Alejandro Armenta Mier, gobernador de Puebla, en su conferencia matutina del 9 de abril de 2025 empuñó el micrófono y dijo:
—Rodolfo Ruiz, eres un cobarde, eres un canalla —lo repitió tres veces y pidió a la Fiscal General del estado de Puebla, Idamis Pastor Betancourt, abrir una carpeta de investigación por “delitos de género”. El explosivo ataque se originó por una publicación en X, donde se criticaba el uso de recursos públicos para la promoción y presentación de una boxeadora que ocupa la Secretaría del Deporte, pero que no fue escrita por Ruiz. El gobernador se confundió, o lo confundieron.
No hubo carpeta de investigación por delitos de género, pero sí se reabrió un proceso por lavado de dinero y operaciones con recursos de procedencia ilícita, iniciado en tiempos de Luis Miguel Barbosa, el gobernador difunto en funciones.
En diciembre del año pasado, el director de e-consulta fue vinculado a proceso.
—Es un juicio absurdo, una consigna política. Pensaría en principio de la fiscal. Documentamos hechos de corrupción, todos los acreditamos —contestó Rodolfo más o menos igual a reporteros y periodistas, locales y nacionales, que lo entrevistaron durante meses sobre el proceso que se reactivó en su contra luego de cinco años suspendido.
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—Sale, ahora sí —me indica al momento que cuelga. Empezaba a contestar la primera pregunta cuando una llamada interrumpió. Supuse que el resto de la entrevista sería así. En cambio ajusta su teléfono para que no vuelva a sonar; Rodolfo Ruiz se concentra en cada palabra que va a responder. Es lunes, 28 de agosto de 2023, y estoy sentado frente al director de e-consulta, el periódico digital independiente que lleva más tiempo activo en el país; me recibe en una sala de las oficinas.
En los casi noventa minutos que logro extender la primera entrevista, conservo la sensación de que no le interesa demasiado quién soy, lo que sí le importa, con un cuidado que no había visto en ninguna otra persona, es que por ningún motivo se permite revelar cualquier particularidad, detalle, desvarío, secreto. Evita palabras impredecibles, hechos verdaderamente narrativos. Rodolfo esconde los detalles como si de sus fuentes se tratara.
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Es 7 de septiembre de 2023. Rodolfo revisa una tabla de pagos que recibe el periódico por publicidad. Pide la del año pasado. No entiende. Una asistente de ventas le explica y explica y explica hasta que Rodolfo resuelve:
—A la chingada Ezoi —una agencia de anuncios que, acaba de descubrir, no les reporta ingresos.
—Estoy rastreando en los registros porque según los community managers vamos a toda madre, pero yo pienso que no.
Pide que venga Teresita, la asistente de Rodolfo. Extiende varios documentos. En la mano izquierda sostiene el celular con la aplicación de la calculadora abierta. En la derecha un plumón rojo. Murmura cifras. Teresita entra. Se saludan de usted. Le pide una tabla con más datos de los últimos suscriptores en redes sociales. Desde la sala de la redacción se escucha el audio de una noticia. Rodolfo pregunta si es sobre la ola de asaltos ocurridos en las inmediaciones de una escuela privada.
—Sí —contesta un redactor.
—Hay que darle peso a los estudiantes, parecemos órgano oficialista de la universidad —grita Rodolfo.
El redactor no responde.
—Ni remotamente vamos a ganar lo del 2022 —Rodolfo vuelve a concentrarse en las tablas de pago.
—Me caga hacer cuentas pero hay que hacerlo —me dice más tarde, cuando estamos solos. Ya no se escucha ningún audio, solo a Rodolfo: el martilleo ansioso de los dedos contra las teclas; vive atrapado en la lógica del diarismo furioso, neurótico. Revisando incansablemente cualquier otro periódico, locales y nacionales, buscando noticias que sus editores hayan pasado por alto, cazando información para sus columnas, o para fustigar a sus reporteros y obligarlos a redactar otra nota lo más rápido posible. Aunque de los medios más leídos en Puebla, e-consulta era –hasta hace muy poco– el más confiable, serio y con prestigio, Rodolfo siempre quería más, nunca era suficiente.
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En su familia escuchaban la radio: Enrique Montero Ponce, de Grupo HR, y José Luis Ibarra Mazari, luego Arturo González en Radio Oro. Pensó que algún día sería locutor.
Cursaba la preparatoria en la Enrique Cabrera, de la Benemérita Universidad Autónoma de Puebla. Vivía en Pueblo Nuevo, en la Romero Vargas, una popular junta auxiliar, ubicada al norponiente de la ciudad de Puebla. Tenía diecisiete años cuando, después de insistir mucho, logró que lo dejaran trabajar sin salario en Grupo HR y en La Voz, el vespertino de El Sol de Puebla.
Trabajó un año y medio sin cobrar, esperando que un reportero titular se fuera. Tuvo oportunidad de grabar noticias. Lo mandaban a las fuentes que los demás evitaban. De pronto empezó a cubrir política. Le tocaron las elecciones de 1983: Jorge Murad Macluf, candidato del gobernador Guillermo Jiménez Morales (PRI), contra Ricardo Villa Escalera (PAN). Terminaron en fraude. Hubo protestas. Fueron sus años de formación.
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Encontró lugar en El Sol de Puebla, pero el sindicato impidió su contratación, cada plaza era disputada entre los trabajadores de los talleres y las oficinas. Lo intentó durante un año, no se pudo. Siguió como corresponsal de El Universal. Ahí se concentró hasta que en 1988 el editor de Estados lo invitó a hacer una plana estatal, solo con información de Puebla. Lo acompañaron en el proyecto Germán Benítez, Marichu Garrido, algunos periodistas más. El encarte local en la edición nacional fue un éxito.
Entonces Rodolfo fundó un periódico independiente, separado de la edición nacional, comenzó El Universal Puebla-Tlaxcala. A color, pocas notas, muy gráfico. Vendieron mucha publicidad, hasta que un problema financiero entre los dueños del grupo provocó el cierre. Alrededor de cien trabajadores quedaron desempleados.
Rodolfo pensó en mudarse a la Ciudad de México. Quiso publicar un periódico impreso, se iba a llamar Plural, el dummy ya estaba diseñado, había alguna posibilidad de publicidad. Un amigo suyo, compañero de secundaria, su compadre Javier Sánchez Galicia, lo convenció de que se arriesgara con un periódico digital.
Sánchez Galicia es un consultor político que trabajó con el exgobernador Mario Marín –procesado por el delito de tortura contra la periodista Lydia Cacho– como su vocero y encargado de Comunicación Social de 2006 a 2011. En esa administración coincidió con Armenta Mier, entonces priísta, quien a inicios de su gobierno, en agosto de 2024, lo nombró Coordinador de su oficina.
Le pregunto si aún es amigo de Sánchez Galicia.
Rodolfo me responde un “sí” orgulloso, pero cambia rápidamente de tema, impidiendo en esta y en las demás ocasiones hablar de su “gran amigo”.
En cambio, me continúa narrando que los gastos de su casa los cubría su esposa. Con los ahorros que le quedaban compraron computadoras. En unas diminutas oficinas de la 3 Poniente, casi un pasillo, comenzaron e-consulta: Dulce Liz Moreno, Ivone Hernández Caballero, Blanca Patricia Galindo; hace veintitrés años, un cinco de agosto. Ni siquiera Rodolfo sabía cuánto cobrar por publicidad, tuvo que basarse en los montos de los impresos.
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Beatriz del Castillo conoció a Rodolfo en 1999, en las oficinas de El Universal. Tenía diecinueve años; estudiaba Comunicación. Desde la primera entrevista Rodolfo le encargó un proyecto.
—Ningún reportero lo ha podido concretar —la retó. Le mostró la edición de un periódico norteamericano, la sección del obituario. Desde entonces trabajaron juntos.
—Era mi papá periodista. Quien logra trabajar con Rodolfo puede hacerlo con cualquier jefe, en cualquier lugar.
Rodolfo llegaba con asignaciones que —piensa Beatriz— para un joven de ahora serían muy difíciles de cumplir.
—No he tenido un jefe más exigente que Rodolfo, nadie lo ha tenido. Tenía el famoso marcador rojo: si te encontraba tres errores, aunque fueran ortográficos, te rompía la hoja, el texto se rehacía. Enseñaba templanza. Alto rendimiento.
El año antepasado Beatriz estuvo brevemente reestructurando el área de corresponsales. Se dio cuenta de que ya no puede habituarse al ritmo actual de producción noticiosa y a lo demandante de la redacción, como inevitablemente les sucede a los reporteros que trabajan bajo las órdenes de Rodolfo. Aunque no son las únicas razones por las que eventualmente la gente abandona: la precarización salarial y la falta de condiciones para ofrecer seguridad social son obstáculos que contados medios locales pueden vencer.
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Hay dos escritorios en una oficina adjunta. En uno descansa el monitor desde donde Rodolfo revisa varios periódicos del estado, escucha Radio Fórmula. No hay cuadros colgados en ninguna pared. Sólo una mini planta, la maceta forrada en papel aluminio. Una pequeña cabeza de la diosa Justicia: un reconocimiento. Y la edición del día de Reforma doblada sobre el escritorio.
—¿La convocatoria tuvo dedicatoria para dejar fuera a algún despacho? —pregunta con un tono de voz más alto que el de las anteriores. Se las ha ido disparando a su fuente, una maestra de algún sindicato. Cuelga pronto, como las siete llamadas telefónicas anteriores que realiza en mi presencia, casi siempre con el mismo guion: preguntas difíciles, cada vez más, una tras otra, comprometedoras. Sus fuentes narran detalles hasta que en algún momento se sienten demasiado expuestas. Entonces Rodolfo suelta la pregunta más incómoda, y de manera invariable termina la conversación. Los lleva al límite.
Se ha mantenido escribiendo cuatro columnas a la semana durante veintitrés años. Va apuntando oraciones en una pequeña libreta de bloc, de las que caben en el bolsillo de una camisa. Le pregunto si siempre escribe con tinta roja.
—No, el color que caiga —contesta un poco harto.
Rodolfo vuelve a su celular, marca hasta que alguien contesta. Comienzan las preguntas para otra entrevista.
La relevancia de su columna “La corte de los milagros” radica en que combina la filtración de documentos oficiales con una narrativa de denuncia persistente. Expone la simulación política: los “milagros” presupuestales o las falsas virtudes de los funcionarios. No se queda en el adjetivo, suele haber un número de oficio o una captura de pantalla que respalda la acusación.
En esa corte, Ruiz expuso a un grupo de funcionarios (apodados “los chiapanecos”) incrustados en la Fiscalía General del Estado, a quienes acusó de operar redes de extorsión contra empresarios y de fabricar delitos para silenciar opositores, durante el gobierno de Barbosa. Son ellos quienes formularon la denuncia por uso de recursos de procedencia ilícita.
Pero por supuesto no es la única publicación incómoda.
En meses posteriores a la reactivación del proceso judicial en su contra, e-consulta investigó sobre la existencia de una plataforma digital llamada Nódica, presuntamente utilizada por el gobierno estatal para monitorear a críticos, periodistas y ciudadanos. Describió cómo se opera el “ciberactivismo oficial” mediante granjas de bots y la coacción de empleados públicos para inflar tendencias en redes.
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Recientemente, a través de filtraciones de personal médico y administrativo, e-consulta expuso las condiciones infrahumanas y el desvío de recursos en el hospital psiquiátrico de Puebla, “El Batán”. Esta serie de publicaciones obligó a intervenciones de la Comisión de Derechos Humanos.
Investigó además la opacidad en las licitaciones de las empresas encargadas de las fotomultas (como Autotraffic). Reveló que el esquema no era preventivo, sino recaudatorio, detallando los porcentajes de ganancia que se llevaban particulares a costa de los bolsillos poblanos.
Ruiz ha sido el cronista más persistente sobre la entrega discrecional de patentes notariales al final de cada sexenio. Documentó cómo se “premiaba” a operadores políticos con notarías, lo que derivó en la revocación masiva de licencias durante la gestión de Luis Miguel Barbosa.
Antes, en el primer año de gobierno de Rafael Moreno Valle (2011), Ruiz denunció un boicot comercial orquestado desde la administración estatal, está de más decir que eso no lo detuvo. Al final del sexenio intentó desmenuzar el complejo esquema financiero heredado del morenovallismo, donde los ingresos del Impuesto sobre la Nómina (ISN) se destinaron a un fideicomiso privado para pagar obras de infraestructura. Fue de los primeros en llamar a esto “deuda pública disfrazada”.
Al respecto de su situación actual, en su columna ha analizado la contradicción del gobierno de Alejandro Armenta: un discurso de “Puebla feliz”, donde se persigue a periodistas. Haciendo un ejercicio de metaperiodismo, Ruiz narra su propia lucha legal como un síntoma de la salud democrática del estado.
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Patricia Méndez siente que colaborar, desde el 2010 hasta el 2020, en e-consulta fue un sueño cumplido. Tenía tantas ganas de aprender de Rodolfo, había escuchado tanto su nombre, que buscó dónde impartía clase. Patricia anhelaba ejercer el periodismo, ya había logrado trabajar en una estación de radio pero quería estar más cerca del oficio. Logró que una amiga reportera la recomendara en e-consulta. Iba a estar tres meses a prueba. A los dos días una fuente del PAN le pasó un dictamen del balance de la administración donde había varias irregularidades de la administración de Enrique Doger. La prueba se acabó, Patricia se quedó.
—Rodolfo castiga que los reporteros tengan negocios con políticos.
Patricia me asegura que nunca recibió una instrucción para ocultar información, aun si había alguna entidad involucrada con ellos en algún convenio.
—Nunca se me limitó, nunca me mandaron a golpear u ocultar información, a extorsionar. Había libertad. La precisión fue un aprendizaje estructural. Duré tanto porque le gustaba mi estilo —Patricia habla contenta, emocionada de sus años en e-consulta.
Algunos compañeros apodaron a Patricia como “la ingeniera”. Le gusta, me responde sonrojada. Muchas veces su trabajo consistía en revisar obras públicas. Ironizaban que iba a revisar si los clavos eran de tres o cinco pulgadas, cuánto pesaban: así de minucioso, de preciso, pedía Rodolfo que fuera el manejo de la información.
Patricia piensa que si e-consulta ofreciera seguro social a sus trabajadores se quedarían más tiempo.
—Han tenido demasiados buenos reporteros que se han ido porque no ha podido competir con mejores condiciones laborales que ofrecen otras empresas.
Durante el temblor del 2017, Patricia notó que las cosas se estaban moviendo en su casa, apenas iba a bajar las escaleras para ponerse a salvo, cuando Rodolfo ya estaba mandando mensaje a los reporteros con indicaciones.
—Su vida es e-consulta.
Patricia decidió renunciar porque ya le dolía demasiado la nuca, se le estaba cayendo el cabello y, al dormir, seguía tecleando.
—Siempre se intentó llevar información a los lectores a pesar de las agresiones y amenazas. Barbosa no me dejaba preguntar porque era de e-consulta.
Patricia piensa que el éxito del periódico se basa en que Rodolfo cuida demasiado su credibilidad para que su empresa continúe siendo redituable, es eso muy diferente de otros dueños de medios.
—Es muy hábil también en las relaciones públicas. No le cuesta trabajo moverse entre los políticos. Sólo él consigue las mejores primicias. Aunque su trabajo puede ser cuestionado, su olfato periodístico ha sido de valor para el Estado. Es una escuela. Le tengo mucho aprecio.
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—Bartlett me mandaba policías para cuidarme, pero más bien para investigarme. Me había pedido que no habláramos de su vida personal. Teníamos un columnista que le pegaba a la mamá y a su esposa. Me voy de vacaciones y hasta parece que les pedí que le rompieran su madre. Con Moreno Valle también fue complicado. Quería dictarte las notas, la columna, la editorial, quería que le cambiáramos las fotos. Barbosa me puso veinticuatro demandas civiles por daño moral. Se siguen litigando.
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Ni siquiera se da tiempo de suspirar, interrumpe el gesto para lanzarse hacia las teclas de la computadora: busca una nota de otro periódico y vuelve a llamar a alguna de sus fuentes, intenta obtener más datos para otra columna.
—Nos entra más dinero por agencias de anuncios que por vendedores. Pautas publicitarias con gobiernos ya estamos hablando de uno o dos millones de pesos —me responde, y de inmediato le grita al programador para recordarle pendientes y pedirle más cambios en el diseño del sitio web.
—De director de periódicos llevo treinta años, imagínate cuántos problemas he tenido, muchos. Muchísimos.
Grita el nombre de un redactor. La voz de un joven intenta excusarse: el sábado no trabaja: cree que el pendiente es para entonces.
—No, no, lo quiero ver ya, comienza, y en cuanto tengas pruebas, me las enseñas —ordena el director, dueño, editor y gerente general.
De pronto parece recordar mi presencia. Voltea a mi rincón y me pregunta:
—¿Qué hay? —como si también yo tuviera un pendiente.
—Nada, nada —respondo.
El redactor sale de la oficina sobándose los hombros, como si su trabajo consistiera en cargar enormes piedras.
Rodolfo llama a la editora, le pregunta por una reportera que anda “perdida” y que no “carbura”; pide hablar con el reportero de Acatlán:
—El Sol trae una nota de negligencia médica que nosotros no traemos.
En los pasillos se escucha discutir a la asesora de ventas con un community manager. Rodolfo abre el whatsapp, copia y pega información para otro reportero.
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—No todos somos reporteros, no cualquiera puede. El reto siempre es mantenerse —me dice antes de entrar a la junta editorial de cada tarde. Cualquier opinión que emiten los cuatro reporteros y la editora, Rodolfo la cuestiona. A base de preguntas logra jerarquizar las primeras tres notas con las que se formará la edición del día siguiente. Aún faltan dos notas cuando se da cuenta que se la ha hecho demasiado tarde para una cita. No se despide de nadie. Apenas recuerda tomar su saco antes de correr al coche.
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Luis Martínez trabajó diez años en e-consulta. Entró como webmaster, pero terminó siendo el Director Digital, actualmente dirige El Popular. Para Luis, e-consulta ofrece las mismas condiciones precarias de cualquier medio de Puebla, lo único que de verdad le parece distintivo es la velocidad con la que Rodolfo Ruiz intentaba acelerar los procesos laborales.
—Viene de la lógica de los periódicos impresos donde todo tiene que ser rápido. Le quería dar rápido a todo: urge, urge sacar esa nota, nos gritaba. Eran tiempos de la urgencia y la urgencia mandaba. Con las consecuencias en los reporteros que llegaban a soportarla. Rodolfo es una persona muy acelerada. A veces quería milagros y no había recursos. La exigencia editorial de Rodolfo era tal que no permitía que hubiera viudas en los títulos de las notas o que una palabra sobrara. Podías haber hecho la mejor investigación, pero se encabronaba si la portada estaba descuadrada.
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La realidad de servidumbre que históricamente los periódicos de Puebla han padecido imposibilita el oficio, es un hecho —me dice Sergio Mastretta, periodista con más de 40 años de experiencia y director del portal de noticias Nuestro Mundo.
—En este sentido enmarco la persecución criminal que ha sufrido Rodolfo, que se había logrado plantar frente al poder como un periodista independiente. La estructura comercial no paga a los medios. Estos últimos meses han sido catastróficos.
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A finales de abril pasado se dio a conocer que Rodolfo Ruiz había dejado de ser el socio mayoritario de e-consulta, perdiendo así el control total del medio. En días posteriores, manifestó vergüenza en redes sociales por una nota publicada en el sitio, que hace patente la nueva editorial: una a modo del gobierno.
En respuesta al proceso judicial en su contra, que actualmente está en revisión en un Tribunal Colegiado, Rodolfo Ruiz interpuso una demanda por abuso de autoridad y ejercicio indebido de funciones.
Hasta ahora no se ha activado el mecanismo federal de protección para periodistas, pese a que la organización internacional de libertad de expresión, Artículo 19, ha reiterado que se trata de un caso que no puede analizarse de manera aislada, pues se origina en un contexto de cobertura periodística crítica sobre presuntos actos de corrupción y abuso de poder relacionados con autoridades del estado de Puebla, incluidas instancias de procuración de justicia, y que, como tal, este acoso constituye una forma de censura indirecta.
Rodolfo Ruiz sigue publicando su columna en e-consulta. En su entrega del 26 de mayo expone la omisión del presidente del Consejo de la Judicatura del Poder Judicial de Puebla, de no dar a conocer sus declaraciones patrimoniales.
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