Lado B
La educación que queremos en los días que vivimos. Revisitando la utopía
De vez en cuando resulta sano revisitarse a uno mismo y analizar qué tanto han cambiado las propias ideas, qué tan distinta es la forma de ver la vida y la educación, la educación para la vida con el paso de los años.
Por Lado B @ladobemx
12 de marzo, 2013
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Martín López Calva

@M_Lopezcalva

De vez en cuando resulta sano revisitarse a uno mismo y analizar qué tanto han cambiado las propias ideas, qué tan distinta es la forma de ver la vida y la educación, la educación para la vida con el paso de los años. De vez en cuando resulta necesario revisitar la utopía educativa personal para reactivar los sueños y seguir caminando en una vocación como la de educador, tan propensa a sucumbir ante los embates de la rutina, tan propicia para la desesperanza ante la aparente imposibilidad del cambio.

Permítanme entonces, apreciados lectores de esta columna, revisitar mi utopía y reforzar mi convicción a partir de un ejercicio de revisión y reformulación de un antiguo artículo, más amplio, que escribí en 1994 con motivo de la invitación que me hicieron para impartir la “lectio brevis” de inauguración de cursos en la Ibero Puebla.

1.-Los días que vivimos: algunos rasgos generales.

Los días que vivimos se caracterizan de manera contrastante, paradójica, dolorosa, por una realidad crecientemente desigual en la que tenemos en México al hombre más rico del mundo y a otros empresarios que han ingresado en los rankings de la opulencia al mismo tiempo que el gobierno federal emprende una cruzada contra el hambre y se reporta que en materia de combate a la pobreza estamos en un estancamiento en el que lo poco que se avanza, se vuelve a retroceder.

Los días que vivimos se caracterizan también por una polarización social creciente, por una realidad de muchos Méxicos que están cada vez más separados y lo que es más preocupante, cada vez más enfrentados entre sí. Las redes sociales que han irrumpido como un enorme, dinámico y contrastante altavoz del sentir de algunos sectores de la población nos muestran cada vez con mayor intensidad esta confrontación, esta polarización alentada de manera irresponsable por algunos líderes políticos pero alimentada con el combustible del descontento ante un escenario de violencia-desmoralización, impunidad_impotencia, autoritarismo-invisibilidad social y aspiración democrática-partidocracia excluyente.

2.-Educar como queremos: dos problemas.

Derivados de esta situación que caracteriza los días que vivimos, existen dos problemas fundamentales que tienen que ser los ejes fundamentales de la educación que queremos.

El problema de conciliar la exigencia de productividad con la urgente necesidad de una distribución equitativa de la riqueza es un desafío que plantea la sociedad actual al sistema educativo. No se trata solamente de introducir materias sobre el tema o de fortalecer el servicio social en el nivel superior, se trata más bien de que todas las disciplinas y asignaturas se dediquen a pensar sobre este problema y a formar a sus alumnos en la reflexión sobre él.

Eso sería educar de manera integral con los pies en la tierra. Sólo así se estaría realmente educando para convivir, según los pilares de la educación del futuro que plantea el documento de la Comisión Delors, La educación encierra un tesoro.

Un problema tan complejo, del que sólo nos venden la mitad. Basta caminar por los cubículos de algunos profesores universitarios, entrar a las aulas, conocer a los profesores y a los alumnos para darse cuenta de que todos están muy preocupados por la exigencia del mercado laboral de ser más competitivos, de formar personas más productivas, de buscar la eficiencia, la calidad total, el liderazgo, el emprendedurismo, pero en pocos casos encontraremos igual énfasis en la preocupación por la pobreza extrema en que viven millones de mexicanos.

El otro problema es el de la democracia y la participación social en el país. Este problema requiere que la escuela y la universidad vayan formando a las personas en la crítica seria, la propuesta creativa, la libertad responsable y la conciencia política.

Lo anterior implica que todas las disciplinas universitarias de manera interdisciplinaria, se pregunten seriamente sobre el tema de la democracia y revisen con esta óptica sus criterios y currículos. La meta sería como afirma Vergara: «No tanto formar instrumentos útiles al sistema sino hombres libres frente a todo sistema… «

Hoy ya nadie parece querer quedar al margen y no ser escuchado ni en la familia, ni en el aula, ni en la ciudad que vivimos a diario, ni en la patria que merece un futuro más digno.

Lo anterior implica no sólo el privilegio de la participación en las decisiones sino también el compromiso de los hechos cotidianos, no sólo la oportunidad de hablar y ser escuchado sino la capacidad de escuchar y respetar al otro, por distinto que parezca.

En este país del retorno del PRI: ¿Seremos capaces de construir el futuro o nos veremos en unos años instalados en el mismo presente que no cesa de reproducirse?

3.-Educar como queremos: dos rasgos fundamentales.

» A veces, no siempre pero a veces, /alguien nos dicta nos conduce/ de un acto a otro/ somos un instrumento/ nada más un muñeco con hilos invisibles… » Sabines.

En primer lugar, la educación que queremos es la que forma personas que sepan pensar, pensar para entender y juzgar críticamente al mundo que les rodea, para leer los signos de los tiempos, para no ser “ muñecos con hilos invisibles… «

Personas que sepan pensar creativamente para que sean capaces de aportar soluciones distintas, novedosas, personales y valiosas para su propio proyecto de vida y para el proyecto de sociedad que necesitamos construir entre todos. No queremos la creatividad que se queda en habilidades para resolver problemas prácticos inmediatos del trabajo, sino la que se asimila y se vuelve un modo de vivir, una manera de enfrentar el mundo y enriquecerlo, un compromiso por mejorar constantemente, por ir edificando una vida original y fructífera.

Personas que sepan pensar y que, sin caer en la indoctrinación que se pretende por muchos medios, superen el relativismo cómodo que se disfraza de respeto, que sin envolverse en el espejismo de lo novedoso que envuelve hoy nuestra sociedad que se consume en el consumo, superen el desencanto y busquen alternativas viables de regeneración comunitaria.

En segundo lugar, la educación que queremos es una educación para un mundo complejo, para una sociedad plural y para un futuro incierto. El problema es por lo tanto de apertura.

Apertura personal al otro, sobre todo al distinto, al que pertenece a otra cultura, otra religión, otra raza, otra profesión: Hombres y mujeres con actitud de diálogo y respeto, con capacidad de escucha y tolerancia auténtica, con formación interdisciplinaria.

Apertura al mundo natural, procurando la preservación del planeta que nos ha sido dado para continuar su construcción y que estamos acabando por exterminar, por creernos superiores en lugar de co-creadores: hombres y mujeres que transformen radicalmente la cultura del desperdicio y vayan construyendo la de la austeridad compartida.

Apertura de las disciplinas y humildad para participar en la búsqueda de nuevos datos y comprensiones sobre la realidad, para ir haciendo que la investigación integrada cualitativamente «desemboque en una verdad más amplia».

Está claro que no solamente en la escuela o la universidad, tampoco en un país una disciplina es capaz de agotar la realidad y resolver todos los problemas.

¿Seremos capaces de construir la educación que queremos en estos días que vivimos?

En las últimas décadas del siglo pasado, Pedro Arrupe S.J. entonces prepósito general de los jesuitas en el mundo afirmaba: «hoy ya es evidente que el hombre podría hacer que este mundo fuese más justo, pero no quiere… «

Pero no quiere: “Tan cerca de tus manos, tan imposible como tu corazón” (Jaime Sabines).

 

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala. Ha hecho dos estancias postdoctorales como Lonergan Fellow en el Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado dieciocho libros, cuarenta artículos y siete capítulos de libros. Actualmente es académico de tiempo completo en el doctorado en Pedagogía de la UPAEP. Fue coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla (2007-2012) donde trabajó como académico de tiempo completo de 1988 a 2012 y sigue participando como tutor en el doctorado interinstitucional en Educación. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), del Consejo Mexicano de Investigación Educativa (COMIE), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores que actualmente preside (2011-2014), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación y de la International Network of Philosophers of Education. Trabaja en las líneas de filosofía humanista y Educación, Ética profesional y “Sujetos y procesos educativos”.

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