Lado B
Cómo el feminismo ha salvado mi vida
Por Lado B @ladobemx
01 de diciembre, 2021
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Montserrat Díaz González

A través del tiempo, he creado una ansiedad persistente en mí, intentando atrapar mentiras que me cuento a mí misma apenas las produzco, antes de que crezcan y se conviertan en pensamientos que no me dejen actuar con racionalidad. Todo esto debido a que soy una persona adicta. Soy adicta a las drogas y al alcohol, pero hoy quiero hablar de la verdadera adicción por la que salí más afectada: mi adicción al amor. No es una adicción al amor como tal, sino que es a la total idealización y dependencia de una persona. Esta desconfianza en mi criterio en cualquier ámbito y este intento de reconciliación conmigo misma provienen de años de pensar que yo no me merecía nada. Imaginaba que mis problemas emocionales se resolverían, o por lo menos me sentiría mejor al respecto, con un hombre a mi lado. Siempre caía en la dependencia o en la codependencia, dependiendo de qué pensaba yo que querían de mí. Muchas veces he tenido que ser la mujer ideal de un hombre para sobrevivir.

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Desde que era una preadolescente, me fijé de meta casarme. No me importaba si era a corta edad, o sin amor, sólo quería casarme para sentir que había logrado algo en la vida. Como muchas mujeres, sentía que sólo era digna de amor si un hombre me amaba. Con intensidad y sin sentido, muchas veces confundí tantas cosas con amor, que no sé si alguna vez me haya enamorado de verdad. Cada vez que un hombre me dejaba, sentía que había fallado como mujer y mi orgullo estaba herido. He estado comprometida tres veces y tengo apenas 20 años. Terminé ingresando voluntariamente a rehabilitación, desesperada por mejorar. 

Cuando estuve internada, cualquier libro que estuviera a la mano era lo suficientemente bueno para leer. Encerrada y sin comunicación con el mundo exterior, fue así como empecé a leer El complejo de Cenicienta de Colette Dowling. Este complejo habla de cómo las mujeres eligen valorarse a sí mismas dependiendo de la protección de un hombre y no se sienten seguras sin esto. Su nombre proviene del clásico cuento de Cenicienta, comúnmente interpretado como la historia de una mujer en apuros, rescatada al final por un príncipe azul. “Detesto estar sola. Quisiera vivir, encontrarme inserta, en la piel de otra persona. Más que el aire, la energía y la vida misma, lo que necesito es sentirme segura en un ambiente grato, y que haya quien cuide de mí. Esto -me sorprende descubrirlo- no es nada nuevo“. Quedé aturdida al leer en estas páginas exactamente lo que sentía, y saber que, como yo, lo han sentido muchas más mujeres, inclusive con carreras exitosas y una vida plena en apariencia. Parecía caído del cielo, pensé que por fin llegaban las respuestas que tanto necesitaba, justo en el momento más indicado. En cambio, lo que llegaron fueron más preguntas y un amargo trago de mi realidad. ¿Por qué siempre me definí a mí misma, con base en lo que los hombres pensaban de mí? ¿Era realmente mi culpa que muchos hombres se ilusionaran conmigo cuando mayormente esa no era mi intención? ¿Veían en mi a una mujer interesante y bella, o sólo a una mujer en apuros a la que rescatar? Había pasado toda mi vida sin soportar realmente estar soltera, me sentía -y todavía siento en cierta medida- como una niña pequeña, asustada y perdida. 

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A través de los años, muchos psicólogos a los que he acudido se limitaban a culpar a mi autoestima o a la ausencia de una figura paterna responsable. Siendo honesta, puede que sean parte del problema, sí, pero no el principal. Desde pequeña, en todos los ámbitos de mi vida, fui bombardeada con la idea de que las mujeres son débiles y delicadas, y a pesar de activamente rechazar esa idea en el exterior, en mi interior nunca lo hice. Que los problemas emocionales de muchas mujeres sean reducidos a problemas paternales, es trivializarlos por completo. Niego que busco hombres “parecidos a mi padre”, porque ¿qué probabilidad hay de que un hombre sea machista? Mucha. Mi vida no se trata de mi padre, se trata de mí. Mi vida no se trata de lo que mi padre hizo, o no hizo, nadie es quien es solamente por sus padres. El “complejo de Cenicienta” se trata realmente de intentar adaptarse y encajar, para evitar el sufrimiento lo más posible, como un instinto de supervivencia por tener tan arraigada la creencia que no podemos valernos por nosotras mismas. Buscar una vida fácil -según lo que dicta la sociedad- donde no la hay. 

He entendido que deconstruirse a una misma es mucho más que sólo desaprender conductas, es encontrarse. Aunque todavía me queda un gran proceso por delante, yo ya sé que lo que ha salvado mi vida es el feminismo. Me ha ayudado a no sentirme sola en este camino, y a entender que realmente no fue mi culpa. Lo que sí es mi responsabilidad es rehabilitarme e intentar ser la mejor versión de mí por lo que resta de mis días, pero gracias al feminismo, he encontrado la comprensión y el compañerismo en este proceso, que no he encontrado en el sistema de salud mental ni en grupos de apoyo para adictos. Hoy, por fin puedo decir que tengo la posibilidad de ser feliz.

 

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