Lado B
En la pandemia no sólo hay adultos
Por Nodo de Derechos Humanos @nodho
10 de agosto, 2021
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Estamos a unas semanas de que llegue la fecha del anunciado regreso a clases presenciales y en pleno debate sobre la vacuna a menores de edad. A la vez estamos en medio de la tercera ola de la pandemia y con la temida variante Delta en el ambiente. La estrategia de la pandemia se ha debatido mucho en torno a sus impactos médicos y económicos, sobre sus impactos a corto y mediano plazo, pero tal vez no se ha analizado con suficiente detenimiento el efecto que tiene sobre varias generaciones que están viviendo momentos cruciales de su desarrollo mientras el mundo enfrenta una crisis global.

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Los impactos que ha tenido la pandemia de COVID-19 en nuestro país son significativos, especialmente entre aquellos que antes de la crisis ya se encontraban en una situación vulnerable. La afectación es desproporcionada a los derechos de los niños, niñas y adolescentes. La saturación de los sistemas de salud, el confinamiento estricto, la parálisis de la actividad económica, el cierre de los centros escolares y la pérdida de sus madres/padres/cuidadores principales han tenido un impacto directo sobre su salud y bienestar.

En lo relativo a la salud de los niños y niñas la pandemia ha impactado en la disminución de los índices de vacunación (de las vacunas que tradicionalmente se les aplican), así como de la asistencia a consultas médicas para seguimiento de su crecimiento y desarrollo. El acelerado incremento de la desnutrición y de la prevalencia de anemia, la falta de acceso que hay actualmente a micronutrimentos principalmente a menores  de dos años y a embarazadas tendrá un alto costo en unos años y será irreparable. En lo emocional, la falta de espacios de esparcimiento para la socialización, actividad física y el juego, además de incentivar el uso de técnicas de disciplina violenta, ha dificultado el establecimiento de horarios definidos indispensables para aprender a organizar rutinas y a estructurar su comportamiento.

Durante el crecimiento existen periodos sensibles en los que el niño aprende mejor las cosas. A esto se le llama plasticidad cerebral: capacidad de aprender y adaptarse más fácilmente. A medida que pasa el tiempo, esta plasticidad cerebral se va reduciendo progresivamente. La implicación de esta reducción es que, si pasamos la fase óptima o periodo crítico para aprender una habilidad determinada, después nos resultará mucho más difícil. Así podemos ver cómo estos efectos de la pandemia pueden tener consecuencias negativas a lo largo de la vida de quienes se encuentran en una etapa de crecimiento y desarrollo psicomotor y de adquisición de capacidades para la vida misma; pueden marcar su futuro.

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El grado de afectación que tiene el nuevo tipo de coronavirus en los niños y niñas aún es motivo de múltiples debates. En un inicio se dijo que les afectaba en menor medida que a las y los adultos, pero en los últimos meses Brasil, la India y algunos otros países han presentado más contagios en niños, niñas y adolescentes, y el modo en que enferman ha sido menos “leve” que lo señalado. Esto debería de ser una preocupación esencial cuando se habla del regreso a clases.

En México hay 131 mil niñas y niños que perdieron por lo menos a uno de sus cuidadores principales, algo que impacta no sólo en su subsistencia material sino también en la forma en la que construyen su relación con el mundo.  El futuro que les espera parece no ser una prioridad ni en este gobierno ni en la mayoría de los gobiernos del planeta, pues aunque según la revista The Lancet México es el país con más huerfanos por COVID, esto es un problema global. Se suele tener la preocupación “por el futuro” pero no se está teniendo prioridad por quienes llegarán a habitarlo o padacerlo.

Lo que está haciendo el Estado mexicano no es suficiente para reponer el daño que esta pandemia está causando sobre las trayectorias de vida de millones de niños y niñas. Es una ilusión creer que reacomodar o reorientar los viejos planes educativos es suficiente para mitigar los estragos de la pandemia. Urgen acciones extraordinarias para disminuir la inseguridad alimentaria y sus efectos sobre la capacidad de aprendizaje y salud a lo largo de toda la vida, así como fortalecer la educación parental inicial y preescolar con madres y padres. Es importante poner atención a la salud de niños y niñas ahora que es el regreso a clases, que según el gobierno federal será un hecho, pase lo que pase. La salud de las y los maestros de los niños también está en juego.

Las estrategias para abordar las consecuencias de la pandemia han tenido una mirada de corto y mediano plazo; sin embargo, en lo que se refiere a las niñas y niños es indispensable pensar en el largo plazo, en las ramificaciones que tendrá el inicio de esta década en las siguientes tres, cuatro o más.

Por si fuera poco estamos en un momento en el que el planeta enferma, hablar de futuro es cada vez más incierto por eso es vital pensar en la infancia, en el planeta que les queda y en la vida que les espera. Las acciones son urgentes.

*Foto de portada: Ketut Subiyanto | Pexels

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Autor Lado B
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