Lado B
Cuando dije que amo a un hombre me dejaron solo: Emile Griffith
 
Por Lado B @ladobemx
18 de febrero, 2013
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Su nombre sería recordado por miles de fanáticos del boxeo quienes un 24 de marzo de 1962 asistieron a uno de los encuentros pugilísticos más recordados en la historia de este deporte. Aquella noche, Emile Griffith, boxeador originario de las Islas Vírgenes de los Estados Unidos,  pelearía contra el cubano Benny Kid Paret.

El encuentro se desataba en un año muy peculiar en la historia mundial, ya que la tensión entre la ex Unión Soviética, Estados Unidos y Cuba iba incrementándose; tan sólo siete meses más tarde de aquel encuentro la crisis de los misiles formaría parte de los libros de historia.

Imagen: http://andrejkoymasky.com

Imagen: http://andrejkoymasky.com

En el sexto asalto entre Griffith y Paret, éste casi noqueó a Griffith con una combinación de golpes, pero Griffith fue salvado por la campana. En el asalto 12 Griffith puso a Paret contra las cuerdas y lo dejó inconsciente, el árbitro Ruby Goldstein detuvo el combate. Paret estaría en el Hospital durante 10 días sin recobrar la consciencia, y finalmente moriría.

“Cuando maté a un hombre me acompañaron; cuando dije que amo a un hombre me dejaron solo”, fueron las palabras que el ex boxeador de las Islas Vírgenes de Estados Unidos, Emile Griffith, compartiría al periodista Alberto Salcedo Ramos.

Aquella frase enfrascaría la realidad que muchas personas viven en la actualidad. La condición de declararse homosexual significaba para Griffith un suicidio laboral: “¿Qué apostador habría arriesgado un peso por él si hubiera sabido que era gay?”, señala el ex boxeador.

Sports Illustrated reveló en un reportaje el 18 de abril de 2005, que el motivo de la violenta reacción de Griffith fue a causa de la rabia que le produjo un insulto homófobo que Paret le dijo durante el combate. Lo llamó «maricón».

Emile Griffith ganó los campeonatos mundiales tanto en la categoría Welter como en la Mediana, fue el primer boxeador de las Islas Vírgenes de los Estados Unidos en convertirse en campeón mundial; sin embargo, ni los 23 nocaut en su carrera profesional de sus 85 victorias, fueron suficientes para afrontar la realidad que 40 años después de aquella pelea revelaría: su homosexualidad.

Desde cuando se calzó los guantes por primera vez, a finales de los años 50s, Emile Griffith empezó a dejar tras de sí una estela de rumores. En los círculos boxísticos de Nueva York se insistía en que era homosexual.

Griffith no era amanerado, pero sí un hombre apacible fuera del ring. En todo caso, cuando sonaba la campana transpiraba rudeza. Se abalanzaba sobre el rival como un perro de presa, lanzando las manos sin tregua. Además era corajudo: aunque lo golpearan iba siempre hacia adelante, arriesgando el pellejo en cada embestida.

Continúe leyendo el artículo del periodista Alberto Salcedo Ramos, publicado en El Puercoespín, en el siguiente link.

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