La magia de hacer música con la genética de las flores
Aketzalli Rueda Flores no sólo ha estudiado la genética de las flores desde la teoría, sino que ha traducido ese proceso en melodías musicales.
Por Ámbar Barrera @astrobruja_
24 de octubre, 2017
Comparte
Ámbar Barrera

@Dra_caos

Para que brote y florezca el botón de una planta, sucede un proceso genérico que a simple vista no puede apreciarse, sin embargo, Aketzalli Rueda Flores, bióloga egresada de la BUAP, no sólo ha estudiado la genética de las flores desde la teoría, sino que ha traducido ese proceso en melodías musicales.

La investigación de Aketzalli ganó el premio Maestro Juan Luis Cifuentes Lemus, a la Mejor Tesis de Licenciatura en Biología 2014-2016, y ahora se encuentra haciendo una maestría en Tecnología Musical donde continúa descifrando la música a partir de los genes de las plantas.

—Descubrir las melodías de las plantas significó muchísimo para mí porque siempre he sido cercana a las plantas. Mi papá es agrónomo y nos inculcó el amor por todo lo vegetal —relata Aketzalli en una entrevista para LADO B.

Foto: Cortesía

Aketzalli estudiaba la licenciatura en Biología a la par que una carrera técnica en música. Después de tomar la clase de genética en la facultad de Biología, pensó que las flores y los frutos tenían “algo más”, algo hermoso que aportar incluso para las personas que piensan que “las plantas son aburridas”.

Cuando llegó el momento de plantear un proyecto de tesis, Aketzalli decidió hacer una composición musical acústica con base en la reglas biológicas de genética de transcripción y traducción biológica biomolecular.

De la biología y la genética al pentagrama

¿Cómo surge una flor? Primero sería necesario explicar que las plantas contienen proteínas.

Las proteínas son biomoléculas que tienen diversas caracteristicas dentro de los organismos, una de ellas es funcionar como interruptores de activación o inhibición de diferentes genes. Así que para desarrollar diferentes estructuras, como la de una flor, las proteínas tienen que activar algunos genes e inhibir otros.

Para los estudiosos de la biología, estos procesos se explican por medio del código genético y el código proteico, donde se involucran fórmulas y el peso de las biomoléculas.

En ese sentido, tanto el sistema genético-proteico como el musical, tienen formas de representación que el ser humano les ha dado, ya sean números, gráficas, fórmulas, o notas.

En su tesis, Aketzalli encontró la manera de traducir este proceso de transferencia de información genética al terreno de la música.

El criterio de traducción de un sistema a otro se basó en el peso molecular de cada biomolécula, de los aminoácidos en las proteínas y de los nucleótidos en el ADN.

Finalmente, las biomoléculas más pesadas serían notas más graves y más largas, mientras que las biomoléculas más ligeras, serían notas agudas y cortas.

Después de tener listas las líneas melódicas en el pentagrama, los ensambles musicales se armaron a partir de la interacción entre genes y proteínas. Es decir que cada melodía representa la interacción entre los genes y las proteínas en cada parte del proceso de floración.

Foto: Cortesía

Te escucho floración

El resultado de la investigación de Aketzalli fue un disco titulado Te escucho floración con 8 melodías que corresponden cada a una a uno de los pasos de la floración de la Arabidopsis thaliana, nombre científico de la flor en la que basó su estudio.

La elección de esta flor no es coincidencia, pues es la flor con el mapa genético más corto y por lo tanto, es más fácil trabajar con él.  

Aketzalli eligió instrumentos de orquesta para la interpretación de las melodías: flauta, oboe, violín, violonchelo, trompeta y clarinete. La diversidad de los instrumentos fue lo que le dio un tono menos plano al resultado final de la música.

La primera melodía del disco se titula Fotoperiodo, el momento que el sol activa una proteína y una serie de genes para iniciar el proceso de floración.

La segunda melodía es Viaje por el florema, que corresponde al momento en que las biomoléculas viajan desde las hojas hacia las flores. La tercera es Meristemo floral, la transición del estado vegetativo al reproductivo.

Las siguientes melodías describen el desarrollo de cada estructura de la flor, por lo que llevan sus distintos nombres: Estambres, Carpelo, Pétalos y Sépalos.

La última melodía se titula Flor y de acuerdo con Aketzalli, representa la culminación del desarrollo floral.

La biología estudiada desde el campo del arte

Aketzalli no terminó su carrera técnica en música porque egresó primero de Biología (en 2015) y se le presentó la oportunidad de estudiar una maestría en Tecnología Musical en la UNAM.

Su tesis de postgrado será una continuación de la primera, aunque esta vez tomando como perspectiva principal la del arte y la música.

La idea es continuar traduciendo la genética de las plantas como música, aunque esta vez realizando composiciones más complejas y utilizando el soporte de la música hecha por computadora. Además de incluir no sólo la genética de la floración sino el ciclo total desde la germinación hasta la muerte.

—Cuando conocí está maestría quedé impresionada porque las computadoras pueden ser instrumentos que crean música a partir de análisis de datos, y la genética es una infinidad de datos. En la tesis anterior hice todo muy arcaico, a mano. Me tardé medio año en traducir esos genes pero ahorita en dos segundos puedo tener el mismo resultado con la computadora.

En este nuevo proyecto tendrá un nivel digital y otro analógico para poder incluir instrumentos como el violín y ser ella misma quien interprete las nuevas melodías. Y también tendrá ayuda de un maestro en composición para tener piezas mucho más emotivas.

Aketzalli cuenta que ya está programado un concierto en el Jardín Botánico de la BUAP para la semana de la primavera, en abril de 2018, donde Aketzalli presentará algunas de las primeras melodías y un avance del nuevo proyecto.

Comparte
Ámbar Barrera
Periodista, comunicóloga, fotógrafa, feminista y amante del arte.