Lado B
Que todo cambie para que siga igual. William Jenkins y la oligarquía poblana
Andrew Paxman interroga las dinámicas económicas de las élites poblanas: de la industria textilera de inicios de siglo XX a la actual industria del turismo
Por Klastos @
28 de marzo, 2019
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Ernesto Aroche Aguilar

@earoche

Andrew Paxman, el periodista inglés que después se obsesionó con la historia lo suficiente como para hacer un doctorado en la materia en una universidad texana, mira desde la ventana de un séptimo piso de un hotel en el sur de la Ciudad de Puebla. Al fondo, recortando la figura de los volcanes, el horizonte se llena de grandes edificios, rascacielos y desarrollos inmobiliarios.

“Bienes raíces dice son ahora lo que en un tiempo fueron la industria textil y la industria azucarera: las bases de las grandes fortunas de la primera mitad del siglo XX. Se ha dicho que varios de los grandes cambios en la ciudad de Puebla, en términos de lo que vemos a nuestro alrededor, los rascacielos, los nuevos desarrollos, los nuevos cotos, residencias y también edificios corporativos en el sur de la ciudad de Puebla deben mucho a iniciativas tomadas bajo los gobiernos de Marín y Moreno Valle”.

Él sabe que en esa primera mitad del siglo pasado, su campo de investigación histórica, las élites económicas crecieron al amparo de las élites políticas en una relación simbiótica. Empresarios financiado políticos y políticos beneficiando desde el poder a esos empresarios que los habían financiado. Y la historia no ha cambiado desde entonces. “Hay voces dice, sin pruebas documentales todavía, que en esos desarrollos hay mancuerna entre los dos gobernadores (del PRI, Marín; y del PAN, Moreno Valle) y compañías privadas”. Pero cauto como investigador histórico y por su paso en el periodismo, Paxman evita ponerle nombre a esas compañías privadas.

¿Hablas del grupo Posada, que tiene entre sus socios o entre sus directivos a un hijo de Pedro Aspe Armella, ex secretario de Hacienda de Salinas? —le pregunto.

Yo soy historiador y los historiadores tendemos a esperar hasta que salgan pruebas documentadas, y eso requiere el uso de archivos, solicitudes de información. Los historiadores esperamos a que haya más fuentes disponibles, entre ellas los propios hijos de empresarios y políticos que ya muertos sus padres pueden hablar con más franqueza. Pasa de vez en cuando.

Lo que me consta es que Puebla ha cambiado muchísimo, y de una manera más rápida y más visible en los últimos, digamos, 12 años o 14 años, que en los 20 años anteriores. Siempre ha sido una ciudad que ha crecido, pero la tasa de crecimiento ha sido más llamativa en los últimos 14 años, desde la llegada de Marín. Y no me sorprendería que salgan a la luz del día, en años por venir, pruebas de intercambios de favores entre esos gobernadores (Marín y Moreno Valle) y sus funcionarios y las empresas.

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Foto: Ernesto Aroche

***

Andrew está en Puebla para hablar de su biografía En búsqueda del señor Jenkins. Dinero, poder y gringofobia en México, una larga investigación sobre el gringo más rico de México en el siglo pasado. El hombre que vino de Tennessee para acumular tanta riqueza, primero en el mundo textil y, después, en el azucarero, y de ahí en el mundo de la producción simbólica: el cine, justo en la época de oro de la cinematografía nacional.

Jenkins no está exento de una historia truculenta al estilo de los grandes “barones ladrones” estadounidenses, con leyendas negras de autosecuestros, asesinatos de líderes campesinos y violencia para acrecentar su patrimonio. Uno de los párrafos de Paxman en su libro sintetiza las razones del crecimiento empresarial del gringo: “Más allá de toda la visión y arduo trabajo, más allá de todos los intercambios de Jenkins con [el presidente Álvaro] Obregón y las negociaciones calibradas con los agentes del poder local, había otro factor detrás del éxito de [la Hacienda de] Atencingo: la amenaza y la perpetuación de la violencia”. Era la connivencia con el poder político lo que le otorgaba mano ancha para imponer su voluntad.

¿Y en esta plática de lo que hablará será de las élites en México, en general, y en Puebla, en particular?

Yo creo que el sistema político económico de México desde la Colonia ha sido propicio para la creación de élites en cada región, porque desde la Colonia han prevalecidos los monopolios. Tradicionalmente en México la palabra se ha utilizado para referir grandes concentraciones de poder económico en las manos de unos cuantos; no es necesario un monopolio literal, como lo tuviera en su momento Televisa. Un monopolio en el contexto mexicano es lo que en otras partes le llamarían un oligopolio, o al menos un duopolio, donde hay dos jugadores fuertes.

Uno de los varios propósitos de la Revolución fue acabar con el modelo económico de Porfirio Díaz, un modelo que también había favorecido a unos cuantos inversionistas extranjeros y unos cuantos inversionistas mexicanos, quienes frecuentemente incorporaron políticos entre sus directivos. Había una simbiosis entre élites política y empresarial.

Por ejemplo, antes de la Revolución, la azucarera más grande de Puebla era Calipan, y Calipan tenía como inversionista a Mucio Martínez, que fue gobernador de Puebla, junto con varios españoles y mexicanos. Después de la Revolución, Calipan pasa a manos de otra familia. Es un ejemplo de cómo las viejas empresas frecuentemente tenían gobernadores o políticos del gabinete de Porfirio Díaz involucrados en el negocio.

Pero esa relación simbiótica entre poder político y económico no cambia tras el triunfo de la Revolución, lo que cambia son sólo los nombres, en algunos casos.

A partir de la Revolución dice Paxman, una nueva generación de políticos entra en asociación con una nueva generación de empresarios, gente como Miguel Abed o Jenkins en Puebla.

Los dos extranjeros, por cierto —apunto.

Eso es clave, los extranjeros buscaban protección política, como cualquier empresario en México de ese entonces. Y los empresarios de antaño que habían tenido nexos políticos con gobernadores o con secretarios del porfiriato perdieron esos nexos. La élite política del porfiriato cayó en desgracia y muchas de sus empresas o desaparecieron o fueron expropiadas.

Hay toda una nueva ola de inversionistas, algunos son extranjeros, inmigrantes, otros son gentes de clase media que está buscando oportunidades tras la Revolución. Cada revolución causa tanto caos que emprendedores jóvenes frecuentemente ven oportunidades de entrar a un sector industrial que venía de ser controlado por unos cuantos.

Y otra cosa que estaba pasando en los años 20 en Puebla es el cambio generacional. La gran industria de Puebla en el porfiriato es la industria textil y los que sobresalen en esa industria son españoles que llegaron a México en esa época, pero ya por los 20 ellos han cedido la gerencia de sus empresas a sus hijos. Y frecuentemente sus hijos no son tan hábiles como sus papás, y surgen casos de los hijos perdiendo el control, o sólo continúan operando con la vieja maquinaria que habían adquirido en el porfiriato, no se modernizan; mientras que la nueva generación de empresarios como los libaneses sí están modernizando, sí están comprando nueva maquinaria y poco a poco ascienden en la industria hasta que a finales de los 60 son los principales mandamases de la iniciativa privada. No puedo decir con certeza que toda esa nueva generación de empresarios lograron sociedades con políticos para cimentar la empresa, pero en los casos de Jenkins y Abed podemos decir con un alto nivel de certeza que Maximino tuvo acciones en sus empresas.

En ese intercambio de favores, y en esta construcción de élites tanto económicas como políticas,  William Jenkins apuntala el cacicazgo de Maximino Ávila Camacho, ¿también contribuye a la consolidación de su grupo político como futuros gobernantes?

Es difícil decir cuán grande era el impacto de Jenkins después de que Maximino había ya establecido su cacicazgo en Puebla. Los historiadores hablamos de un cacicazgo maximinista o avilacamachista que duró desde el 37 (año en que toma posesión de la gubernatura Maximino) hasta por lo menos el 63, que es el final del sexenio de Fausto Ortega. Algunos dirían que duró hasta el 73, cuando cae Moreno Valle abuelo. En el inter el gobierno federal impone al general Nava Castillo en el 63 pero él cae en el 64 por un escándalo, y los gobernadores que le siguen hasta el 73 también tienen vínculos con los Ávila Camacho.

En mi biografía, En busca del señor Jenkins, doy evidencia de las aportaciones que hizo a Maximino (gobernador) y a Manuel (presidente de la República) cuando estaban en campaña. Y creo que el mando de Maximino, cuando él sale de la gubernatura, era tan sólido que ya no necesitaba a Jenkins para imponer a Gonzalo Bautista como su heredero y luego Carlos Betancourt.

Lo que sí se nota es que a nivel municipal Jenkins está haciendo aportaciones a varias presidencias municipales, dando un subsidio importante al presupuesto del Ayuntamiento en tiempos de Nicolás Vázquez Arreola, que era un tipo honesto que quiso mostrar su honestidad publicando las cuentas del Ayuntamiento anualmente en el periódico. En las cuentas se nota que su administración recibió aportaciones de William Jenkins equivalentes a un 10% del total del presupuesto anual.

Podemos imaginar que Jenkins hizo esto no sólo con Nicolás Vázquez sino también con otros alcaldes, eso habrá dado a Jenkins una influencia en la selección del presidente municipal que seguía.

¿Qué es primero, la creación de los cacicazgos empresariales y detrás los políticos, o al revés?

Yo creo que van de la mano. No diría que uno empieza antes que el otro. Y ahí de nuevo la Revolución es clave en ese sentido, porque da oportunidades a empresarios de medio rango, que son de clase media, que tienen empresas pero no muy grandes, y aprovechan del caos de la revolución para ampliar sus negocios, para comprar a sus competidores que están sufriendo, frecuentemente a competidores que salieron muy dañados de la Revolución.

Es lo que hace William Jenkins con el ingenio de Atencingo. Cuando lo compra es un solo ingenio en los años 20, pero gracias a una serie de préstamos predatorios logra comprar ocho haciendas más para convertir Atencingo en una megahacienda que tiene nuevas regiones comunicadas con un ferrocarril privado que él construye para surtir azúcar al ingenio central.

En paralelo con el auge de Jenkins en la industria azucarera hay varios generales que aprovechan su prestigio militar y sus conexiones, hay que tomar en cuenta que todo el gobierno federal era liderado entonces por el poder militar, desde Obregón hasta Ávila Camacho, fueron como 26 años de gobiernos de militares.

Siendo militares y no políticos de carrera no saben cómo gobernar, y necesitan aliados; cuando no tienes mucho conocimiento de la política la manera más fácil de gobernar es repartir dinero para comprar lealtades, pero si no tienes dinero porque la tesorería de Puebla estuvo en la bancarrota de manera consistente, especialmente entre los años 20 y 30, pues vas a la iniciativa privada, con gente como Jenkins, para que puedas comprar esas lealtades entre caciques locales, para que puedas construir caminos y escuelas, para que puedas obtener la lealtad de la gente, y así los gobiernos y los empresarios, la nueva generación, está apoyándose unos a otros y creando esa mancuerna.

Eso en Puebla, en otros Estados funcionó de otra manera. Puebla sí fue uno de los Estados en donde la vieja guardia fue sustituida por una nueva generación, tanto de políticos como empresarios.

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Foto: Ernesto Aroche

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