Dicen que entre el dicho y el hecho, hay mucho trecho. También entre lo que pensamos o se dice que es un periodista y lo que realmente hacen. ¿A qué se debe que el periodista sea una suerte de sabelotodo andante? ¿Por qué les creemos? Me parece que los periodistas, al menos en el discurso de su profesión, se han sabido posicionar bien entre la sociedad. La mayoría en ese gremio se pone el saco de que el Periodismo es una profesión que sintetiza un compromiso con la sociedad, a través de un apego a la verdad y a un constante cuestionamiento del poder. Si uno lee las biografías o semblanzas de algunos periodistas consagrados –principalmente en la cobertura acerca del poder (entiéndase gobiernos o partidos políticos)–, como la del mexicano Julio Scherer, el colombiano José Salgar, el chileno Clóvis Rossi o el argentino Hermenegildo Sábat, esa idea de que el periodismo es un ejercicio apegado a informar a la sociedad con “la verdad” y nada más que con “la verdad” (hasta que los intereses económicos o políticos los separen) se consolida como uno de los principios organizadores –o deseables– de las conductas que se esperan de todos aquellos que están inmersos en la práctica periodística.
En una semblanza que Vicente Leñero hace sobre Julio Scherer (ambos personas modelos dentro del periodismo mexicano por haber fundado la revista Proceso, a raíz del cierre del diario Excélsior durante el gobierno de Luis Echeverría), apunta:
El reportero es un ser aislado de la realidad, pero al mismo tiempo, paradójicamente, está inmerso en ella: en la entraña del acontecer. No es profeta, ni visionario, ni orientador. Es testigo sin partido político que lo ampare, sin compromiso que lo ate, sin futuro que lo consagre. El reportero es un hombre conjugado en el presente cuya misión es lanzar preguntas, no dictar respuestas.[1]
Aunque hay periodistas modelos, el posicionamiento (o sea el reconocimiento que le dan sus colegas y el público) de éstos dentro del Periodismo tiene que ver con la conformación de su trayectoria de vida, es decir con su ascendencia y el lugar simbólico que ocupa en el espacio social. Por ejemplo, Julio Scherer quizás no tendría esa trascendencia ni hubiera llegado a ser director del periódico Excélsior si no previniese de una familia con un capital económico elevado o si su padre, Pablo Scherer, con un trabajo relacionado a la bolsa de valores no le hubiera dado el diario, y aunque la familia de Scherer perdió todo en la crisis económica de la década de los 60, él ya había adquirido un fuerte capital social y cultural.[2]
Me parece que los periodistas se dejan llevar por el romanticismo del discurso de los consagrados en su gremio. El 1 de junio de 2014, por ejemplo, el colombiano Alberto Salcedo Ramos, un prestigiado periodista en Latinoamérica publicó un texto titulado “El oficio más bello del mundo” refiriéndose al periodismo, y comenta que pese a las precarias condiciones laborales de los periodistas, “el periodismo es una necesidad social, y como tal sobrevivirá aunque no exista ningún periódico.” [3] ¿Por qué se me hace romántico eso? Porque el prestigio de un periodista, además de su nombre, tiene que ver antes con la empresa mediática que lo respalda; no es lo mismo ser periodista para “Mi periodiquito” que ser periodista para La Jornada, ¿o sí?Los periodistas que aún no tienen nombre ni apellido, es decir que no pertenecen a familias reconocidas en el ámbito cultural, académico, económico o político, o que no llevan años en el medio y por lo tanto pocos lo conocen, tienen que pasar por ese filtro del respaldo institucional, o sea, haberse fletado alrededor de cinco o diez años a hacer notas diarias en médicos de comunicación con un prestigio ganado (consumidos o conocidos por más del 70% de la población donde circula en medio) y hacer de tripas corazón con algunas humillaciones para finalmente aspirar a ser PERIODISTAS con nombre y apellido reconocidos –y en algunos casos darse el lujo de ejercer la libertad de prensa– . Sólo así, con periodistas registrados en las mentes de una gran parte de una población, se podría entender la sobrevivencia del periodismo sin medios de comunicación.
*Estudiante del posgrado en Sociología-BUAP.
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[1] Los maestros. Scherer, Salgar, Clóvis Rossi, Sábat. Premio Homenaje CEMEX+FNPI. FCE, Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano, México 2007., pp. 31.
[2]Ibídem., pp. 11-45.
[3] Consultar link
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EL PEPO