Carta de mi madre
Por Samantha Paéz @samantras
05 de octubre, 2020
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Antes de publicar el texto: Yo aborté, llamé a mi madre para contarle. Le dije que el texto es una decisión personal y que me gustaría saber si prefería que omitiera algunas cosas. Ella me respondió con una voz al borde del llanto, me dijo que desde el momento en que le pedí que me acompañara había sentido muchas cosas, pero que no me las había dicho. Hablamos por unos minutos, fue un momento muy emotivo, sentí -como muchas veces en mi vida- la marea cálida de su amor inundándome. Al final, como le costaba hablar por las emociones, quedó de escribirme una carta. Aquí la reproduzco entera con su autorización, completamente segura de que nuestros corazones se comunican.

***

Cuando me di cuenta de que tu cuerpo cambió, sospeché que estabas embarazada y vino a mi mente una ligera ilusión de que, si fuera cierto, tú decidieras tenerlo. Todos en casa deseábamos que tuvieras un bebé, yo quería vivir esa experiencia de apapacharte y consentirte por 9 meses, quería que compartieras conmigo los preparativos de su llegada. Cuando me dijiste que abortarías yo quise convencerte de que no lo hicieras y cuando aparte me pediste que te asistiera me sentí muy confundida; pensé que cómo iba a apoyarte en algo en lo que no estaba yo tan de acuerdo, pero recapacité, en que es muy valioso para mí la confianza que me tienes.

Ese día por poco dejo que me ganaran los sentimientos y estuve a punto de soltarme a llorar, pero tomé valor y me dije que de esto que estaba pasando yo no tenía la decisión y que tenía que respetarte. Tuve mucho miedo de que las cosas no salieran bien y algo malo te pasara y también tenía miedo de pedirle a Dios que todo saliera bien. Comprendí más tu determinación cuando tuvimos que ir a México, porque el procedimiento anterior no había hecho el efecto que se esperaba. De pronto en mi mente flotaba la idea de que al último momento te arrepintieras, flotaba la idea de que por algo los medicamentos no habían funcionado, pero al mismo tiempo tenía que ponerme más en la posición de apoyarte.

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Cuando todo terminó pensé que debía sentirme bien, pues contaste nuevamente con mi apoyo como siempre. Al regresar a la casa quise abordar el tema con tu papá, pero rotundamente me dijo que jamás le hablara de ello, sentí culpa y otra vez me dolió. Una vez te escuché decir que los padres que tienen hijas tal vez vivan angustiados al verlas crecer y que tal vez piensen en lo peligroso que ahora es esta sociedad y me tranquiliza que tú no tendrás esa preocupación. Algunas veces te veo tan contenta con tu vida, con tu libertad con todo lo que eres y al imaginar todo los que tu vida hubiese cambiado y que tal vez no estarías tan feliz con ello.

Me doy cuenta de que mucho de los deseos que teníamos tu papá y yo sólo era un deseo de satisfacer nuestro ego, de que la mayoría de las veces actuamos sin reflexionar en lo que verdaderamente implica y significa traer una vida a este mundo, de hecho así lo hicimos nosotros y aunque a ustedes mis hijos los amo con todo el corazón y no me imagino la vida sin ustedes, debo reconocer lo difícil que me fue ser mamá, lo mucho que cedí de mi vida y lo infeliz que me sentí cuando tuve que pasar muchas de esas cosas sola.

Te amo mucho, hija y siempre contarás conmigo.

Verónica

Foto de portada: Free-PhotosPixabay

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Samantha Paéz
Coordinadora del Observatorio de Violencia de Género en Medios de Comunicación (OVIGEM), periodista y activista. Tengo especial interés en los temas de género y libertad de expresión. Formo parte de la Red Puebla de Periodistas. También escribo cuentos de ciencia ficción.