Lado B
Chicxulub (reloaded)
Coincidentemente sucedió en México. Quizá también, en una tarde lluviosa como las que nos regala la naturaleza en días recientes. Seguramente, eso sí, significó un parteaguas histórico para un sinfín de seres habitantes de este mundo. Sobrevino hace 65 millones de años en el linde de la península de Yucatán con el Golfo de México y ocasionó una extinción masiva de formas de vida: un asteroide de 10 a 15 kms. de diámetro y de origen aún no definido, colisionó con la Tierra cerca del actual poblado de Chicxulub, Yuc.
Por Lado B @ladobemx
25 de junio, 2012
Comparte

Hugo León Zenteno*

@hugoleonz

Coincidentemente sucedió en México. Quizá también, en una tarde lluviosa como las que nos regala la naturaleza en días recientes. Seguramente, eso sí, significó un parteaguas histórico para un sinfín de seres habitantes de este mundo. Sobrevino hace 65 millones de años en el linde de la península de Yucatán con el Golfo de México y ocasionó una extinción masiva de formas de vida: un asteroide de 10 a 15 kms. de diámetro y de origen aún no definido, colisionó con la Tierra cerca del actual poblado de Chicxulub, Yuc. El efecto del choque fue devastador, tanto por su inusitada potencia como por sus consecuencias climáticas, meteorológicas y biológicas. Los dinosaurios, entonces patronos de la vida en el planeta, se extinguieron.

En unos días más, los mexicanos tenemos la posibilidad de reeditar el acontecimiento de Chicxulub y erigirnos en una suerte de planetoide civil que sacuda el estado actual de las cosas y destrone, finalmente, a la multitud de dinosaurios que pueblan el universo político y sociocultural de nuestro país. En efecto, armados con el sufragio, el argumento, el hartazgo, la manifestación, la interacción y un postergadísimo despertar, los ciudadanos poseemos la capacidad de tomar el protagonismo que nos corresponde, de ser los líderes de esta noble nación.

Y así terminar con los cretácicos políticos que suspiran por los tiempos pasados, personajes aquéllos que aún pululan en el entramado de la partidocracia nacional y cuya máxima aspiración es (sigue siendo) su beneficio personal a cualquier costo y a costa de sus gobernados. En días recientes han sido evidentes los coletazos de quienes siguen anclados en viejas usanzas y mañas: compra y coerción del voto (incluso a partir de premisas ridículas), acarreo desmedido, innegables nexos con personajes impresentables, vacuidad en el discurso (que denota escasez de ideas y propuestas) y una marcada intolerancia por personas y expresiones que no coinciden con sus intereses.

Más aún, hemos de acabar con protodinosaurios que nos han endilgado regímenes frívolos o monotemáticos, estilos de mando necios e insensibles, una flagrante opacidad en el manejo de los recursos públicos y una evidente torpeza en la gestión de asuntos científicos, culturales y diplomáticos. Merece una mención aparte, como argumento para abolir a los incipientes reptiles, el escandaloso aumento de la alta burocracia y su consiguiente duplicidad de puestos y multiplicación de prestaciones. Obviamente, tanto en este caso como en el de sus predecesores, los cuestionables contubernios y prebendas con y para los medios de comunicación han sido constantes y descarados; quizá por ello aquéllos se convirtieron en la gota que derramó el vaso y que detonó el despertar de la sociedad civil.

Para sentar todas las bases del país que queremos, no obstante, aún faltaría eliminar los dinosaurios que anidan en nuestra mente y en nuestras acciones y cuya existencia entorpece el cabal desarrollo democrático de México: la rampante corrupción, nuestra asumida ignorancia, la comodina inacción civil, nuestra proverbial ingenuidad y abnegación, el culto a lo banal y sobre todo, nuestra inmanente falta de autocrítica.

La tarea, como se puede apreciar, es ardua y apenas comienza, pero basta un voto para emprenderla, tal como hace tiempo un solo asteroide cambió tajantemente la historia e hizo viable que el ser humano habitase el planeta. Que sea, el tuyo, un sufragio razonado (que no visceral), informado (a partir de plataformas, datos e indicadores), despersonalizado (privilegiando los equipos y proyectos sobre los temperamentos) y claro, comprometido (por ello permanentemente exigente). La vida después de Chicxulub fue, y será, posible.

*Académico en las áreas de Periodismo y Comunicación. Actualmente es profesor en la Universidad de las Américas y en la Universidad Iberoamericana Puebla. Analista y consultor en Media literacy, en Infonomía para cibermedios y en Calidad académica. Editor y productor de contenidos en deporte, cultura y viajes. Otras de sus áreas de interés profesional son: hemerografía comparada, ciberperiodismo y arte moderno. Vive en la ciudad de Puebla; gusta del beisbol, el chocolate y la lluvia. Correo Electrónico: [email protected]

Columnas Anteriores

[display-posts category=»interlectura» posts_per_page=»-1″ include_date=»true» order=»ASC» orderby=»date»]

Comparte
Autor Lado B
Lado B
Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : [email protected]
Suscripcion