo y la mejora de los ingresos y el estatus de los profesores y no la decisión discrecional de los líderes sindicales.

Es por ellos, por los profesores y profesoras que día a día tratan de cumplir cabalmente con su compromiso educador que habría que apoyar la recuperación de la rectoría de la educación por parte del estado, la eliminación de la venta o herencia de plazas, el establecimiento de criterios claros de contratación, promoción y remoción, la construcción de condiciones para una reforma profunda y democrática del sindicato que evite que el nuevo líder del SNTE repita la triste historia de autoritarismo de sus antecesores.

Por los maestros concretos habrá que estar atentos, ser críticos y propositivos de los mecanismos de formación y evaluación que se establezcan a partir de estas nuevas leyes reglamentarias, para que se combinen instrumentos estandarizados muy bien construidos, aplicados y calificados con otros instrumentos de carácter cualitativo y participativo en la evaluación de los profesores, para que se diferencie claramente la evaluación formativa –con fines exclusivos de mejora- de la evaluación diseñada para la toma de decisiones sobre estímulos, promociones o eventuales remociones de los profesores.

No amo al magisterio. Su fulgor abstracto es inasible. Pero (aunque suene mal) empeño la vida por muchos espacios suyos, cierta gente, la gente, aulas, escuelas vivas y laboriosas, docentes comprometidos con su vocación, directores que ejercen la autoridad como servicio, varias figuras de su historia y tres o cuatro (trescientas o cuatrocientas) vivencias significativas.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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