Lado B
Contra los poetas: la inmadurez como forma
Witold Gombrowicz es, en palabras de Piglia, “el mejor escritor argentino del siglo XX”. Esta puede ser una afirmación exagerada, pero en ella se condensa mucho de lo que en realidad es la literatura argentina. Durante el siglo XIX y el siglo pasado, tiene su origen en escritores de lenguas alemana, francesa, inglesa e italiana.
Por José Luis Prado @pepepradog
10 de enero, 2016
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José Luis Prado

@pepepradog

En un artículo Roberto Bolaño recuerda un poema de Nicanor Parra que habla de literatura y exilio:

Los cuatro grandes poetas de Chile
Son tres:
Alonso de Ercilla y Rubén Darío.

Witold Gombrowicz es, en palabras de Piglia, “el mejor escritor argentino del siglo XX”. Esta puede ser una afirmación exagerada, pero en ella se condensa mucho de lo que en realidad es la literatura argentina. Durante el siglo XIX y el siglo pasado, tiene su origen en escritores de lenguas alemana, francesa, inglesa e italiana. En todo caso, a lo que apunta Piglia es a la mirada aguda que tuvo el escritor polaco por el mundo intelectual argentino.

Siempre fui un outsider, escribe en alguna página del libro Contra los poetas (Tumbona ediciones, 2009). El 28 de agosto del año 1947 el escritor polaco dio una conferencia en Buenos Aires.

Witold fue, en los primeros años de su exilio argentino, un escritor poco notorio, vivía pobremente en una azotea, tras haber llegado por casualidad a la Argentina, en donde debió quedarse a vivir porque la guerra lo sorprendió y no pudo volverse a Europa sino hasta años más tarde. Gombrowicz reducía su vida a visitar la confitería Rex junto a algunos poetas, entre ellos Carlos Mastronardi y Virgilio Piñera. La charla ocurre en la librería Fray Mocho, el lugar es ajeno a todos los circuitos que tenían prestigio como el Colegio libre de estudios superiores, donde Jorge Luis Borges dictó algunas conferencias. Un rasgo peculiar es el uso de una lengua ajena, El autor de Cosmos parece jugar con la idea de la desposesión, ya que de lo que trata su conferencia es mostrar una crítica contra el lenguaje estereotipado en la poesía. Gombrowicz no habló en Francés ―lengua que conocía muy bien―, sino que se atrevió a hacerla en español. Balbucear en otra lengua. Parece que la idea de ofrecerla en español se puede rastrear de alguna manera en Ferdydurke: el eterno inmaduro. En una carta de Humberto Rodríguez Tomeu puede leerse:

Gombrowicz había escrito su texto en español y lo había hecho corregir. Piñera y yo habíamos seleccionado poemas para ilustrar el texto de Gombrowicz. Piñera leía poemas mostrando el aspecto grandilocuente y ridículo de ciertos versos…Evidentemente, un verso separado de su contexto se volvía a menudo absurdo…Había gran animación. Alguien se levantó y nos insultó. Nos silbaron. Gombrowicz se sentía en su elemento.

En su texto, Gombrowicz distingue dos tipos de humanismo: “el religioso que busca postrar al ser humano, arrodillarlo, obligándole a admirar o, cuando menos, respetar los productos de la cultura”; y el humanismo refractario “que busca devolverle al hombre su soberanía, su independencia ante esos dioses y esas musas que, por otro lado, no dejan de ser creaciones del propio ser humano. El autor polaco postula, entonces, una libre convivencia entre ambos conceptos, criticando además la balanza del poeta que se inclina hacia el ritual. En esta idea la misa poética, que está dada en un diálogo entre iguales, sugiere la posición del autor en el mundo, y no sólo debe expresar su relación del mundo con él. Así, lo que propone es tener en cuenta las realidades ajenas a nuestra sensibilidad. En este sentido, a lo que apunta es a una crítica al lenguaje estereotipado de la poesía. Dice de los poetas:

No quieren ver que esa supuesta admiración por el canto versificado es en realidad el resultado de muchos factores como la tradición, la imitación, y aún otros como el sentimiento religioso o la afición deportiva ―porque asistimos a un recital poético del mismo modo que a una misa―.

En el sentido de la tradición, del lenguaje poético como rito reiterado y repetitivo, Witold Gombrowicz insiste de forma tajante contra las palabras que han perdido frescura: las rosas, el atardecer, las nostalgias, etcétera. Para él son la muestra de un estrechamiento del lenguaje, un encogimiento del estilo.¿Qué es lo que molesta tanto al autor polaco? Podríamos aventurarnos y decir que se trata de la forma, el ser humano como esclavo de las formas, un hombre no auténtico. De tal suerte que el autor de Bakakaï apuesta por la inmadurez que él muestra como lo maleable, lo que aún no tiene forma, lo individual, en otras palabras: la libertad.

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El texto Contra los poetas, critica cierta noción aceptada sobre el arte: contra la musa. Es una enorme y legendaria provocación desde el arte hacia el arte mismo. “Nada hay de malo en que la poesía moderna no sea accesible a cualquiera, pero sí hay en que nazca de la convivencia unívoca y estrecha entre hombres y mundos idénticos”. Este juicio se sostendrá a lo largo de su discurso, incluso en su vida. Con esto, me parece, se refiere a la disposición de leer poéticamente. Cuando trata el embelesamiento de la obra de arte, dice que éste no proviene del hombre, más bien, se da entre los hombres, es decir, nosotros estamos creando esa disposición. Pero, más allá de una posición que parece tajante, Gombrowicz muestra un escenario de hastío por la poesía en ritmo y rima:

Lo interesante es que no soy un ignorante absoluto en cuestiones artísticas ni tampoco me falta la sensibilidad poética; y cuando la poesía aparece mezclada con otros elementos, más crudos y prosaicos, por ejemplo en los dramas de Shakespeare, en las obras de Dostoievski, de Pascal o sencillamente en el crepúsculo cotidiano, tiemblo como cualquier mortal.

Contra los poetas, es una obra breve, pero de duro contenido que condensa un increíble entramado sobre la poesía. Gombrowicz siempre mostró su condición de emigrado. En sus propias palabras: “Cualquier estilo, cualquier actitud definida nace de la eliminación; nace, en definitiva, de un empobrecimiento”. Ahí, me parece, se juega su mejor carta ya que le da la espalda a las formas, por demás establecidas.

Pero más allá de sus alardes contra la poesía tenemos sus grandes obras y el tema per se de la inmadurez que muestra una máscara social frente al estereotipo antes de mostrar su propia forma.

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Autor Lado B
José Luis Prado
José Luis Prado ha sido becario del Fondo estatal para la cultura y las artes de Puebla en las emisiones 2011 y 2013 en la disciplina de cuento; publica en revistas nacionales e internacionales. Actualmente imparte talleres de cuento en la Escuela de Escritura y en los talleres artísticos de la BUAP.
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