
Sales de tu casa a la escuela u oficina. Tomas tu auto o el transporte colectivo para dirigirte a tu destino. Durante el trayecto, ya has sido vigilado por cientos de cámaras que permanecen esparcidas por toda la ciudad.
Las mayorías no piensan en este fenómeno invasor que durante los últimos años ha ido incrementado exponencialmente. Los medios tecnológicos que los gobiernos utilizan para mantener el control poblacional van más allá de cuerpos policíacos y mandos militares.
El fenómeno mediático Big Brother (Gran hermano) puso en evidencia el comportamiento de la raza humana en un enorme laboratorio (una casa) en el que se observaban manías, obsesiones, depravaciones, gustos, incluso en el programa se puede analizar con exactitud mecanismos que la mente humana emplea para aislarse de las perpetuas miradas.
La escena donde una pared aparece tapizada de monitores y cientos de hombres con diademas vigilan y rastrean cada uno de los movimientos de los ciudadanos, ya no es, ni ha sido, mera cinematografía. Bienvenido a la realidad.
Con estas tecnologías, lo privado se desvanece como una gota de tinta china en un vaso de agua. Algunas, en un principio, fueron para uso exclusivo del ejército, años después, fueron empleadas para el control poblacional. El gobierno, bajo el argumento de seguridad, emplea estos sofisticados métodos como un arma que poco a poco invade una parte del ser humano que naturalmente posee: la intimidad.
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EL PEPO