La Guaira, Venezuela. Víctor García se pregunta cómo hará para sepultar a los cinco integrantes de su familia que, presumiblemente, fallecieron tras derrumbarse el edificio donde residían en La Guaira, ciudad costera a 25 kilómetros de Caracas que sufrió los daños más fuertes durante los sismos que sacudieron el norte de Venezuela el pasado 24 de junio.
Aún sin resignarse a la pérdida de su hermana mayor, la hija de ésta y su esposo, además de dos niñas de siete años y seis meses, respectivamente, García sabe perfectamente que jamás podrá darles un sepelio digno con el sueldo de 200 dólares que devenga como trabajador público.
Esta es la realidad que golpea a la mayoría de los venezolanos, que sobreviven en un país cuya economía es hoy un tercio de la que había en 2013, consecuencia de los manejos irregulares de los mayores recursos por factura petrolera que haya recibido el país.
De hecho, ante la casi inexistente respuesta y ayuda oficial, una vez más la sociedad civil asume el rol que corresponde al Estado para hacer frente a las necesidades de miles de víctimas y afectados por la peor catástrofe natural que ha sufrido Venezuela en su historia republicana.
“La solidaridad se ve hasta en este difícil trance”, señala Davenio Velázquez, presidente de la Asociación Profesional de la Industria Funeraria (Asoproinfu), aludiendo a la respuesta dada por la iniciativa privada para atender la dura tarea de sepultar a los miles de fallecidos por los sismos.
Una carpintería artesanal que ha donado cofres, una fábrica de ataúdes que ha puesto toda su producción a disposición, un taller de costura dedicado a confeccionar bolsas forenses, servicios de inhumación y cremación por debajo del costo… Estas son algunas de las ayudas que los venezolanos ofrecen para que los afectados puedan dar una despedida digna a sus familiares.
Ni la falta de electricidad ni el cansancio han detenido el trabajo. Desde que recibió la donación de las primeras 40 láminas de material comprimido MDF, Guillermo Uzcanga y su equipo mantienen un ritmo frenético para terminar los primeros ataúdes que enviarán este 30 de junio a La Guaira, donde se estima que el número de fallecidos supere los 10 mil, en virtud de la extensa destrucción y la cantidad de desaparecidos, más de 40 mil, según cifras no oficiales.
“Es parte de nuestra contribución en esta tragedia” dice el joven carpintero y deportista desde su taller en la zona alta de Maracay, ciudad a unos 120 kilómetros al oeste de Caracas. Asistido por un grupo de muchachos de la zona, las cuatro horas de racionamiento eléctrico diario que viven los maracayeros no detuvo la producción de las primeras 20 unidades.
En Barquisimeto, a 390 km de la zona cero, Industrias Araujo, uno de los mayores fabricantes de féretros del país, también ha decidido donar toda la producción a las víctimas de la tragedia. “Estamos trabajando 24 horas continuas en la fabricación de ataúdes”, dice Emilio Araujo, uno de los propietarios.
Debido al trabajo continuo del personal de planta desde el pasado fin de semana, han recurrido a la ayuda de herreros y carpinteros voluntarios para no detener la producción.
En Táchira, estado fronterizo con Colombia, costureras voluntarias se han dedicado a confeccionar bolsas mortuorias que donarán para la inhumación de las víctimas. “Queremos contribuir a dignificar a los fallecidos”, señala una de las voluntarias que prefiere el anonimato.
Tras contar con material para confeccionar las primeras 100 bolsas, el grupo de voluntarias espera recibir donaciones que les permitan alcanzar la meta de producir mil o más unidades. “Estamos dispuestas a confeccionar las bolsas que sean necesarias. Lo que necesitamos son los insumos”, dijo.
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Para atender la contingencia, las dos organizaciones de la industria funeraria venezolana (Asoproinfu y Canadefu) han unido esfuerzos para dar respuesta a miles de inhumaciones y cremaciones que tendrán que realizarse en los próximos días.
“Ya tuvimos una experiencia con la pandemia, donde se presentó una siniestralidad muy alta. Puedo decir que la industria está a la altura de este compromiso”, dice Velásquez, presidente de Asoproinfu, que está prestando sus servicios al costo para las víctimas de esta tragedia natural.
Ello significa que quienes necesiten de sus servicios solo pagarán 120 dólares por traslado desde La Guaira u otra zona aledaña hasta Caracas, mientras que por la inhumación o cremación en las instalaciones privadas solo 150 dólares. En el interior del país, los costos pueden bajar a entre 80 y 100 dólares.
Joel Uribarri, presidente de Cámara Nacional de Empresas Funerarias de Venezuela (Canadefu), ratifica que esta iniciativa cuenta con el respaldo de más de 600 funerarias de todo el país, que actúan de la mano con las autoridades para agilizar los trámites legales necesarios.
Recordó, además, que el gremio ha dispuesto un fondo de ayuda para las personas que no disponen de los medios mínimos para cremar o enterrar a sus difuntos. Igualmente, afirmó que es perfectamente posible inhumar un cuerpo en bolsas mortuorias. Incluso, pueden ser más adecuadas que un féretro, en virtud del estado de algunos cadáveres.
Si alguna ayuda ha prestado el gobierno, es la mínima necesaria: aligerar el engorroso proceso legal para la entrega de los cadáveres a las familias. Para ello, el Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (SENAMECF) improvisó una morgue al aire libre en los silos del Puerto de La Guaira, donde el inclemente sol tropical no da tregua a la rápida descomposición de los miles de cadáveres agrupados en el suelo.
El SENAMECF dispuso un servicio gratuito de cremación en las dos instalaciones públicas de la Gran Caracas, ubicados en Valles de Tuy y el Cementerio General del Sur, camposanto donde fueron habilitadas fosas para el sepelio de personas cuyas familias no pueden costear este servicio.
En este particular, Velázquez asegura que no se están haciendo inhumaciones en fosas comunes, sino en las habituales fosas para dos cuerpos. Asimismo, dijo que la responsabilidad de sepultar los cuerpos que no sean reclamados por ningún familiar, corresponde a las autoridades.
Aunque a una semana de la tragedia el gobierno aún no tiene datos de desaparecidos, páginas creadas el mismo jueves 25 por voluntarios cifran en más de 40 mil la cantidad de personas que han sido localizadas tras los sismos, lo que permite proyectar que el número de fallecidos alcanzará proporciones nunca vistas en Venezuela.
Por ello, la ONU dispuso adquirir 10 mil bolsas para cadáveres en un primer momento, número que rebasa con creces las cifras oficiales de víctimas al 30 de junio (mil 943) y ratifica lo dicho por un funcionario del Estado a este reportero, al asegurar off the record que el número de cadáveres recibidos en las dos morgues de Caracas y La Guaira superan los números oficiales.
“Hay al menos 2 mil 500 edificios afectados, la mayoría de los cuales se han derrumbado por completo. Por lo tanto, sin duda estamos ante una cifra superior a la que ya se ha comunicado”, dijo este lunes el coordinador residente y humanitario de la ONU en Venezuela, Gianluca Rampolla.
* Foto de portada tomada de facebook.com/Eslaguairaenfotos