Lado B
Ponciano, el evangélico
“Vamos a quemarlo vivo para que conozca a Dios”
Por Lado B @ladobemx
25 de octubre, 2013
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En 1968 se lanzó una intensa campaña en contra del comunismo, o contra quienes profesaran otra religión que no fuera la oficial, la dictada por la iglesia católica, apostólica y romana, resultado de la campaña en San Miguel Canoa lincharon a unos estudiantes y trabajadores de la BUAP, pero no fue el único lugar en donde la furia popular exacerbada cobró víctimas.

 

Eric David Montero

@ericdmontero

“Vamos a quemarlo vivo para que conozca a Dios”, las palabra resuenan una y otra vez en Trinidad Vivanco. A sus pies yace Ponciano, el joven albañil evangélico al que una turba furiosa le acaba de reventar la cabeza con un bloque. Sangra. Inconsciente como está no será testigo de los gritos, los jaloneos, del caos y la posibilidad de morir que pende sobre él. Ni tampoco verá cuando los rescatistas lleguen por él para llevarlo a la ciudad de Puebla. Trinidad Vivanco sí lo sabe. Estaba ahí mirando horrorizado la escena.

***

Ponciano pertenecía a un grupo de 6 o 7 personas que se reunían para profesar su fe pero no bajo lineamientos de la iglesia romana.  Eso molestó a los católicos en la junta auxiliar de San Juan Tepulco en la segunda mitad de los años 60.

Crescenciano Paredes recuerda que aquél pequeño grupo de lugareños decidió creer en Dios de otra manera, que dejaron de acudir a las misas de cada domingo, y dejaron de cooperar para las fiestas patronales. En respuesta el párroco del lugar Simón Vázquez comenzó a azuzar los ánimos entre los fieles católicos, especialmente contra Ponciano, quien desde 1966 dejó de ser el sacristán de la parroquia.

–Les daba el mensaje de que no lo dejaran a Ponciano porque es un condenado, que ya no conoce Dios, y que es un animal. Entonces le dijo a la gente del pueblo sáquenlo, quítenlo, córranlo, porque ya no hace nada –dice Crescenciano en un español con una sintaxis amorfa pero con un mensaje muy claro. Él  pertenece a ese pequeño porcentaje de personas que aún conservan el náhuatl como lengua primigenia.

El hombre, que ya supera los 60 años, dejó su reunión dominical para otorgar la entrevista. El sol del mediodía quema, su esposa lo espera a 15 metros de distancia, justo frente a una pequeña iglesia. Dentro de esta hay reducido un grupo, 15, 20 personas máximo. Al  fondo se ve un hombre  vestido de traje negro, camisa blanca y corbata roja;  se alcanza a escuchar que habla de Dios, Cristo y la virgen María, lo que en el catolicismo es llamado como la Sagrada Familia.

El pastor deja hablar unos segundos, suelta  el libro toma una guitarra e inicia un canto para que los asistentes lo acompañen.

-Aquí no hacemos otra cosa más que alabar a Dios, es mentira todo lo que dicen de nosotros. ¿Gustas pasar o hasta el último?- Dice Crescenciano.

Después de la pregunta continua con la historia:

Ponciano de oficio albañil contaba con apenas 28 o 30 años y era el sacristán de  la iglesia de San Juan Tepulco, un grupo de evangélicos lo contrata para trabajar en la ciudad de Puebla. Ahí lo adoctrinan, le hablan de Dios y de la Biblia pero de otra manera, y se reúne con más adeptos a esta religión en el municipio de Tepatlaxco de Hidalgo, donde en mayo de 1966 habitantes de este municipio estuvieron a punto de linchar a 12 jóvenes texanos.

***

Ponciano comenzó a ausentarse en las misas dominicales que oficiaba el párroco Simón Vázquez. Este al enterarse de que su sacristán ya era evangélico prometió a los católicos ir a su casa para convertirlo en animal.

Un domingo después de oficiar Simón, llegó a la casa de Ponciano, una pequeña construcción rodeada por una presa. Los curiosos ni tardos ni perezosos se reunieron ahí llenos de morbo, quizá con miedo y también con deseos de ver salir al hombre convertido en animal, con cuernos y cola de chivo.

El párroco entró a la casa de Ponciano para sumergirse en una larga plática mientras afuera todos se preguntaban lo que ocurría. Al finalizar el párroco salió acompañado del albañil y no de aquél extraño animal como algunos lo esperaban.

Lo que pasó realmente dentro de aquella casa es que Simón Vázquez felicitó a Ponciano por “conocer la palabra de Dios, por haber descubierto la verdad”, después vino un abrazo y  le pidió que dejara en paz a los fieles católicos.

 ***

Pero el conflicto no finalizaría con Ponciano alejado de la iglesia católica. Un viejo funcionario público de Acajete llamado Trinidad Vivanco, recuerda que en 1968 se lanzó una intensa campaña en contra del comunismo, o contra quienes profesaran otra religión que no fuera la oficial, la dictada por la iglesia católica, apostólica y romana. La radio, televisión, postes, muros de negocios en la ciudad de Puebla fueron los testigos. 

La campaña también se extendió a varios municipios poblanos. Acajete y San Juan Tepulco no serían la excepción.

Y en esas estaban cuando Ponciano, su cuñado Guadalupe Patiño y dos hombres más se dirigieron a un banco de arena para construir un pozo de agua que era necesario en la comunidad. Era un 11 de septiembre de 1968, la campaña de odio cobraba fuerza. En ese banco de área se produciría un alud, Guadalupe moriría asfixiado.

Los deudos de los familiares se dirigieron con el presidente auxiliar Juan Chávez a solicitar permiso para enterrar el cuerpo. Sin embargo desde hacía tiempo, a los Aguilar Patiño le pesaban calificativos como “hijos del diablo y condenados”,  y aunque tenían el permiso para darle sepultura, cientos de personas se juntaron para impedirlo. Tras sonar las campanas de la iglesia e impidieron por cerca de 48 que el cuerpo saliera del que era su hogar, hasta que llegó la policía estatal a rescatarlos.

El 13 de septiembre el pequeño grupo fue expulsado de la cabecera municipal, por más de 6 mil católicos alebrestados, por la vieja estación del ferrocarril. Y la cosa no acabó ahí, al día siguiente Ponciano logró apartarse del grupo y se escondió en un terreno cercano a la presidencia municipal, esperando una oportunidad para escapar de aquella turba. El corazón le latía a todo lo que daba, buscaba huir.

Justo cuando vio que población enardecida se distrajo salió corriendo a toda velocidad. Estaba a unos 100 metros de la carretera, así que emprendió la carrera. Ponciano llegó a la carretera, por suerte se acercaba un camión que se dirigía a Huamantla Tlaxcala y lo abordó. Pero el conductor vio que tras Ponciano venía mucha gente, pensando que también viajarían se quedó parado. Un grupo de hombres subió por Ponciano para bajarlo a golpes y llevarlo así hasta el parque.

-“¿A dónde lo llevan?”- preguntó Trinidad Vivanco funcionario municipal.

La respuesta lo dejó helado.

-Vamos a llevarlo aquí al parque y a quemarlo para que conozca a Dios.

De la turba enardecida salió un bloque que reventó la cabeza de Ponciano.

El funcionario aterrorizado por el hecho pidió que lo metieran a la cárcel municipal. Nadie hizo nada por un rato. Aquel grupo se quedó atónico viendo el cuerpo inerte de Ponciano que fue llevado por rescatistas a la ciudad de Puebla en medio un fuerte aguacero, que borró aquel charco de sangre que se formó tras el impacto del material de construcción y el cráneo del hombre.

Testigos refieren que fue una tormenta apocalíptica, lo que ayudó que la turba se retirara, y aquel conflicto finalizara. No obstante esa noche 14 familias evangélicas fueron expulsadas después de quemar sus viviendas.

La casa de Ponciano permanece silenciosa, guardando esa historia, cerrada casi todo el tiempo, él esporádicamente visita la comunidad, especialmente los domingos. “Ahora vive en la ciudad de Puebla” dice  Crescenciano Paredes, después de tocar la puerta en repetidas veces.

“Es muy  difícil encontrarlo”, sentencia. Lado B. Periodismo 3.0

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