Lado B
Censura algorítmica: así castigan las redes el contenido feminista
Por Lado B @ladobemx
09 de marzo, 2026
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Investigación: Scarlett Lindero Cortés | Sandra Rojas | Wanda Pacheco | La Cadera de Eva

Tus publicaciones no desaparecen. No hay bloqueo ni notificación. Pero de un día para otro, las interacciones caen. Menos vistas, menos respuestas, menos alcance. El contenido sigue ahí. Simplemente, ya no se ve.

En distintos países de América Latina, creadoras de contenido, colectivas, acompañantas de aborto y periodistas feministas comenzaron a notar el mismo patrón en las plataformas. Publican como siempre, pero el alcance cae. Los contenidos siguen visibles en sus perfiles, aunque casi no llegan a nadie. En algunos casos, incluso, sus cuentas de WhatsApp —donde brindan acompañamiento, asesoría y servicios de salud— han sido eliminadas sin previo aviso.

A veces hay una notificación, una advertencia o un mensaje ambiguo. Pero muchas otras veces, no. El contenido no se borra ni se sanciona abiertamente. Solo deja de circular.

Son los algoritmos —los mecanismos que deciden qué se ve y qué no en las plataformas— los que reducen o frenan la visibilidad de ciertos contenidos sin explicaciones claras.A eso se le llama censura algorítmica.

Durante seis meses, con el apoyo de ARTICLE 19 y la Unión Europea, La Cadera de Eva documentó cómo contenidos sobre derechos sexuales y reproductivos, violencia de género, derechos humanos y la diversidad sexogenérica pierden alcance en redes sociales, y el impacto que esto tiene en el activismo digital y en nuestro derecho a la información.

Los picos de shadowban —la reducción de visibilidad sin notificación— se concentran en fechas clave para el movimiento feminista: el 8 de marzo, Día Internacional de las Mujeres; y el 28 de septiembre, Día de Acción Global por el Aborto Legal, Seguro y Accesible.

Cuando la información que salva vidas se castiga

Paula Rivera Núñez sabe que el teléfono puede dejar de funcionar en cualquier momento. Como gerente de operaciones de Telefem, una organización de telemedicina para el aborto seguro en México y América Latina, ha aprendido  que el contacto con las mujeres puede interrumpirse en cualquier momento, incluso cuando están en medio de un proceso. Ya les pasó.

Fue en 2024. Sin aviso, Meta bloqueó sus cuentas de WhatsApp Business. Cuatro mil conversaciones mensuales, cortadas de golpe. Mujeres en proceso de aborto, perdidas. 

«Gente que teníamos en proceso, los perdimos completamente», dice Rivera. «Nos hizo perder credibilidad y las personas pensaron que no les contestábamos».

El golpe definitivo llegó meses después: un bloqueo total borró su cuenta de Instagram con 45 mil seguidoras. Años de trabajo, información basada en evidencia científica de la Organización Mundial de la Salud (OMS), eliminados. La razón oficial de Meta nunca llegó. 

En México, el aborto inseguro es la cuarta causa de muerte materna. En 2020 la pandemia había convertido hospitales en centros COVID y el acceso  a servicios de salud sexual y reproductiva se esfumó. Telefem nació en noviembre de 2021 como respuesta.. La organización usa la tecnología para romper barreras, siguiendo los manuales de la OMS y los lineamientos de México que avalan la autogestión del aborto con acompañamiento profesional.

«No es solo médico, es integral», explica Rivera. «Buscamos dar un apapacho, contención emocional en procesos que generan ansiedad». 

Pero desde el inicio, Meta rechazó darles certificaciones de seguridad por la temática de su contenido. Las herramientas de comunicación quedaron limitadas antes de empezar. Rivera contrasta: «Me estás censurando por dar un mensaje sanitario… y por otro lado tengo un montón de cosas violentas circulando por todas partes».

Rivera vincula los picos de censura con el clima político. Tras la anulación de Roe v. Wade en Estados Unidos, la vigilancia en los espacios digitales se endureció. Las fronteras físicas y digitales se cerraron al mismo tiempo.

Crearon un blog para desmentir remedios caseros y orientar hacia información y acompañamiento confiable. También migraron a una plataforma española, fuera del ecosistema de Meta, sin que existiera una protección normativa específica que garantizara la permanencia de sus contenidos. Esa vía tampoco logró sostenerse. La estrategia que sí funcionó fue sacar el mensaje de las plataformas: colocar publicidad sobre la interrupción del embarazo en los vagones exclusivos para mujeres del Metro de la Ciudad de México.

«Aunque nos apaguen el switch», dice Rivera, «no vamos a claudicar. Nuestro objetivo es evitar que las decisiones reproductivas de las personas les cuesten la vida».

A kilómetros de distancia, Miguel Torres vive el mismo patrón. Como coordinador de comunicación de Balance A.C., una organización feminista mexicana que trabaja por la justicia sexual y reproductiva, ha enfrentado al menos dos casos graves de censura por parte de Meta.

El primero fue el bloqueo de la cuenta de Instagram “sentir bueno bonito MX”, dedicada a la educación integral en sexualidad para adolescentes y jóvenes. El argumento: su descripción —que incluía palabras como “sexualidad”, “diversidad” y “LGBT+”— infringía las normas comunitarias. Durante dos o tres meses, el perfil dejó de aparecer en búsquedas y recomendaciones. Para recuperar visibilidad, Balance A.C. tuvo que modificar la redacción de su descripción. 

El segundo caso ocurrió durante una campaña de prevención de la violencia de género.  Aunque la organización entregó toda la documentación requerida por Meta para pautar contenido social y político, la mayoría de sus anuncios fueron rechazados y su cuenta publicitaria fue bloqueada y dada de baja. Más de seis meses sin poder promocionar contenido.Tras un largo proceso de apelaciones lograron reactivarla, pero ahora deben ser especialmente cuidadosos con el lenguaje y las imágenes que utilizan.

“Fue todo un proceso porque primero no metimos la queja, (solicitamos) la revisión, porque decíamos: ‘No hay nada malo en la descripción’. Justamente estamos invitando a las personas a disfrutar su sexualidad, a que cojan, y no hay nada de malo en eso. La revisión falló, nos dijeron que seguíamos incumpliendo las normas y que, si no cambiábamos algo, incluso podían bloquear la cuenta. Tuvimos que encontrar maneras distintas de frasear los temas”.

En We R Women On Fire, colectiva dedicada a visibilizar la violencia de género con más de 900 mil seguidoras en Instagram, la censura se presenta como eliminación directa. Magali Vega, embajadora del proyecto, relata que Instagram retira de forma recurrente publicaciones que denuncian casos de feminicidio con nombre y apellido del agresor, bajo el argumento de “incitación al odio”.

Lo que comenzó en 2020 como un espacio de ciberactivismo se transformó en una disputa constante con los algoritmos. “Es mucho más fácil que nos bajen el contenido de lo que estamos platicando, que bajen un contenido de los más de dos millones de mercados de explotación sexual que existen actualmente”, señala Vega.

El problema se hizo evidente en 2021. Cuando la colectiva empezó a tener más alcance, sus denuncias y videos comenzaron a desaparecer sin explicación. Después, Instagram bloqueó la opción de “seguir” la cuenta, diciendo que el perfil estaba “en revisión”. La comunidad dejó de crecer. Para no perder el contacto con mujeres que buscan acompañamiento en procesos judiciales o en la búsqueda de familiares desaparecidos, abrieron una cuenta de respaldo.

La censura también alcanzó a Magali en lo personal: su cuenta fue cerrada cuando empezó a compartir contenidos de la colectiva, bajo el argumento de “avisos de fraude”.

La censura se intensifica en fechas clave como el 8 de marzo, el 25 de noviembre o el 28 de septiembre, especialmente en publicaciones sobre marchas, consignas o tendederos de denuncia donde se mencionan responsables o se arroban instituciones.  Para Vega, esto descarta cualquier falla técnica: “La censura algorítmica no es un error aleatorio. Los algoritmos arrastran sesgos, prejuicios y juicios valorativos, y son mucho más permisivos con contenido de entretenimiento o sexualización que con contenido político”.

***

En la Ciudad de México, Ana —diseñadora gráfica de 28 años de Michis Aborteros— revisa Michimedia, una herramienta que crearon para vigilar sus publicaciones. Cada post: hora, hashtags, interacciones y fechas críticas.

«Aprendimos a leer el silencio», dice. «A veces no te borran: simplemente dejan de mostrarte». 

Saben que hay shadowban cuando las interacciones caen de golpe, los comentarios se detienen y las historias desaparecen hasta para sus seguidoras habituales.

Michis Aborteros nació en 2020, por la urgencia de la pandemia. «Ya no podíamos acompañar de forma presencial… la creación de redes no fue tanto para comunicar, sino para poder acompañar desde los mensajes», explica Ana, quien lleva 10 años como acompañanta de abortos. 

La estrategia del nombre no es casual. «Michi» busca quitar peso a una narrativa que siempre ha sido negativa y clandestina. Además, es táctica: desde 2007, las búsquedas de gatos son masivas, y la colectiva decidió «utilizar el algoritmo a nuestro favor» para que el contenido sobre aborto apareciera junto a las fotos de gatitos.

Pero mientras Instagram bloquea opciones de «seguir» en cuentas feministas bajo el argumento de estar «en revisión», las páginas que estafan a mujeres con medicamentos falsos siguen activas aunque las reporten.

Perder cuentas de WhatsApp y redes sociales significa cortar acompañamientos en proceso. «Si se llega a perder esto, podría dejar un acompañamiento a medias o un envío de medicamento de donación a medias… eso es lo que realmente más nos preocupa», dice Ana. Michis Aborteros documentó que organizaciones amigas en Latinoamérica como Fundación MSI han perdido hasta el 80% de sus usuarias por estos bloqueos.

Su primer momento de viralidad fue también el primero de censura. Michis Aborteros se volvió viral después de un llamado en redes sociales sobre el estado del Ángel de la Independencia tras un campeonato de fútbol, comparando la situación con las quejas por la iconoclasia durante marchas feministas. 

La publicación fue ampliamente compartida, lo que llevó a que muchas personas entraran a su perfil para insultarlas y acusarlas de promover “asesinatos”. 

Aprovechando ese alcance, la colectiva modificó el contenido original —ya difundido masivamente, sobre todo por hombres— para incluir información sobre aborto, entre ella el uso seguro de misoprostol con base en datos de la OMS. 

Cuando las personas notaron el cambio y la palabra “misoprostol”, Meta detectó el contenido y lo marcó como “venta de drogas ilícitas”. “Ahí entendimos que ciertas palabras activan algo en el algoritmo”, señala Ana. 

Durante la pandemia, las ilustraciones, el humor y un lenguaje claro ayudaron a que la información circulara. Llegaba a más gente. Se compartía.

Eso cambió. Cada año, cerca del 8M o del 28S, el alcance se desploma. Las vistas bajan, las interacciones se apagan. «Es censura», dice Ana.

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Ilustración de portada: Eloísa Casanova

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Autor Lado B
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