Lado B
8M: simulación, indignación y rechazo
La simulación en este 8M debe señalarse porque es demasiado seria y justa la causa de la transformación que exigen las mujeres, como para dejar que quienes constantemente criminalizan a las feministas les quiten reflectores o simulen soluciones
Por Juan Manuel Mecinas @jmmecinas
08 de marzo, 2021
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A Fer y Becky

Todo es expectación en la víspera del 8M, el Día Internacional de la Mujer en recuerdo a las huelguistas neoyorkinas que pagaron con su vida la reivindicación de sus derechos laborales. En México, un país machista, misógino y desigual, el grito de hartazgo estalla en cada casa, en cada calle, en cada rincón donde las mujeres cuelgan pañuelos verdes y violetas en su cuello, porque el dolor es demasiado cruel y la realidad continúa siendo frustrante.

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En este desierto aburrido reina el mal (el menosprecio hacia la mujer) como oasis perverso que recuerda que no es una persona, no es un colectivo, no es una institución, sino es una nación entera la que debe transformarse y por eso algunas gritan, algunas lloran, algunas exigen y todas protestan.  Y con ellas, todos quienes anhelamos un país más justo.

La realidad muestra una sociedad que activa o pasivamente hemos construido marginando, y ahora mismo necesita desbaratar la inercia de esta sociedad contra la mujer. Se margina en todos los ámbitos: por ejemplo, cuántas candidatas conocemos que son enviadas a luchar por distritos que sus partidos consideran perdidos, por no hablar de las pocas gobernadoras que han llegado a serlo en el siglo XXI, o de las asesoras políticas que son menospreciadas y ninguneadas porque en el mundo de hombres de la política mexicana, “ninguna escuincla” va a enseñarle qué hacer a los machos que despachan en sus oficinas de palacio. 

Hace un par de años, el Poder Judicial de la Federación convocó a un concurso en el que únicamente se adjudicarían nombramientos de juezas de distrito. La indignación de algunos no se hizo esperar, porque en este país, en todas las esferas, se denuncian las desigualdades, pero se rechazan las medidas que tratan de desterrarlas. No es raro: quienes sienten que algo les quitan con medidas feministas, impugnarán, alegarán, denunciarán, aunque este lunes muestren carteles y se vistan de violeta.

Por ejemplo, el Senado (controlado por Morena) y el PAN impugnaron la decisión del INE de obligar a los partidos políticos a presentar al menos a 7 candidatas a gobernadoras en las elecciones de junio próximo. Este lunes, faltaba más, ambos institutos se envuelven en la bandera del feminismo.

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La simulación en este 8M debe señalarse porque es demasiado seria y justa la causa de la transformación que exigen las mujeres, como para dejar que quienes constantemente criminalizan a las feministas les quiten reflectores o simulen soluciones. Por ejemplo, Querétaro y Guanajuato (ambos gobernados por Acción Nacional) arrojan las legislaciones más retrógradas que penalizan el aborto y, en estados como Puebla Morena no ha querido despenalizar de manera absoluta el aborto, a pesar de contar con una mayoría parlamentaria amplia. No hay partido político que se salve: todos ondean banderas feministas, pero en la realidad aportan migajas al proceso de transformación social que se exige.

A nivel federal, los ejemplos tienen el mismo resultado: mayorías van y vienen, pero ningún instituto político ha sido capaz de impulsar medidas que obliguen a las empresas a tener cuartos de lactancia, a otorgar mayores plazos por baja por maternidad, o medidas que obliguen a que las grandes corporaciones cuenten con paridad en sus consejos de administración o consultivos, o que las obliguen a evitar y castigar los machismos en los procesos de contratación (después de escuchar las acciones de Andrés Roemer, uno se pregunta cómo se  evitan esos machismos en las contrataciones de personal en prácticamente todas las empresas del país).

Y ni hablar de la inseguridad. A nivel mundial es un problema y a nivel nacional es una catástrofe. 1 de cada 3 mujeres ha sufrido violencia por parte de su pareja a nivel mundial y en México 59,000 mujeres perdieron la vida de forma violenta entre 1999 y 2019. 

No hay otra palabra: es un horror. Es la punta de un iceberg que las mujeres transformarán y donde la concientización es vital: el primer muro que se debe tirar y el más importante no es la ridícula y simbólica valla que se colocó la semana pasada frente a Palacio Nacional (un símbolo de ceguera y sordidez); el muro más importante que debe caer es del padre, el del hermano, el del hijo: dejar de educar en el machismo. Las estructuras sociales tardarán un poco más en caer y reconocer que ningún estatus, privilegio o derecho es digno si socava la dignidad de la mitad de la población. Pero es vital dejar de educar en la cultura del machismo (y eso es tarea de todos).

Muchos ondean las banderas verde y violeta este 8M y no está mal, siempre que mañana acepten sin excusas las medidas que necesitamos implantar para hacer este país más igualitario y verdaderamente feminista. Por sus medidas (o su rechazo a las mismas) los conoceréis; mejor dicho: ya los conocemos.

 

*Foto de portada: Viridiana Rodríguez

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Autor Lado B
Juan Manuel Mecinas
Profesor e investigador en derecho constitucional. Ha sido docente en diversas universidades del país e investigador en centros nacionales y extranjeros en temas relacionados con democracia, internet y políticas públicas.
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