Alejandro BadilloLa historia del arte de E. H. Gombrich fue publicada por primera vez en 1950. Originalmente dirigida a un público joven fue ganando adeptos y recomendaciones hasta alcanzar más de 16 ediciones en inglés y ser traducida a 20 lenguas. En los diferentes prólogos que el autor escribió para las nuevas ediciones anotaba los cambios que había hecho para que su libro no perdiera vigencia y, al mismo tiempo, conservara su espíritu. También anotaba su asombro de que La historia del arte hubiera sobrevivido tantos años. Gombrich estudió Historia del Arte en Viena y trabajó en distintas universidades europeas consolidando su prestigio como teórico del arte pero también como divulgador. Este último aspecto es el que sobresale: la capacidad para hilar desde una perspectiva general la historia del arte concentrada en tres áreas: escultura, pintura y arquitectura.

Editorial Phaidon, Decimosexta edición, traducción de Rafael Santos
En los últimos años se ha visto un boom de manuales, recetarios, compendios o antologías que ofrecen concentrar grandes áreas del conocimiento en un solo volumen. Sin embargo, estas obras parecen índices que no relacionan la información citada. Al contrario de esta tendencia, La historia del arte de Gombrich se esfuerza en crear vínculos que hagan más fácil la comprensión del lector poco avezado en el territorio del arte. Empezando desde las pinturas rupestres y terminando en el arte abstracto y conceptual, Gombrich establece el contexto en el que se desarrolla la obra artística.
El creador, desde siempre, no es ajeno a la sociedad que lo rodea y entendiendo esta perspectiva se puede abordar de una forma integral la historia del arte. Como el experimentado guía de un museo Gombrich ofrece referencias y datos que complementan la observación. Otro punto fundamental es que cada obra citada en el texto puede ser consultada en las láminas. De esta forma cualquier ejemplo tiene una correspondencia inmediata y, así, el lector puede comparar influencias, estilos y desarrollos. Sin ahondar de más, Gombrich hace más vívido el conocimiento indagando las motivaciones de los creadores y su estilo de vida. Aparecen, entonces, el simbolismo profundo de la mitología egipcia, la perfección en las formas de las esculturas grecolatinas. Después, la influencia rectora del cristianismo y sus metamorfosis después de la Reforma.
El papel del creador se fue aproximando al del científico que intenta revelar los misterios de la naturaleza para lograr obras cada vez más perfectas. Todos estos elementos convierten a La historia del arte en un libro que funciona no como un compendio o un tratado que pretende ofrecer una versión única, sino como una invitación a la curiosidad y a la sorpresa. Quizás algo de lo que queda a deber La historia del arte es desprenderse del eurocentrismo en la selección de las obras comentadas. Si bien es cierto que el arte se desarrolló en Europa, también ha habido una contribución desde los países periféricos.
En el caso de México, por ejemplo, con los muralistas mexicanos, particularmente Siqueiros y José Clemente Orozco. Esta visión no es exclusiva de Gombrich y aparece en críticos emblemáticos como Harold Bloom. Sin embargo, a pesar de esta limitante, La historia del arte es un libro que debe estar en el acervo de cualquier interesado en la evolución del arte, los conflictos que ha tenido a lo largo de la historia y los posibles escenarios para el futuro.
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EL PEPO