Verónica Sánchez desapareció en abril de 2022 en Amealco de Bonfil, Querétaro, tras años de violencia familiar por parte de su pareja e hijos. Cuando su cuerpo sin vida fue encontrado en 2025 en su propia casa, la indignación detonó: por un lado, las autoridades no hicieron la búsqueda exhaustiva en su hogar y menos tomaron en cuenta las agresiones previas.
Lo ocurrido a Verónica, Evangelina, Lorena y Saraí evidencia cómo la desaparición es tan sólo un eslabón: todas ellas vivieron violencias que no fueron prevenidas o atendidas, lo cual derivó en su desaparición y posterior feminicidio. ¿Cuántas historias más hay así en México? Hasta ahora es imposible saberlo, porque el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas () no contempla esa variable.
Tan sólo en Puebla, de 2019 a 2025 se ubicaron, a través de un recuento hemerográfico, 34 desapariciones de mujeres, adolescentes y niñas vinculadas a violencias anteriores. Esas agresiones fueron variadas: familiar, de pareja, sexual y amenazas, todas ellas sin alguna clase de prevención que evite una escalada.
La relación entre otro tipo de violencias y la desaparición ya estaba en el radar de las organizaciones, sin embargo, las autoridades la han pasado por alto.

Durante la marcha del 8 de marzo de 2025, familias de mujeres desaparecidas exigieron a las autoridades acciones de búsqueda eficientes. Crédito: Samantha Páez
María de la Luz Estrada, coordinadora del Observatorio Ciudadano Nacional de Feminicidio (OCNF), comentó en una entrevista que habían solicitado al Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública (SESNSP) agregar dos variables al delito de feminicidio: la desaparición previa y las órdenes de protección, pero estas no fueron incluidas, porque “ya eran muchas variables”.
“Esas variables son muy importantes de saber, sobre todo por el contexto grave de desaparición, porque para nosotras en la desaparición de mujeres, niñas y adolescentes, lo que nos encontramos es muerte, las hemos encontrado asesinadas”, dijo Estrada.
Y es justo la falta de datos precisos la que podría impedir romper esa cadena de violencia, al establecer medidas de prevención necesarias.
Para Ana Laura Gamboa, del Observatorio de Violencia Social y de Género (OVSG), de la Universidad Iberoamericana de Puebla, conocer los patrones de cómo se están cometiendo los feminicidios ayudaría a realizar acciones de prevención de la violencia hacia las mujeres, pero también hacia los hombres en este mandato de masculinidad.
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El Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas (RNPDNO) reconoce que de 2019 a lo que va de 2026 existen 68 mil 885 personas desaparecidas y no localizadas en el país, de las cuales 22% son mujeres.

Tendedero de personas desaparecidas en Puebla. Crédito: Samantha Páez
Cuando se exploran las variables de desaparición de mujeres vinculadas con feminicidio y homicidio, el registro nacional dice que no existen casos respecto al primer delito y uno solo del segundo: una mujer de Tabasco. Lo que resulta imposible de creer ya que, tan sólo para este trabajo colaborativo, se cuentan las historias de seis mujeres desaparecidas y que después se descubrió que fueron víctimas de feminicidio.
El registro nacional también indica que 21 mil 708 personas fueron localizadas sin vida de 2019 a lo que va de 2026, de ellas, 3 mil 88 son mujeres. Aunque se desconoce la hipótesis de su desaparición, para el Instituto Mexicano de Derechos Humanos y Democracia, como lo señala en su Diagnóstico de mujeres desaparecidas de septiembre de 2022, “la desaparición de mujeres en México oculta otras violencias y delitos para las mujeres”.

Número de personas desaparecidas en México por entidad federativa, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. Elaboración: Samantha Páez
“El feminicidio, la trata de personas, el secuestro, el reclutamiento y utilización de las niñas y la violencia sexual, están cubiertos bajo la desaparición porque quien agrede busca seguir impune, continuar sin ningún señalamiento o mácula, logrando que cada día la violencia feminicida sea normalizada por la sociedad”, apunta el documento.
Además de los seis casos de desaparición y feminicidio con antecedentes violentos que se ubicaron para esta investigación colaborativa, en la Guía de buenas prácticas en el acompañamiento de casos de violencia feminicida, del OCNF publicado este año, se documentaron otros cinco casos similares:
Es por ello que el OCNF y organizaciones aliadas apuntan que la desaparición es la antesala del feminicidio, sin embargo, las autoridades no actuaron tomando esto en cuenta y cometieron omisiones graves, como retrasar la activación de protocolos de búsqueda, fragmentar la investigación y perder indicios clave.

Número de personas desaparecidas encontradas sin vida en México por entidad federativa, según el Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas. Elaboración: Samantha Páez
Ante esta situación Luz Estrada pidió que se ejecute el Protocolo homologado de búsqueda y el Protocolo Alba, para priorizar las primeras horas de actuación después de reportar a las mujeres desaparecidas y así tener mayores oportunidades de encontrarlas con vida.
También que analicen las metodologías de análisis de riesgo que se dictan a mujeres que denuncian violencia, ya que muchas veces se hacen evaluaciones erróneas y no se dictan las medidas efectivas para garantizar la seguridad de las mujeres.
Finalmente, la coordinadora del OCNF dijo que deben hacerse operativas las unidades de análisis de contexto, tanto de feminicidio como de desaparición, y que realmente las autoridades actúen de forma coordinada, porque “si no se coordinan, vemos que acaban matando a las mujeres y no desactivando un escenario de algún delito”.
* Este trabajo fue realizado bajo la coordinación y propuesta de la Comisión de Investigación de la Red Nacional de Periodistas (RNP).
** Foto de portada: Bordada de familiares de personas desaparecidas / Samantha Páez
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