Giro Polar: el cielo como organismo vivo
El documental Giro Polar nos lleva hasta las auroras boreales de Alaska y mediante la luz nos sumerge en una experiencia para conocer los últimos relictos del cielo más impoluto del planeta
Por Aranzazú Ayala Martínez @aranhera
14 de enero, 2021
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Escapar de la luz para perseguir la luz: así describe el fotógrafo y documentalista Emilio Ramos Gómez su documental Giro Polar, una travesía que implicó alejarse hasta 48 horas del último punto de la civilización para ver en todo su esplendor las auroras boreales y el cielo viviente, sin la contaminación de la luz artificial.

La ópera prima del fotógrafo y documentalista es un acercamiento a la luz, narrado en primera persona. Durante casi una hora de impactantes imágenes de auroras boreales y fenómenos celestiales, una voz narrativa nos lleva de la mano para compartir qué es y qué representa la luz en la naturaleza y los seres humanos; explicando cómo la luz y el tiempo crean eventos magníficos que muchas veces no vemos. 

Giro Polar plantea que el cielo es un organismo vivo y está en peligro de extinción, pues los seres humanos lo estamos matando con la contaminación lumínica. Y a partir de esto nace la idea de que para encontrar la luz hay que escapar de la luz de las manchas urbanas. En esa búsqueda de la luz impoluta, Emilio llegó hasta Alaska, el lugar idóneo para documentar las auroras boreales.

Las reflexiones que la voz comparte durante el documental, dice Emilio, pueden ser tomadas o no por los espectadores, pues el contenido es más abstracto, y cada persona puede traducir Giro Polar a su manera. “Esta es una cosa que me gusta mucho del lenguaje cinematográfico, que no te tiene que decir qué pensar, tú sabes cómo lo interpretas”.

Rescatar la luz

Foto: Emilio Ramos

El tipo de luz –sobre todo el alumbrado público– que se ha usado en casi todo el mundo desde hace más de un siglo, es sumamente contaminante. Y esta es una de las preocupaciones que el fotógrafo plantea en el filme: la contaminación lumínica. 

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Aunque Giro Polar podría parecer un viaje meramente contemplativo, de inmersión a un impresionante fenómeno, también tiene un potente mensaje. Emilio cuenta que hizo esto para que la gente se dé cuenta qué tan hermoso es el planeta que estamos destruyendo.

Con la expansión de las manchas urbanas, cada vez es más difícil poder presenciar los fenómenos que ocurren arriba de la Tierra, en el universo; los seres humanos estamos destruyendo poco a poco la posibilidad de observarlos y registrarlos.

En cierta forma, el documental tiene el carácter de denuncia social, desde un ángulo particular: enseñando a la audiencia lo bello que aún queda de la Tierra, para preservarlo.

“Mi intención de hacer este cine tan color de rosa, no denunciador, que te muestra cosas tan prístinas, impolutas, es que entendamos que cada vez hay menos [recursos] […] y aunque sea eso hay que cuidarlo”.

La creación de un proyecto poco convencional

El proyecto inició en 2013, cuando Emilio fue por primera vez a Alaska, a raíz de su interés por las auroras boreales, pero también por la fotografía y, especialmente, la técnica timelapse (cámara rápida), aprendida en una clase durante la universidad.

Esta última consta de reproducciones de 24 o 29 cuadros (fotografías) por segundo, dando la posibilidad de ver, en menos de un minuto, fenómenos larguísimos, como la puesta del sol, la construcción de un edificio, o el transcurso de un día entero en la naturaleza. 

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“Por ejemplo, el atardecer pasa por muchas facetas, el cielo va cambiando de colores, pero como no podemos verlo en un ciclo resumido no le damos una continuidad y no nos damos cuenta de cómo va cambiando. El timelapse me llamó mucho la atención, porque es una forma de mostrar los procesos naturales que muchas veces pasamos por alto”, cuenta Emilio a LADO B.

Y las auroras boreales, dice, son el fenómeno máximo, el sueño para documentar los cambios en el cielo, la luz y estos movimientos. Así, Emilio autogestionó su primer viaje a Alaska a finales de 2013, todavía sin saber muy bien qué iba a salir de esa aventura.

Fue hasta que vio las auroras boreales y llegó a puntos tan recónditos, a dos días de la última estación de gasolina, que empezó a aterrizar la idea de hacer un documental. Así, hizo un segundo viaje al año siguiente, y finalmente una tercera visita en 2015, en verano, lo que le ayudó a complementar el filme.

Inicialmente la idea era contar su propia historia: la de un mexicano yendo al final del continente a documentar el fenómeno de las luces, pero la narrativa cambió de manera inconsciente, un tanto orgánica. Giro Polar terminó siendo una historia que narra las propias luces del cielo, con reflexiones en primera persona.

“Mis personajes no están dirigidos, no son actores; mi personaje es la naturaleza, yo no le puedo decir: ‘a ver, regrésale tantito al amanecer porque ya se me trabó la cámara’,  o ‘vuelve a pasar, estrella fugaz, porque estaba apuntando a otro lado’”.

El filme no está construido de manera tradicional, pues no empezó teniendo un guión, cuenta Emilio. Él hizo muchas cosas de manera intuitiva, aprendiendo sobre la marcha incluso cuestiones técnicas para manejar el equipo que llevaba, bajo condiciones extremas de hasta -50 grados centígrados.

Después de años de grabar todo el material posible, de hacer un titánico proceso de revelado, corrección de color y revisión del material, el documental terminó siendo también su proyecto de tesis de licenciatura en la Universidad de las Américas Puebla (Udlap). Ahí tuvo la asesoría de sus maestros Juan Carlos Reyes, Manuel de Alba y David García. La edición duró prácticamente cuatro años: durante los dos primeros se dedicó únicamente a procesar y renderizar las miles de imágenes. 

Después de la edición visual, Emilio escribió una suerte de guión, pero no el tradicional-técnico de una película, sino uno narrativo: la voz en off que se escucha durante todo el documental.

La música la hizo su colega Arcadio Martínez, quien compuso una pista de una hora. Al unir esta con la narración, el fotógrafo obtuvo las pautas para la secuencia de imágenes, y fue hasta ese momento en el que Emilio dice que se acercó a una manera más “tradicional” del proceso cinematográfico. 

“Me parece que es una muy buena forma de demostrar que hay muchas formas de hacer cine”, enfatiza por último el director.

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Giro Polar ha sido seleccionado en el festival internacional Travel Film de Moscú, Rusia y en el White Union International Film Festival. Además fue ganador en los New York Cinematography Awards, finalista en los European Cinematography Awards, y ganó como mejor película de naturaleza en el festival Silk Road Film Award Cannes.

*Foto de portada: Emilio Ramos

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Aranzazú Ayala Martínez
Periodista en constante formación. Reportera de día, raver de noche. Segundo lugar en categoría Crónica. Premio Cuauhtémoc Moctezuma al Periodismo Puebla 2014. Tercer lugar en el concurso “Género y Justicia” de SCJN, ONU Mujeres y Periodistas de a Pie. Octubre 2014. Segundo lugar Premio Rostros de la Discriminación categoría multimedia 2017. Premio Gabo 2019 por “México, el país de las 2 mil fosas”, con Quinto Elemento Lab. Becaria ICFJ programa de entrenamiento digital 2019. Colaboradora de “A dónde van los desaparecidos”