Sobrinas, disculpen que he estado un poco ausente, pero el fin de año, las piñatas, el burrito sabanero y un descansito de autocuidado me tenían enfocada en otras cosas. Pero acá ando, regreso con todo y con la primera edición de 2025 en pleno mes de marzo y aprovechando subirme al tren, porque pues claro, solo en marzo al mundo le importa lo que las mujeres hacemos y lo que tenemos que decir. Por todos lados vemos que marzo es el mes de la mujer, pero las mujeres no queremos tener meses, queremos tener años, décadas, siglos de equidad y reconocimiento de nuestros derechos. Somos un grupo marginado y excluido, pero al invitarnos solo en el mes de la mujer nos siguen dejando en la marginalidad y en la exclusión.
Espero que esta opinión impopular no evite que me sigan invitando, porque la verdad y como se han dado cuenta, pues me encanta la polémica, pero también llevo muchas semanas pensando que las mujeres hemos logrado grandes cosas cuando nos atrevemos a tener conversaciones incómodas. Sí, es importante que los espacios culturales se interesen por convocar a las mujeres artistas y creadoras en el mes de marzo, pero la verdad es que a estas alturas llevo algunos años pensando que contribuiría más que se documentaran y que se preocupan por genuinamente entender cuáles son las implicaciones y los beneficios sociales, económicos y culturales de incluir a las mujeres de manera transversal en sus agendas y por ende contribuir a un reconocimiento de las desigualdades históricas que seguimos enfrentando, para disminuir la brecha de género que sigue siendo el elefante blanco de absolutamente todas las instituciones culturales, al menos en México.
Apoco no les parece interesante que en los espacios artísticos, en los museos, en las galerías, en los teatros, cines y salas de conciertos las personas gestoras y directoras de esos recintos apelan a su agenda de contactos empolvada y a preguntarle a dos que tres amigas a qué mujeres creadoras conocen y se apuran a invitarnos a exponer, a dar charlas y talleres sobre las mujeres en el arte o en el ámbito que participemos, pero el resto del año seguimos en el margen, en el olvido y sin poder mezclarnos con esos señores grandes genios y maestros (así con minúscula) de nuestras diferentes profesiones. Pasan los años y sí, es real que las mujeres hemos ganado espacios. Pero seguimos siendo la cuota, para que no digan que nos somos inclusivos, nos juntan a todas y nos ponen en una salita pequeña allá en el rincón y en un programa de 25 actividades, una mesita de mujeres para que hablen entre ellas porque pues nomás ellas se entienden, pero seguimos sin ser realmente integradas, porque pues no, no nos mezclamos.
Encima, todo el mundo nos busca en marzo para hablar de “la mujer” en el arte como esa cosa que nadie entiende, como ese algo que hay que obligarnos a incluir y pedirnos a todas que lo hagamos gratis, porque pues como sabemos estamos en tiempos de austeridad y nunca hay presupuesto para la cultura. Nos contactan con este dejo de aventar un papelito como si tuviéramos algo que se contagia, así de lejitos, sin tocarnos, porque pues no sea que se les vaya a pegar. Con un total y (la mera verdá, seamos honestas), ofensivo desconocimiento de la historia de los derechos de las mujeres que continúa relegando nuestra formación y las diversas especializaciones que muchas de nosotras hemos tomado como si fueran conocimientos de segunda categoría.
Nos invitan porque pues es marzo, difunden nuestros eventos con los obligados banners morados y rosas porque pues somos mujeres y hacen como que nos escuchan, como que se abren al diálogo, pero sin ninguna intención de verdaderamente comprender las reflexiones de alta política y filosofía que las mujeres hemos generado como conocimiento empírico desde hace cientos de años. Nos siguen invitando y nos miran de reojo, siguen pensando que lo nuestro es una ideología, que nomás somos intensas porque estamos solteras, divorciadas o porque somos lesbianas (como si fuera un insulto) o feminazis. Necesito detenerme aquí, para decirles abiertamente que su ignorancia y su misoginia es tan grande que desconocen que los estudios feministas y los estudios de la mujer han sido legitimados por la academia desde hace décadas. Las mujeres producimos ciencia a partir de la experiencia de formar parte de un sector oprimido de la sociedad. No somos una moda, no somos solo glitter y no somos ese algo que le invita solo un mes al año porque pues ni modo de quedar mal.
Pero, sobrinas, no me malentiendan, esta tía además de feminista, también se enuncia como decolonial, para nada legitimo únicamente los saberes de las instituciones occidentales, pero también es real que tanto los señores como las élites culturales son los que más toman en cuenta y, entonces, pues sí me parecía importante hacerles ver que no lo saben todo y también dejarles claro que nosotras no somos unas inventadas.
Y como ya sé que habrá quienes sigan pensando que lo mío nomás es exageración pongamos un poco de contexto. Con base en datos del INEGI, en México los hombres ganan en promedio 10 mil 204 pesos más que las mujeres. Tenemos datos insuficientes, pero al menos hasta 2016 (que igual es relevante el dato porque hay quienes piensan que la desigualdad se acabó hace 200 años), “en las exposiciones temporales del MUAC, el Chopo, el MUCA y El Eco, las obras de las mujeres artistas nunca alcanzaban el 40% del total de trabajos exhibidos. Al contrario, las piezas de los hombres sobrepasan siempre el 50% e incluso llegan a niveles de hasta el 72%”.
De igual forma, un informe reciente del Centro de Estudios Legislativos para la Igualdad de Género señaló que actualmente “se mantiene una discriminación y desventajas en la situación laboral de las mujeres que se dedican profesionalmente a las artes”. Y una importante y reciente investigación de la historiadora del arte, Karen Cordero sobre mujeres en las colecciones de arte en algunos museos mexicanos arrojó que “El recinto con mayor porcentaje en ese rubro es el MUAC, con 25 por ciento, a partir de un incremento que ha tenido en años recientes, mientras el museo de San Carlos, abocado al arte de los siglos XIV a principios del XX, es el de menor, con sólo 13 artistas de sexo femenino, que representan poco más de uno por ciento de su colección”, y sí, leyeron bien, UNO POR CIENTO.
Es tiempo de mujeres, repiten por todos lados, pero parece ser que cada año nomás dura del 1 al 31 de marzo. Lo peor de todo es que nosotras aunque no lo hablemos, aunque no sean reflexiones que compartirnos de manera pública, lo sabemos. Las mujeres que buscamos que nuestro arte sea también una forma de activismo, las que hacemos educación y las que tenemos proyectos feministas, lo sabemos. Es por eso que nos preparamos porque ya viene marzo. Intentamos negociar con una que otra institución y de maneras muy diplomáticas les hacemos saber que para producir arte solemos comer tres veces al día y pagar una renta del lugar donde vivimos.
En medio de la controversia, ¿sigo pensando que es importante que se gestionen y organicen espacios solo para mujeres? Sí, porque históricamente hemos sido menos y porque deliberadamente nos han querido borrar de la historia del arte. El verdadero reto implica crear nuevas estrategias para que la inclusión de las mujeres en los recintos culturales y espacios artísticos sea permanente y en todos los niveles del sector cultural especialmente en los de toma de decisiones. Y claro que tenemos que seguir ocupando y aprovechando estos espacios porque si no es ahora, ¿cuándo? Además, aceptamos, porque si no somos nosotras, en una de esas se atreven a invitar a un señor y es que todas hemos visto que ya han tenido la audacia de hacerlo.
Sobrinas, las invito a que dejemos de lado el síndrome de la impostora. Rumbo al 8M, honremos el legado de la lucha feminista y politicemos de manera colectiva que las mujeres artistas somos mujeres trabajadoras que además pertenecemos a un sector precarizado. Dejemos de lado esas inseguridades que el patriarcado nos ha enseñado muy bien, esa voz en nuestra cabeza que nos dice que no hablemos de dinero y que no merecemos cobrar. Necesitamos como gremio, pero también cómo mujeres creadoras, aprender a tener conversaciones difíciles sobre dinero y sobre negociar nuestros honorarios.
Alguna vez yo fui solo sobrina y tengo muchas tías que me enseñaron cómo hacerlo, que me aconsejaron, que me llevaron de la mano. En mi caso me atrevo a compartirles que en el 70% de las ocasiones que me han invitado con motivo del 8M nunca se habló de dinero por parte de la institución/persona convocante. Y también les digo que cuando yo puse el tema sobre la mesa en el 60% de los casos han accedido a cubrir mis honorarios. Esta batalla nos toca darla juntas, pregunten a sus amigas, a sus mentoras, a sus jefas. Si no saben cuánto cobrar eso no las hace menos. Antes yo tampoco sabía y hasta la fecha a veces recurro a las tías abuelas y a mis grupos de amigas para salir de mis dudas. Las instituciones y los recintos culturales necesitan entender que la “inclusión” de las mujeres en sus agendas debería también contribuir a disminuir la brecha salarial y necesita pagarnos por el trabajo que realizamos. Porque perdón, pero a mi nadie me avisó que además del trabajo de cuidados gratuito que ya realizamos en muchos ámbitos de la vida privada también me tocaba sostener a la industria cultural regalando mi trabajo.
Recordemos que el 8 de marzo surge como una lucha de mujeres trabajadoras, mujeres precarizadas que sufrían explotación laboral, que exigían aumento salarial y condiciones dignas de trabajo. Honremos nuestra genealogía, sigamos luchando por condiciones dignas para las trabajadoras de la cultura. Hablemos, compartamos y seamos generosas entre nosotras para que las que vienen tengan aún mejores condiciones de las que tenemos nosotras. Caminemos juntas para que mañana sean mujeres en puestos directivos y de toma de decisiones en el mundo de la cultura y que sean ellas las que nos inviten no solo en marzo, sino todo el año. Esta fecha existe gracias a mujeres que decidieron dar la batalla, recordemos que a ellos no les debemos nada y que este sistema de explotación no nos ha regalado nada.
EL PEPO