El concepto de cambio social es el elemento central para entender los problemas de identidad que afectan a los docentes y los desafíos que éstos tienen que enfrentar. El cambio social ha transformado profundamente el trabajo de los profesores, su imagen y también la valoración que la sociedad hace de su tarea…Juan Carlos Tedesco afirma que si uno llegara a creer que el maestro debería reunir todas las características señaladas por los expertos y especialistas en diversos documentos, el resultado sería algo así como un tipo ideal tan contradictorio como de imposible realización práctica…
Denise Vaillant. La identidad docente. La importancia del profesorado, p. 2.
¿Qué significa hoy ser docente? ¿Cuál es la idea de buen educador que tiene la sociedad actual y qué tanto es posible responder a esta idea? ¿Cómo se autodefinen hoy los y las educadoras en un mundo confuso, incierto, diverso y multiexigente? Estas y otras preguntas resultan de vital importancia para comprender y buscar estrategias y elementos de formación inicial y permanente del profesorado con miras a construir una educación personalizante a la altura de nuestros tiempos o como decía la semana pasada, de estos malos tiempos en que nos ha tocado vivir.
Porque existe un doble desfase entre el ideal impreso en el imaginario social y la realidad de los educadores actuales y también entre lo que esta nueva cultura del desempeño ha ido acumulando como exigencias para los docentes y lo que en sus propios contextos y capacidades reales es posible esperar de ellos.
Por un lado sigue presente en la conciencia colectiva la identidad idealizada y romántica que tradicionalmente se ha atribuido a los profesionales de la educación que contrasta totalmente con la realidad actual. Muy atrás quedaron los tiempos del apóstol cultural que recorría todo el país llevando el conocimiento a cada rincón o los del respetado líder social que era admirado y consultado junto con el médico o el sacerdote del pueblo. El rol del profesor ha sido desplazado por múltiples figuras alternativas y ahora incluso por la inteligencia artificial, y su estatus perdió valor en esta sociedad que valora el tener sobre el saber, el poder sobre el servir y el aparentar sobre el ser.
En la otra cara de la moneda, la sociedad actual está marcada por la incertidumbre, la confusión, la enorme diferenciación y la carencia de integración. Todo ello, ya de por sí muy complicado de atender en las nuevas generaciones que nacen y crecen sin certezas, sin modelos más o menos unificados de ser persona y carentes de criterios o elementos para integrar la enorme oferta de información, modos de vida, estilos de pensamiento, valores, etc. se suma a la exigencia de la sociedad productivista y la cultura del desempeño, que como ya he planteado en este espacio, están acumulando cada vez más tareas al perfil de los docentes, que si se miran en conjunto, resultan imposibles de cumplir.
“Las identidades docentes pueden ser entendidas como un conjunto heterogéneo de representaciones profesionales, y como un modo de respuesta a la diferenciación o identificación con otros grupos profesionales…” dice Vaillant en el artículo citado en el epígrafe (p. 4). Existen simultáneamente identidades múltiples que dependen de los contextos concretos y de las trayectorias de cada docente, identidades particulares o individuales que dependen de la historia y rasgos personales y también una identidad común más universal que permite distinguir a quienes se dedican a la educación de los profesionales de otras áreas.
La autora canadiense plantea en este trabajo los cambios profundos que ha tenido la identidad docente en las últimas décadas de cambios acelerados en el sistema social. Estos cambios pueden clasificarse en tres grandes dimensiones: la dimensión macro que tiene que ver directamente con la evolución de las dinámicas, valores y concepciones sociales, la dimensión aúlica que lleva entre otras cosas a revisar contenidos curriculares y métodos de enseñanza y finalmente, la dimensión de los cambios en el contexto político y administrativo.
En este espacio estamos ubicando la reflexión en los cambios de la dimensión macro que se derivan de la crisis social en la que vive la humanidad de nuestro cambio de época. Como lo he señalado en varios artículos previos, Vaillant señala que en el nivel marco la crisis de la identidad docente está directamente relacionada con el aumento de exigencias que se le hacen a los y las docentes que deben asumir cada vez más responsabilidades, muchas de ellas ajenas a su tarea pedagógica central.
En efecto, como señala este artículo, la literatura contemporánea sobre el tema da cuenta de una enorme serie de características muy variadas y en muchos casos contradictorias de lo que hoy se consideran como cualidades que debe tener un profesional de la educación. De las que Vaillant señala, algunas tienen que ver con conocimientos y valores que los educadores deben poseer hoy, otras con métodos de enseñanza innovadores y uso de las nuevas tecnologías digitales -ahora incluso, el uso de la IA con fines de aprendizaje-, competencias comunicativas para una sana relación cn los alumnos, padres de familia y colegas, competencias para la investigación y para la reflexión de sus prácticas, etc.
En nuestro contexto nacional hemos planteado en entregas previas de esta columna, las exigencias de responsabilizarse del cuidado preventivo y el seguimiento de indicadores de salud y bienestar y de hacerse cargo del alto índice de abandono escolar, sobre todo en el nivel de bachillerato, acudiendo a los domicilios de los estudiantes para convencerlos de volver a las aulas. A raíz de la pandemia que disparó los casos de trastornos emocionales en los niños, adolescentes y jóvenes, se pide ahora también al profesorado capacitarse y atender la salud emocional de los estudiantes. Por otra parte, en el país roto por la violencia, se está también cargando a los docentes con la responsabilidad del manejo de protocolos preventivos y de manejo de crisis en situaciones de violencia escolar e incluso de la violencia criminal que tristemente ha llegado a nuestras escuelas.
De manera que como afirma la cita de Tedesco en el epígrafe de hoy, si uno llegara a creer que el maestro o la maestra debería reunir todas las características que le demandan los expertos y las autoridades educativas, el resultado sería un perfil ideal contradictorio e imposible de encarnarse en un profesor, a menos que fuese una especie de superhéroe de historieta.
Todo esto me lleva a concluir retomando parte de las conclusiones de este interesante artículo para afirmar con Vaillant que “…Una de las tareas esenciales del momento actual es la superación de la crisis de identidad de maestros y profesores y modificar el imaginario colectivo referido a esta profesión…” Este afrontamiento de la crisis pasa necesariamente, como dice la autora, por devolver a los docentes la confianza en sí mismos y exigirles que se responsabilicen de sus resultados pero también, sin duda, por mejorar sus condiciones de trabajo. Esta es una tarea que debe contar con la participación corresponsable de los mismos docentes, de las autoridades educativas y del conjunto de la sociedad.
*La ilustración que acompaña este artículo fue generada con IA
EL PEPO