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Migrantes en Acuña: caminando hacia el limbo
¿Qué deberían hacer? ¿Quedarse en México para ser deportados a Tapachula, o cruzar a Del Río, probar suerte para un asilo en EU y ser deportados hasta Puerto Príncipe?
Por Pie de Página @
26 de septiembre, 2021
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Stephania Corpi Arnaud

“Me podría ayudar a conseguir algún trabajo aquí”, preguntaba un joven haitiano de 29 años al entrar al espacio abruptamente habilitado por las autoridades en Ciudad Acuña para recibir a las personas haitianas del campamento Braulio Fernández.

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“Pasé cerca de 7 meses buscando en Tapachula y allá no hay nada”, decía mientras mostraba su tarjeta de residente temporal por haber solicitado asilo.

La tarde del viernes 17 de septiembre, cuando como por arte de magia aparecieron 10 mil haitianos en la pequeña ciudad fronteriza de Ciudad Acuña, Coahuila, patrullas fronterizas estadounidenses decidieron cortar el paso por “La Cortina”. Por esa especie de bordo de cemento que reduce el nivel del agua del Río Bravo, cruzaron a Del Río con la esperanza de obtener refugio.

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La mayoría de estas familias, viajaron cerca de un mes desde países como Chile y Brasil, cruzando el tapón del Darién, dejando a muchos en esa inmensa selva sin ley donde reina el caos, las lluvias y la ilegalidad.

Pero una vez que el cruce estuvo cerrado desde Del Rio, Texas, el campamento bajo el puente internacional se volvió una cárcel a cielo abierto. En días anteriores, los migrantes dormían del lado estadounidense, y compraban víveres en el lado mexicano.

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Migrantes conviven en un albergue improvisado en un centro deportivo de la Ciudad Acuña, México, el 21 de septiembre de 2021. / Foto: Félix Márquez

Deportados con engaños

El sábado 18 de septiembre, empezaron a llamar números que habían sido distribuidos en el campamento. Todos creían que sería para una cita de entrevista, o llevarlos a distintos albergues. La madrugada del domingo 19 aterrizó en Puerto Príncipe el primer avión de haitianos deportados desde EU.

Sin comida, agua, o sin poder comunicarse con sus familias, la tensión y el miedo empezaron a crecer. La madrugada de ese domingo, decenas de migrantes habían encontrado un nuevo cruce. “Las mamás ya no tienen leche para amamantar, los niños lloran. No tenemos ni agua”, gritaba un joven mientras cruzaba el río.

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Los migrantes iban de ida y vuelta llevando comida, agua, papel higiénico hacia el lado estadounidense. Cerca de la 1 de la tarde, agentes fronterizos aparecieron en caballos.

“Regrésate a México”, gritaba un agente de barba roja. “No, puto no”, mientras lo perseguía agitando las riendas de su caballo. Algunos usaron las riendas para alejar a los migrantes que intentaban regresar desde México al campamento bajo el puente internacional de Del Río.

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Oficiales de Aduanas y Protección Fronteriza de Estados Unidos intentan contener con caballos a los migrantes haitianos que cruzan el Río Bravo desde Ciudad Acuña, México, hacia Del Rio, Texas, el domingo 19 de septiembre de 2021. / Foto: Félix Márquez

Cuando se publicaron las fotos, el discurso cambió. Para los demócratas en EU la escena ejemplificaba los abusos históricos de la patrulla fronteriza con personas migrantes. Para republicanos, los agentes sin más buscaban alejar a las personas de sus caballos que podrían pisotearlos.

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El caso es que la discusión en los medios y hasta en la Casa Blanca se centró en la actuación de los agentes fronterizos, mientras que EU devolvía a centenares de familias haitianas con niños y niñas a Puerto Príncipe; muchos de los adultos no habían pisado su país en años, los niños, muchos nacidos en Brasil o Chile, ni hablar.

“Vendimos todo en Brasil para poder migrar; años de trabajo y ya no tengo nada”, explicaba Mikenda, de 29 años. Sus tres hijos siguen en Haití, y no han recibido dinero durante el tiempo que ha durado su travesía. ¿Qué podrían hacer ahora?

 

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*Foto de portada: Félix Márquez

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Autor Lado B
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