La ciudad de Esmeralda Guillén
Una docena de temas compuestos por ella misma integran su primer disco; ofrecerá concierto gratis este sábado 28 en el Teatro de la Ciudad
Por Josué Cantorán @josuedcv
25 de mayo, 2016
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Foto: Marlene Martínez

Foto: Marlene Martínez

Josué Cantorán

@josuedcv

Una docena de temas compuestos por ella misma en los que habla sobre el amor, el placer que provoca cantar o la crisis social que atraviesa el país, integran la primera entrega discográfica de Esmeralda Guillén, una vocalista que después de varios años de camino por la escena independiente de la ciudad comienza a cosechar los frutos de su proyecto como solista.

Antes corista de bandas como Híkuri y Patita de Perro, Esmeralda se acompaña en esta ocasión de Aristóteles Santiago (bajo), Óscar Rosas (guitarra) y Carlos Silva (baterista) para presentar en vivo las canciones de Ciudad Esmeralda, su primer disco, estrenado el pasado febrero y cuya gira de promoción finalizará este sábado 28 a las 20 horas con un concierto gratuito en el Teatro de la Ciudad (Juan de Palafox 14, Centro).

Aunque desde los dieciséis años componía sus primeras canciones con una guitarra, Esmeralda Guillén debió dejar pasar varios años para sentirse cómoda con sus creaciones y enseñarlas a los músicos con los que colaboraba como intérprete o corista. Incluso, ya había comprado un set de pedales que producen loops con la intención de crear su propia música en vivo, convencida de que a ningún músico le atraería su propuesta.

Afortunadamente no fue así. “Los músicos estaban muy contentos con lo que yo les cantaba y empecé a proponerles canciones. Estoy en un trío de ritmos latinoamericanos con el que tengo seis años y ahí empecé a mostrarles un bossa nova, un danzón con chachachá, y les gustaba mucho. Así, a cada proyecto al que llegaba les mostraba una canción. Tuve una banda con amigos también, BreB King Band. Ahí mostré mi primer blues y con los Patita de Perro, que hacen música para niños, empecé a escribir rock”, dice Esmeralda en entrevista con Lado B.

Contrario a lo que temió al inicio, hubo tantos músicos interesados en su trabajo que la primera alineación de su banda de música propia contó con ocho integrantes (violín, saxofón, piano, guitarra, bajo, contrabajo, percusión latina y batería), aunque a la larga fue difícil coordinar a tantas personas.

El resultado de todo ese esfuerzo se concreta en un disco de autoría propia con canciones que se acercan tanto al pop como al rock y al jazz, y en presentaciones que la han llevado a foros tan relevantes como los festivales 5 de Mayo, E-Jazz y Cervantino, así como a ciudades como Tepic y Mexicali, donde ha mostrado no sólo su música sino sus preocupaciones sociales y políticas.

“Cuando llegas a un escenario fuera de tu ciudad también es importante llevar las expresiones de tu ciudad, cómo percibes la realidad en tu ciudad, porque de eso se trata también el intercambio. Ahí comentaba las cosas que suceden en Puebla de las que nadie habla. Todo mundo habla de las obras de infraestructura, de todos los aconteceres con tinte político que pasan en nuestra ciudad, pero de estos fenómenos sociales, como los feminicidios, no se habla. Para mí fue importante compartir estos acontecimientos”, cuenta.

Esmeralda Guillen_-2Trabajar en colectivo

El disco de Esmeralda Guillén salió en un mal momento, al menos en términos de gestión cultural pública. “Estamos lanzando un disco en un año en que no tenemos una plataforma institucional como Conaculta porque ahora está en reconstrucción. Al ser un año electoral (en Puebla), no hay presupuesto para proyectos culturales. Parece un mal momento pero como el disco habla por sí solo porque tiene calidad, no nos han cerrado puertas”, dice la compositora.

Aunque ha encontrado aliados en Radio BUAP o la FILEC, Esmeralda reconoce la importancia de trabajar en colectivo con otros músicos para mejorar las plataformas de difusión de su trabajo y generar públicos que les permitan consolidar económicamente su propuesta. Ello, sin embargo, sólo se lograría con un nivel de calidad suficiente para poder exigir cambios.

“Lo que tenemos que lograr todas las propuestas locales es mejorar nuestra calidad, pero que sea pareja, y encontrar la forma de funcionar en colectivo para que tengamos la posibilidad de pedir las mejores condiciones de trabajo en cuanto a espacios y condiciones técnicas. Es muy importante que la comunidad artística tenga muy buen nivel”, explica.

Esmeralda agrega que las plataformas institucionales, como los festivales organizados por el gobierno estatal, resultan ya insuficientes para cubrir las necesidades de la comunidad artística, por lo que es necesario voltear a ver a la iniciativa privada y a la autogestión como alternativas.

Dos ejemplos de esa forma de trabajo colectivo pueden verse en el disco Puebla, ciudad del rock, gestionado por el colectivo Subterráneos. Éste integra temas de distintos artistas de Puebla y busca funcionar como estrategia de conocimiento de la escena local en otras ciudades a través de su venta externa. “Ahí es notorio que la calidad de la música local está creciendo muchísimo, es un muy buen material, y así como se planeó, estuvo a la venta en el Vive Latino y se vendió, es una forma de participar y de crecer como toda la escena”, dice Esmeralda al respecto del compilado.

La otra propuesta de trabajo en colectivo es La Sagrada Familia, un ensamble de artistas poblanos surgidos sobre todo de la escena del  hip hop y en la que Esmeralda colabora con coros y voces. “Eso es muy interesante, jamás imaginé tener la oportunidad de conocer al movimiento de hip hop, es impresionante, hay exponentes con los que no me imaginé coincidir en un escenario. Me ha sorprendido mucho que la escena del hip hop es muy fuerte, muy unida, de la que hay que aprender muchísimo, y con muchos seguidores”, dice.

De vuelta al disco

Pero de vuelta al disco, Esmeralda cuenta que la mayoría de las canciones son de escritura reciente, excepto “Detrás de la voz”, la última del álbum y la más abiertamente política de todas.

[pull_quote_right]La música comercial está pensada conscientemente para generar públicos y gustarle así a muchísima gente, es muy ligera, no requiere una reflexión, introspección o catarsis, nada de eso. En la música alternativa hay propuestas que también son así pero que no están dispuestas a ser producidas. Ese es mi caso, mi propuesta hasta cierto punto también es ligera, íntima.[/pull_quote_right]

“Hay una canción que escribí a los dieciocho años que habla de la indiferencia que tenemos con algunos acontecimientos, desde una taza de café matutina hasta las últimas noticias que hemos escuchado sobre los feminicidios en nuestra ciudad. Esta falta de sensibilidad ante tantos acontecimientos, desde lo bello hasta lo más trágico, hace que esta canción esté más vigente que nunca. La escribí hace casi diez años y por eso decidí incluirla”, cuenta.

Otras canciones hablan sobre el amor y lo difícil que es expresarlo cuando se presenta en la vida. “Resulta que a veces, cuando amamos tan intensamente, no encontramos las palabras para describirlo pero es algo por lo que pasamos todos”, dice al respecto del tema “Detrás de la voz”. En cuanto a las canciones que podrían resultar buenas cartas de presentaciones para quienes apenas se acercarán a su música, dice que podrían bien ser “Ella” y “Después de ti”.

Para la vocalista, todo en la vida puede y debe estar acompañado de música, algo que expresó en la letra de una de sus canciones: “Por ejemplo, a ese ondear de los árboles que estamos viendo le pones una canción y tiene sentido. Por eso muchos andamos con un reproductor y llevamos el soundtrack de nuestras vidas. Ese ondear, ese aire, lleva un ritmo y tiene una canción que puede acompañarlo. Eso siempre me ha parecido sorprendente porque podemos atinar en la canción que estamos escuchando, ver el tráfico, ver el cielo con nubes que van lentamente, una sonrisa, un llanto. Todo puede estar acompañado por música”.

Aunque la música de Esmeralda Guillén es fresca y amigable con el público, no demasiado experimental ni agresiva, pero de factura cuidadosa y profesional, a la cantante no le interesa demasiado ingresar al circuito comercial, donde, dice, no hay reflexión, introspección ni catarsis.

“Yo he pensado que mi material no está peleado con eso. Sin embargo, no es mi fin último. La música comercial está pensada conscientemente para generar públicos y gustarle así a muchísima gente, es muy ligera, no requiere una reflexión, introspección o catarsis, nada de eso. En la música alternativa hay propuestas que también son así pero que no están dispuestas a ser producidas. Ese es mi caso, mi propuesta hasta cierto punto también es ligera, íntima. Es reflexiva pero la sonoridad no es compleja, no es difícil escucharla. No está peleado con eso pero no está pensado para eso”, concluye.

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Josué Cantorán