“El Gobierno de México anunció este lunes un acuerdo nacional para restringir el uso de teléfonos celulares y otras pantallas en las escuelas primarias y secundarias, luego de obtener el respaldo unánime de esta iniciativa por parte de las autoridades educativas de los 32 estados”. Según lo publicado en la prensa nacional este acuerdo entrará en vigor a partir del próximo día 3 de noviembre en todas las instituciones educativas del territorio nacional.
Como dijo la presidenta esta medida no es algo exclusivo de México sino que está vigente ya en muchos países del mundo. Según datos de UNESCO, 114 sistemas educativos ya cuentan con prohibiciones nacionales de teléfonos celulares en escuelas. Es decir, más de la mitad de los países del mundo.
Según el acuerdo, los niños, niñas y adolescentes podrán llevar sus teléfonos a la escuela pero tendrán que dejarlos guardados en sus mochilas durante toda la jornada escolar, incluyendo los tiempos de recreo. Las instituciones educativas tendrán un mes para realizar asambleas informativas y hacer las adecuaciones necesarias en sus dinámicas cotidianas para aplicar la nueva normativa a partir de la fecha establecida.
“El objetivo es recuperar la creatividad y evitar el uso indiscriminado de las pantallas junto con las redes sociales” declaró la presidenta al anunciar la medida, según el mismo diario antes citado. Se trata sin duda de un objetivo deseable: recuperar la creatividad de las nuevas generaciones. Lo que habría que preguntarse es si el simple hecho de prohibir el uso de los teléfonos y el acceso a las redes sociales va a generar una recuperación de la creatividad de los educandos de forma automática o si van a transitar simplemente de la enajenación digital a la enajenación analógica en la escuela.
Como se dice en la guía de la UNESCO para el acompañamiento de niños, niñas y adolescentes en el uso de los teléfonos móviles, las redes sociales y la inteligencia artificial, “…En lugar de establecerse prohibiciones…las escuelas deberían establecer guías claras, supervisión y restricciones que permitan a los estudiantes beneficiarse de las ventajas educativas de los teléfonos mientras se reduce su potencial mal uso”.
Porque como se señala en la misma guía, las escuelas son en múltiples casos uno de los pocos sitios en los que las niñas y niños pueden desarrollar habilidades de alfabetización digital y pensamiento crítico, empezando incluso por el aprendizaje de acceso a la información y añadiría yo, de discriminación de la que vale la pena y tiene rigor de la que es claramente falsa o engañosa; como dice Bauman, aprender a separar el trigo de la paja, para que con ello pueda enseñarse a las nuevas generaciones a prevenir la llamada infoxicación, ante la cantidad casi infinita de datos que encuentran en el espacio virtual.
Sin embargo, también es cierto que junto con esas posibilidades educativas que pueden incluir no solo la alfabetización digital sino el desarrollo de habilidades de razonamiento, de pensamiento creativo y crítico y de formación en ciudadanía digital, al entrar los celulares a la escuela entran también muchos problemas y riesgos que preocupan a los docentes y directivos, a los padres y madres de familia y a la sociedad toda.
En el ámbito del aprendizaje de contenidos de las asignaturas y de desarrollo de las habilidades básicas de pensamiento requeridas para poder vivir funcionalmente en la sociedad, ya se ha publicado bastante material que da cuenta de la relación entre un mayor uso de celulares y redes sociales y el deterioro de las capacidades de lectura de comprensión, razonamiento matemático y científico.
Pero los riesgos y el deterioro no solamente se expresan en un menor aprendizaje en lo cognitivo sino en problemas de salud mental y emocional, mayor dificultad en las habilidades de comunicación y convivencia cara a cara y otros problemas que tienen que ver con el ámbito ético como el acoso digital, la obsesión por la imagen pública y la popularidad, la consecuente pérdida de autoestima cuando no se es suficientemente seguido y aceptado o no se cumple con los estándares que marcan los estereotipos establecidos.
En este rubro que tiene que ver directamente con la calidad de vida de las nuevas generaciones, existe mucha literatura que habla del aumento de los niveles de ansiedad, del número de casos de depresión que puede llevar hasta el suicidio como reacción al acoso y la violencia digital y en Argentina el uso de los teléfonos celulares ha sido asociado también con el alarmante nivel de involucramiento de niños y adolescentes en el mundo de las apuestas en línea, reportándose un número creciente de casos de niños que han caído en la ludopatía y no resisten esperar al recreo y apuestan desde su dispositivo en las aulas.
Como muestran estos casos y muchos otros estudios, es real que el uso de los celulares en las escuelas y en general en la vida cotidiana de los niños y adolescentes ha traído consigo muchos problemas y riesgos que hacen mucho más vulnerables a las generaciones actuales que a las de nuestros tiempos. Un estudio de Kids online de Uruguay, citado por la misma página de la UNESCO reporta que casi una tercera parte de los niños declaran baja en sus calificaciones, falta de sueño y alimentación adecuadas y problemas con sus familiares debidos al uso del teléfono móvil.
Pero nuevamente, la pregunta es si todos estos problemas se solucionan con la prohibición del uso de celulares en la escuela o si habría más bien que educar a las nuevas generaciones que viven en el mundo dominado por las tecnologías digitales para que generen formas y hábitos de uso constructivo y sano de sus dispositivos, incluyendo usos que les apoyen en su proceso de aprendizaje y no solamente les hagan fáciles las tareas o les eviten el esfuerzo de pensar y sentir para autoconstruirse como personas y ciudadanos.
Ante los resultados de PISA 2025 que muestran un gran retroceso en prácticamente todos los países evaluados, Susana Claro y Soledad Concha publican un artículo que titulan muy acertadamente: Se necesita mucho más que prohibir los celulares. En su texto las autoras plantean que los niños y adolescentes consideran muchas veces que viendo un video de Tik Tok que les brinda alguna información que se les graba superficialmente pero es fácil de entender y no implica mayor esfuerzo, están aprendiendo. Por el contrario, los educandos suelen tener la idea y la sensación de que cuando algo les cuesta trabajo y no causa un efecto fácil e inmediato, no están aprendiendo.
Este fenómeno se denomina La paradoja del esfuerzo y según lo plantean, debería ser la misión de la escuela de nuestros tiempos para poder revertir el deterioro que se ha venido acumulando crecientemente en la era de las tecnologías digitales. “La tolerancia a la dificultad se entrena, al igual que la capacidad de atención. Si nunca se ejercita, no aparecerá cuando se la necesite. Y si se tuvo, pero se dejó de usar, se reduce”, afirman. Ellas lo refieren concretamente al campo de la lectura, pero este principio es válido para todos los campos de aprendizaje, incluyendo el de la convivencia escolar y la formación ética y ciudadana.
Ojalá nuestras autoridades políticas y educativas no estén pensando en la prohibición de celulares como una solución mágica. Ojalá que el sistema educativo acompañe esta medida que puede ser positiva con medidas que restauren en la cultura tanto de educandos como de padres de familia y docentes la paradoja del esfuerzo y asuman como su tarea central entrenar la tolerancia a la dificultad y desarrollar la capacidad de atención en las nuevas generaciones.
EL PEPO