Lado B
La SEP: ¿Construir el futuro o administrar el presente?
El reciente nombramiento del Dr. José Ángel Córdoba Villalobos como Secretario de Educación Pública ha despertado reacciones diversas y sin duda nos plantea motivos para la reflexión, no solamente a los que trabajamos en otra trinchera del sistema educativo nacional sino a la sociedad en general.
Por Lado B @ladobemx
20 de marzo, 2012
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Martín López Calva*

“…lento pero viene

el futuro real

el mismo que inventamos

nosotros y el azar

cada vez más nosotros

y menos el azar…”

Mario Benedetti.

El reciente nombramiento del Dr. José Ángel Córdoba Villalobos como Secretario de Educación Pública ha despertado reacciones diversas y sin duda nos plantea motivos para la reflexión, no solamente a los que trabajamos en otra trinchera del sistema educativo nacional sino a la sociedad en general.

No cabe duda de que el Dr. Córdoba es un muy eficaz funcionario. Su nombramiento al frente de la Secretaría de Salud al principio del sexenio despertó muchas críticas por su perfil ideológico panista de corte conservador que se presumía podía afectar las políticas públicas en el sector salud por ejemplo en materia de salud reproductiva. Sin embargo a lo largo de su gestión, se fue haciendo cada vez más evidente que este funcionario sabía distinguir entre sus convicciones personales y su actuación como servidor público.

El desempeño en este encargo -que tuvo hasta que renunció para trabajar por la candidatura a la gubernatura de su estado natal, Guanajuato, que finalmente no logró- fue, desde mi punto de vista, uno de los mejores dentro de un gabinete caracterizado mucho más por la lealtad incondicional al presidente de la república que por su conocimiento y eficacia.

Sin embargo resulta muy debatible que por haber hecho un buen papel en la Secretaría de Salud -área de su especialidad dado que se trata de un médico- tenga el perfil adecuado para dirigir la educación nacional, que es una de las áreas con mayores desafíos en el escenario actual.

No es la primera vez que sucede algo semejante. A lo largo de toda la historia del México postrevolucionario y sobre todo a partir de la consolidación del sistema político que aún no termina de desintegrarse en nuestro país sino que más bien se ha esparcido en los distintos partidos políticos, hemos vivido el continuo circular de los mismos rostros y nombres que van cambiando de secretaría como si fueran expertos en todos los temas, con el pretexto de que para ser ministro en el gabinete presidencial no se requiere de conocimientos específicos de cada área sino de capacidad de gestión administrativa y política.

Es así que estaríamos ante un caso más de un secretario de estado que sale de una oficina para ocupar otra sin que importe su perfil profesional y su conocimiento del tema que va a encabezar.

En su artículo de la semana pasada en El Universal, Manuel Gil Antón hablaba de una “sospecha”  que si bien no parece tan fácil de verificar, no resulta descabellada. En este texto, el investigador de El Colegio de México plantea la hipótesis de que se haya nombrado a un personaje muy cercano y de total confianza del presidente Calderón porque se esté planeando ahora sí, una vez roto el pacto con la profesora Elba Esther Gordillo, en intervenir para romper la hegemonía de la lideresa sindical y su inmenso poder en las decisiones que gobiernan la educación nacional.

Este podría ser un escenario y sin duda tendría, dependiendo de las formas en que se hiciera y de los resultados que tuviera esta intervención –porque no sería ninguna solución hacerlo solamente por obtener votos para el PAN en julio a partir de un golpe mediático que cambiara todo para que todo siguiera igual- muchas posibilidades de poner las condiciones para la reforma educativa profunda y real que necesita nuestro país y exigen los alumnos, los maestros, los padres de familia y la sociedad cada vez con mayor fuerza.

Sin embargo considero que con todo y esta posibilidad, el nombramiento refleja la visión de todos los presidentes mexicanos que se han preocupado por gestionar el presente de nuestro sistema educativo y con él, garantizar cierta estabilidad y cierta ausencia de conflictos en las escuelas sin resolver el problema de fondo de la calidad y la equidad urgentes para formar a las generaciones que construirán el México del futuro.

Gestionar el presente con un buen administrador y un equipo burocrático que tenga las cosas en orden en las escuelas ha sido la visión en el mejor de los casos –cuando no se ha visto a la educación simplemente como fuente de votos obtenidos corporativamente y de ideologización a favor del grupo en el poder- de nuestros presidentes.

Sin embargo, ningún presidente ha tenido la visión que requiere con cada vez mayor urgencia la educación de las nuevas generaciones. Ningún mandatario ha apostado realmente por la educación, convirtiendo la SEP en ese “ministerio del futuro” con que soñaba don Pablo Latapí.

Una secretaría que sea líder en la construcción de un horizonte de desarrollo para nuestro país, una oficina del gobierno federal capaz de soñar con el perfil del mexicano que se requiere para edificar ese futuro deseado, un ministerio compuesto más bien por filósofos y pensadores profundos y no tanto por administradores eficientes y burócratas de carrera. Esto es lo que requiere un país sumido en la falta de visión y de esperanza, desmoralizado en su presente e incapaz por ello de delinear su futuro.

Esto es lo que reclama el país pero las evidencias muestran que los presidentes siguen optando por usar la SEP para gestionar el presente en lugar de construir el futuro. Esta falta de visión tendría que cambiar, porque es necesario que caigamos en la cuenta de que entre menos capaces seamos nosotros de inventar nuestro futuro, más espacio dejamos para que lo defina el azar…o lo deformen los intereses de grupos de poder.

*Doctor en Educación por la Universidad Autónoma de Tlaxcala y académico numerario en la Universidad Iberoamericana Puebla. Ha hecho dos estancias postdoctorales por invitación del Lonergan Institute de Boston College (1997-1998 y 2006-2007) y publicado diecisiete libros, cuarenta artículos y seis capítulos de libros. Actualmente es coordinador del doctorado interinstitucional en Educación en la UIA Puebla. Es miembro del Sistema Nacional de Investigadores (nivel 1), de la Red Nacional de Investigadores en Educación y Valores (REDUVAL), de la Asociación Latinoamericana de Filosofía de la Educación (ALFE) y de la International Network of Philosophers of Education (INPE). Trabaja en las líneas de Filosofía humanista y Educación, Ética profesional y Pensamiento complejo y Educación. Ha trabajado como formador de docentes en diversos programas y universidades desde 1993.

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