Lado B
El camino de las casas cansadas, de Walter Jay
Por Lado B @ladobemx
22 de marzo, 2012
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Alejandro Badillo

El camino de las casas cansadas, novela corta de Walter Jay (México D.F. 1977), puede leerse en dos claves: el elemento atmosférico que moldea el perfil de los personajes y la imagen devastada, fantasmal, de un personaje en la búsqueda de su padre. Gabito, el protagonista, empieza su búsqueda desde su madre, ahondando detalles, explorando referencias que quedan en la memoria. Esta búsqueda vincula a El camino de las casas cansadas con Pedro Páramo de Juan Rulfo, novela canónica de las letras mexicanas, que revolucionó la literatura nacional aún inmersa en las temáticas realistas de la Revolución. Rulfo, para muchos, inauguró y clausuró al mismo tiempo una estética, una atmósfera indeterminada que sedujo a la crítica y a los lectores. Hablar de Pedro Páramo y El llano en llamas es complicado por la marca que dejó en los coetáneos de Rulfo y en las siguientes generaciones de escritores. Parecería que hay una ley no escrita que impide retomar los elementos de estas obras: la provincia repleta de fantasmas y la búsqueda infructuosa del origen. Sin embargo Walter Jay toma esa influencia y mueve a sus personajes en un escenario borroso, trata de buscar su propio camino en base a pulsiones, en la construcción de un lenguaje moroso que moldea casas derruidas, calles solitarias: una memoria que se escapa por su volatilidad, su condición efímera.

El camino de las casas cansadas. Walter Jay. Editorial Jus, 1era edición 2011.

El camino de las casas cansadas Gabito abandona el hogar materno y llega a un pueblo indeterminado donde se relaciona con dos personajes: doña Mary y don Cristóbal. La mujer lo retiene con la promesa de confiarle más detalles para encontrar a su padre. La tensión construye un erotismo que nunca detona y se mantiene oculto, latiendo detrás de cada diálogo. El triángulo lo completa don Cristóbal, dueño de una funeraria, que se muestra celoso ante la cercanía de doña Mary y Gabito. Los personajes hablan e imaginan pero queda la sensación de que se guardan cosas, de un doble discurso que tiene un propósito oscuro. El elemento más real y al mismo tiempo simbólico son las escenas en las que Gabito ayuda a don Cristóbal a preparar a los muertos antes de enterrarlos: la muerte, el cadáver que mira el mundo con sus ojos vacíos, son el único asidero en un pueblo lleno de dudas, donde nada parece lo que es.

Me parece que la prosa de Walter Jay busca su efectividad en la riqueza reflexiva. Los diálogos, en todo momento, son construcciones elaboradas que abordan elementos abstractos: de dónde viene la tristeza, cómo los ha derrotado la vida. En algunos tramos este recurso es excesivo y parece que los personajes están recitando un discurso previamente elaborado. Sin embargo, El camino de las casas cansadas logra conectar con el lector por la paciente elaboración de atmósferas. La receta para tener una novela exitosa en el mercado editorial depende de la correcta elección del tema, de una etiqueta y una construcción fácil que permita vender muchos ejemplares. Walter Jay prefiere apostar a factores que van a contracorriente: brevedad, experimentación, el protagonismo de artificios que pasan desapercibidos para muchos narradores.

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