Regresamos esta semana a las actividades laborales en la mayoría de las instituciones y empresas después de haber gozado total o parcialmente de vacaciones por la conmemoración de la semana santa.
Justo en los días previos se discutió y avanzó sustancialmente en el congreso en la probable aprobación de la reforma al artículo 24 de la constitución que aborda el tema de la libertad religiosa. Esta reforma generó una gran polémica desde su aprobación previa en la cámara de senadores en diciembre de 2011 y en su discusión reciente en la cámara de diputados.
De manera que la coyuntura es propicia para abordar el tema de la laicidad en la educación, que tiene relación directa con esta reforma que finalmente en su redacción modificada respecto a la que envió el Senado, parece estar alcanzando el consenso de los diferentes grupos parlamentarios.
El tema de las creencias religiosas es especialmente delicado en un país como el nuestro en el que existe una larga y conflictiva historia en las relaciones entre la Iglesia Católica –mayoritaria hasta la actualidad- y el Estado.
Sin embargo es un tema crucial dado que el 94% de la población según el último censo expresa profesar alguna religión y según el diputado Ricardo López Pescador, autor de la iniciativa original, por la necesaria congruencia entre el texto constitucional y los tratados internacionales que ha firmado México en materia de derechos humanos, uno de los cuales, es el de la libertad religiosa.
La reforma en cuestión está ligada a la del artículo 40 en que se añadió como una característica definitoria de nuestra república el ser laica. En ella se amplía el concepto anterior del art. 24 de libertad de culto al de libertad religiosa, manteniendo la prohibición de los ministros de culto para ser electos a cargos públicos y del uso de los actos de culto para la promoción de posturas políticas.
Según esta reforma, el artículo tercero constitucional permanece intacto señalando como hasta ahora que la educación que imparta el estado será laica, gratuita y obligatoria. Este era un punto fundamental de debate pues se argumentaba que detrás del cambio estaba la intención de eliminar la laicidad en la educación pública e introducir enseñanza religiosa en las escuelas.
De este modo, se ratifica y refuerza la definición de laicidad en la educación. Sin embargo, resulta necesario reflexionar a fondo sobre el significado que tiene el término laico referido a la educación, sin ningún afán de cuestionarla sino por el contrario, reforzándola y dándole la solidez que requiere en una sociedad democrática moderna.
En la práctica cotidiana y en la conciencia colectiva de los mexicanos, la definición de laicidad significa ausencia de toda referencia religiosa e incluso oposición o negación de la dimensión religiosa del ser humano en los procesos de formación. Si bien esta forma de entender la laicidad es explicable por nuestra historia y por el contexto positivista en que se redactó el artículo 3º, en una democracia contemporánea y en un mundo que ha evolucionado en su concepción y se ha abierto a la pluralidad y la integralidad del ser humano, resulta necesaria una reinterpretación.
Una formulación muy pertinente es la que plantea el Dr. Pablo Latapí en su libro: Finale prestissimo donde propone como necesaria una “laicidad abierta” para poder construir una educación integral a la altura del mundo plural de nuestra época.
Latapí propone algunas características que serían propias de esta laicidad abierta que suscribo plenamente como elementos esenciales para la consolidación de una educación laica a la altura de nuestros tiempos:
Considero indispensable avanzar en la construcción de una laicidad abierta como la propone Latapí, puesto que estoy convencido de que defender la laicidad de la escuela hoy, implica resignificarla y adecuarla a la sociedad democrática que estamos tratando de construir.
*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala y académico numerario en la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha hecho dos estancias postdoctorales por invitación del Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado diecisiete libros, cuarenta artículos y seis capítulos de libros. Actualmente es coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores (REDUVAL), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación (ALFE) y de la International Network of Philosophers of Education (INPE). Trabaja en las líneas de Filosofía humanista y Educación, Ética profesional y Pensamiento complejo y Educación. Ha trabajado como formador de docentes en diversos programas y universidades desde 1993.
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