Lado B
Romántico y guapachoso: Juan Guerra, el primer rockero de Puebla
"Tengo una frase, una teoría: hasta el mejor rockero con dos, tres copas encima quiere bailar salsa, cumbia"
Por Lado B @ladobemx
06 de febrero, 2016
Comparte
Foto: Marlene Martínez

Foto: Marlene Martínez

Emilio Coca

Desde el estacionamiento del restaurante se escuchan las notas de una canción que no se logra distinguir, una voz ronca desgastada con el tiempo que se detiene en un silencio golpeado, sin aplausos ni reconocimiento, un final seco, como cortado con tijeras.

—Bienvenidos -dice Juan mientras observa a la familia que acaba de llegar; la sigue con la mirada hasta que ocupa una mesa, sonríe-. Bienvenidos a su marisqueria Bahías de Huatulco -repite y  comienza a tocar otra canción.

En las pantallas del restaurante se transmite la repetición del partido de futbol entre México y Estados Unidos. Juan canta a todo pulmón “Mujeres divinas”, “Veracruz”, “Garota de Ipanema”, “Muñequita” y “Feelings” marcando el compás con ambos pies como si marchara: sube y baja un pie, primero el derecho, luego el izquierdo, después remata con ambos, regresa al derecho y vuelve a empezar.

Han pasado 55 años desde que debutó en el Centro Escolar Niños Héroes de Chapultepec con los Demonios del Rock. Quienes le conocen desde entonces juran que mantiene la sonrisa y el carisma de aquel 15 de mayo de 1960, pero la traición de un cartílago en la rodilla le obliga a llevar una prótesis y su movimiento está limitado por un rengueo doloroso que amaina con un bastón. Tiene 74 años y es el primer rockero de Puebla, Juan Guerra.

***

Romántico, rockero y guapachoso, así se describe uno de los fundadores de los niños cantores de Puebla que en los sesentas optó por el género que inició Bill Haley, que popularizó Elvis, al que James Dean le dio imagen, el ritmo de los rebeldes sin causa, al que el disc jockey Alan Freed nombró “Rock and Roll”.

—En esa época decían que el rocanrol duraría unos cuantos años -recuerda Juan mientras se sienta lentamente, mirando hacia atrás, cuidando la maniobra, distribuyendo su peso entre el bastón de madera y sus piernas-, decían que iba a pasar lo mismo que con el merengue y el cha-cha-chá, pero mira, ahora ya existe la frase de que “el rock es cultura”.

Después de su debut tocaba con frecuencia en el balneario San Juan, de San Andrés Cholula,  con su banda “2+2”.

Foto: Marlene Martínez

Foto: Marlene Martínez

—Los chavos se quedaba hasta las nueve o diez de la noche para bailar y echar cotorreo, uuuuy -recuerda con nostalgia uno de esos chavos que hoy es un adulto-, iban varias bandas, pero la “2+2” era de las que mejor tocaba, ¿te acuerdas? -le pregunta a su esposa-, ibas, te tomabas un refresco y te ponías a bailar.

Ahora el público de Juan Guerra se sienta lejos de las bocinas y el pequeño estrado donde toca, frente a la barra del restaurante. Ahora comen, toman, platican y miran la pantalla de la televisión fijamente, observan las jugadas más relevantes del partido de la selección mexicana, hay quienes hasta suspiran por los pases y tiros a gol. “No mames, pinche México”, se quejan.

Juan continúa cantando.

Lejos quedaron las tocadas en el café Rococó, exclusivo para mayores de edad, la Cámara Junior y el Ferrocarrilero junto a sus amigos Eugenio Mayesfer, Otón García, Odilón Alba y Jesús Díaz, el único de la banda que ha muerto.

Para Juan había tres caminos: el deporte, había sido campeón estatal y subcampeón nacional en 400 metros; la docencia, inició la carrera de maestro en educación física, y la música, que terminó imponiéndose .

Las noches de jueves a domingo con otra de sus bandas, los Demonios del Rock, lo consumieron, llegaban a tener de uno a tres eventos por día. Poco a poco el hobby se convirtió en un trabajo que lo hizo abandonar la escuela y el deporte para iniciar una gira por Chiapas, hasta entonces territorio virgen del rocanrol.

[pull_quote_right]Mira -dice Juan-, tengo una frase, una teoría: hasta el mejor rockero con dos, tres copas encima quiere bailar salsa, cumbia. Mike Laure, Rigo Tovar y Chico Che empezaron como rockeros, alguna vez de broma me dijeron “tú eres rockero, ¿qué haces tocando esa música?”, les contesté que era para enseñarles cómo se debía tocar[/pull_quote_right]

En su memoria se fueron acumulando imágenes, como una en la que aparece improvisando con unas llaves de casa mientras Javier Batiz y Carlos Santana tocan la guitarra, no fue parte de su banda, lo llamaron para manejar la iluminación pero tuvo la oportunidad de convivir con ellos.

—Les hacemos una cordial invitación para que nos acompañen todos los días a partir de las 10 de la mañana con el mejor servicio, la mejor atención y sobre todo el mejor sazón de Puebla, aquí en su casa Bahías de Huatulco -anuncia Juan al terminar una pieza.

En el restaurante trabaja sábados y domingos de 3 a 6 de la tarde. Toca de todos los géneros, un mix sin aparente estructura que va del bossanova al mariachi, pasando por el rocanrol y la balada romántica.

Cuando en 1971 Avándaro escandalizó a la sociedad mexicana y el gobierno de Luis Echeverría Álvarez prohibió los conciertos, la grabación y la transmisión de rocanrol, Juan Guerra comenzó a probar con otros géneros musicales y nace “2+2 de Colombia”.

—Mira -dice Juan-, tengo una frase, una teoría: hasta el mejor rockero con dos, tres copas encima quiere bailar salsa, cumbia. Mike Laure, Rigo Tovar y Chico Che empezaron como rockeros, alguna vez de broma me dijeron “tú eres rockero, ¿qué haces tocando esa música?”, les contesté que era para enseñarles cómo se debía tocar.

Su carrera musical continuó escalando. Hizo una gira con Los Cervantes a Estados Unidos, visitando Dallas, San Antonio y otros estados del Sur; su banda le abrió conciertos a Selena, César Costa, Elefante Loco, La Sonora Santanera, La Tongolele y Jhonny Laboriel, a quien le dice compadre.

Foto: Marlene Martínez

Foto: Marlene Martínez

“Feelings, nothing more than feelings”, entona Juan Guerra, alza la mirada y luego aprieta los ojos. Han pasado casi tres horas y la escena no varía mucho: los meseros van y vienen, las mesas se ocupan, se vacían, la tele monopoliza la atención.

Juan Guerra sigue haciendo lo único que, dice, sabe hacer. Y lo mismo que haría de nuevo si volviera a nacer, aun si eso significa dejar el rock por la cumbia y aceptar pequeños trabajos como éste para mantener a su familia, un niño y una niña que aún estudian la primaria, para quienes es padre y madre.

El primer rockero de Puebla sobrevive gracias a contrataciones eventuales como animador. La pobreza le ha perseguido toda la vida. Juan Guerra nació, como dato anecdótico, en la casa de Aquiles Serdán antes de que fuera un museo. Su abuelo era un maestro rural que migró a la ciudad buscando lo que buscan todos. Creció con él y con su abuela. Con su madre, aun a la distancia pues trabajaba en Poza Rica, Veracruz, tuvo una relación “maravillosa”. El recuerdo de su muerte, hace dos años, todavía lo hace llorar.

“Feelings, wo-o-o feelings, wooo, feelings again in my arms”. Acaba la canción. El silencio regresa. Nadie lo reconoce, no sabe su nombre, ni conoce su título de “primer rockero de Puebla”. Algunas personas voltean a verlo, algunas aplauden.

El partido llega a un momento cumbre. Gol de México. La gente mira la televisión, sonríe, festeja. De fondo la voz de Juan Guerra sigue sonando pero en unos minutos se callará, desconectará su teclado, recogerá su equipo y se irá contento porque recibió algunos aplausos, pocos pero suficientes porque de por sí, dice, ya está bastante aplaudido.

Comparte
Autor Lado B
Lado B
Información, noticias, investigación y profundidad, acá no somos columnistas, somos periodistas. Contamos la otra parte de la historia. Contáctanos : info@ladobe.com.mx
Suscripcion